Guardería ABC: Una quemadura que no sana

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Por: Estela Garrido

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El 5 de junio de 2009, en el caluroso verano sonorense, se detonó un incendio en una nave industrial ubicada en la propiedad de José Mantiella Urquídez, pariente de Gildardo Francisco Urquídez Serrano, socio de la Guardería ABC.

El espacio albergaba tres bodegas en un mismo inmueble: una de papelería, una de placas de tránsito –ambas pertenecientes a la Secretaría de Finanzas del gobierno estatal– y la estancia infantil.

El fuego inició a las tres de la tarde, hora local, en el archivo de Finanzas de Sonora, ocasionado, según la declaración de los peritos, por el sobrecalentamiento en el aire acondicionado. Las llamas se propagaron rápidamente hacia el techo de la guardería, donde 176 niños se encontraban tomando la siesta.

A falta de salidas de emergencia, las brigadas de rescate tuvieron que derrumbar paredes y vecinos de la zona estrellaron sus camionetas para abrir boquetes para entrar a la guardería; el único acceso al inmueble quedó bloqueado por el fuego y la densa humareda.

Las trabajadoras de la guardería sólo pudieron sacar a algunos de los infantes antes de que el fuego invadiera el inmueble.

Aunque la Procuraduría General de Justicia del Estado señaló que la principal causa de fallecimiento de los menores fue por asfixia e intoxicación, las versiones de los rescatistas aseguran que el techo del edificio –fabricado con poliestireno recubierto con una lona tipo circo,  ambos materiales altamente inflamables– se desplomó.

Sin extintores, detectores de humo, alarmas contra incendio o las salidas de emergencia, el fuego devoró la guardería, carente de las mínimas condiciones de seguridad.

25 niñas y 24 niños murieron en la tragedia,  76 resultaron heridos, algunos con quemaduras de tercer grado en el ochenta por ciento del cuerpo.  Las edades de los pequeños oscilaban entre los seis meses y los cinco años.

 

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