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Alan Riding, otra forma de narrar la ocupación nazi en Francia

Escribir sobre la Segunda Guerra Mundial es un tema recurrente y el corresponsal inglés Alan Riding, autor de Vecinos distantes: un retrato de los mexicanos (1985), en entrevista con REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO, explicó sus motivos para escribir Y siguió la fiesta. La vida cultural en el París ocupado por los nazis (Crítica, 2012). “Siendo corresponsal en Latinoamérica, fui conociendo a mucha gente y vi que existía todo un griterío, un movimiento contestatario ideológico muy agitado por todos lados que era una voz relativamente independiente, no necesariamente de izquierda o derecha, y esa forma de expresión me gustó”.

Riding, quien nació en Brasil, es hijo de ingleses, es economista y abogado y ha sido corresponsal desde 1971 para medios como Reuters, el Financial Times, el New York Times y The Economist. Cubrió, generalmente, los movimientos de guerrillas en Latinoamérica, también ha sido corresponsal de cultura en Europa. Ha ganado premios como el Maria Moors Cabot por la Universidad de Columbia, el Latin American Studies Association en EEUU y en 2003 le fue otorgada la Orden del Águila Azteca en México, entre otras.

Después de sus corresponsalías, llegó a Francia y se percató “que después de la Guerra Fría se acallaron muchas cosas y después de 1990 se empezó a hablar del holocausto, de Vietnam, de quién hizo qué, cómo cuándo y cómo, de los países que era comunistas” y, entonces, surgió el caso de Francia. “Mi interés se centró en la vida cultural y la política, le debía un libro a mi editora y de ahí salió la idea, me tardé seis años en escribirlo porque estaba haciendo otras cosas”.

Lo que Riding se propuso fue recuperar la historia “pero hacerla relevante en cuanto recordar cuál fue el papel y responsabilidad del artista, el creador, escritor ante la sociedad porque creo que deben existir voces independientes que defiendan valores importantes y creo que en Francia existe eso”.

La investigación duró más de seis años, tiempo en el que recopiló información y entrevistó a mucha gente que fue, por definición, son “los más jóvenes y eso me ayudó mucho pero, por ejemplo, entrevisté discretamente Jorge Semprún que en esos tiempos tenía 16 años pero que ya se había metido en la resistencia que hicieron los extranjeros y me dio la visión de un joven de 16 años, muy vivo, que participó en la primera manifestación del 11 de noviembre del 40 y luego se escapó”.

Otra de las entrevistas que más resaltó fue la de artista Danielle Derriuex. “Ella no quería que lo hiciera, no quería hablar del pasado y la estuve chingue y chingue”. Cuando logró hablar con ella, Derriuex preguntó: “¿Usted qué quiere?”, a lo que Riding respondió: “‘Madame, bla, bla, bla’, un poco a la mexicana, ja, ja, ja, y luego me dijo: ‘Es usted simpático’ y me concedió la entrevista. Seguro me faltaron más pero ya habían muerto”.

Así, el libro recorre el ambiente cultural parisino. Esto, para los alemanes que llegaban de la guerra, “debió ser como llegar a Las Vegas, porque el ir a París era como un premio”. La entrada alemana, el junio 14 de 1940, no detuvo el ambiente cultural aunque los franceses estaban preparados: antes de ello vaciaron los museos y guardaron las obras de arte, salvo las estatuas, ya que los invasores “querían llevarse las colecciones judías, no saquearon los museos franceses, querían hacer un intercambio”.

Para Riding, la derrota fue tan grande y tan total, acompañada por la amputación de los países vecinos, que las opciones de la defensa francesa eran muy limitadas y entonces apareció Philippe Pétain, “un viejito héroe de la primera guerra, y les dice ‘yo los voy a cuidar’. Al inicio estuvo bien pero cuando en el 42 empezaron las deportaciones masivas y el Partido Comunista decidió combatir a los alemanes, entre otras, la gente empezó a enojarse”.

Aunque pareciera que no hubo oposición a la invasión, Riding explicó que algunos artistas del Museo del Hombre hicieron la primera resistencia no armada para que algunos militares escaparan o para filtrar información y era peligroso” pues a muchos los fusilaron en 1942. “Marcel Carné me dijo: ‘Yo era cobarde, me daba miedo’, es tan difícil juzgar, yo he estado en situaciones de guerra y he tenido miedo y saber cuándo sí y cuando no. Sobre todo piensas en lo que la gente puede o no hacer o si tiene un compromiso”.

Riding señaló que para muchos es fácil criticar a la gente que ha estado en esas situaciones pero “yo me atengo a lo dicho por John Maynard Keynes: Cuando los hechos cambian, mi opinión cambia también, y usted qué hace”. Una de sus teorías es que el publicista de Hitler,  Joseph Goebbels, pretendía que Francia dejara de ser el centro cultural europeo y así lo mostró su insistencia de que la música y otras actividades netamente alemanas fueran incluidas en los programas o actividades culturales de ese país y “no sé si lo logró (Goebbels) pero creo que Francia hoy en día no es un centro de creatividad porque luego surgió EEUU como centro cultural, aunque en el cine sí lo logró pero en literatura no, se metieron en la nueva novela, y se olvidaron de la narrativa”.

Algunos personajes que le hubiera gustado conocer por su “resistencia cultural e intelectual fue Jean Paulhan porque fue director entre el 25 y el 40 de la Nouvelle Revue Française”, y lo interesante es que en la revista literaria, en algún momento, los alemanes metieron a Drieu La Rochelle pero el dueño y editor era Gaston Gallimard, “así que uno pertenecía a la resistencia y otro era un fascista”.

Una breve miranda a Vecinos distantes

Riding, un poco harto o agobiado de la misma pregunta acerca de cómo ha sido la relación de su país con México, y que ha respondido desde hace más de 25 años de la publicación del libro, responde: “lamentablemente como que no hay conciencia de lo que es México en EEUU, no puede haber una campaña en EU y que no se hable de México, del narco, sin duda la culpa es de los dos (países) pero eso habla de la falta de conciencia en el tema”. Resaltó que Obama no “tiene la capacidad de promover grandes cambios, salvo que los jóvenes latinos sigan estudiando en EEUU pero la importancia de lo económico es lo esencial. Pero no hay un cambio desde arriba. Yo me cansé de decir que algo debía cambiar en esa relación de EEUU y México… desde el 78 vengo diciendo: ahora sí, ahora sí y no pasa nada”.

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