“¿Che, por qué nos encarcelan? ¿Qué no ven que somos argentinas, che?

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Autor: Silvia Lee

 “El derecho del más fuerte es la violación de la esencia misma del derecho. El poder (Roma) es enemigo de la moral y de la libertad (Numancia) y se opone a la gloria (cristianismo) que es la recompensa de los mártires y no el salario de los verdugos”. José Emilio Pacheco

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Daniela Sánchez, Fernanda Preciado y Guadalupe Castillo (madre de Fernanda Preciado) fueron liberadas el lunes 3 de diciembre del Ministerio Público 50 a las 7 de la mañana, sin que ninguna autoridad hubiera informado a sus abogados o familiares. Recibieron amenazas dentro del Ministerio, pero han decidido dar su testimonio. Esperando a que esto ayude a sus compañeros que fueron llevados a los reclusorios ese mismo día, sin una sentencia y sin haber dado parte a sus abogados o familiares.

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Los alumnos de Teatro se habían quedado de ver en el metro Merced para alistar los últimos detalles de los performances que habían preparado para el sábado 1° de diciembre. Todo el grupo había mandado a hacer playeras, en las que se podía leer: “Yo no tengo presidente”.

El grupo no era grande, pero estaba lleno de pasión. Habían hecho sus propias consignas, ya hartos de los tan trillados: “Alerta, alerta, alerta el que camina…”. Había una mamá en el grupo, la señora Guadalupe Castillo, que decidió acompañarlos y participar en la manifestación. Los alumnos modificaban trabalenguas que habían hecho en clases y los adaptaban a la indignación del 1° de diciembre:

–        Un ruin relato retorcidamente redactado replica rebatiendo rotundamente el retorno del PRI, ratificando la “reforma revolucionaria” de su rutilante ruta fascista.

Durante el trayecto, se encuentran con un grupo de #YoSoy132 Monterrey, y le muestran su apoyo gritando: “Bienvenidos Nuevo León, hasta allá la indignación”.  El contingente regio no sabía cómo moverse por la ciudad, y quería llegar al Zócalo, por lo que el grupo de teatro le hace la invitación de sumar fuerzas y formar un solo contingente.

–        ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Porque ya estamos hartos! ¡Por eso! ¡Por eso! ¡Por eso hacemos teatro!

Al no ser un contingente numeroso, prefieren manifestarse por la banqueta para no irrumpir el tráfico. La gente que pasa por ahí, los voltea a ver y les echa porras por sus consignas frescas y novedosas.  Al llegar a la calle 20 de Noviembre, los policías que ya habían llegado al Centro Histórico, los comienzan a seguir. Primero, empiezan a caminar más rápido, luego a correr. Pero, alguien grita: “¡No, ya no corran, no estamos haciendo nada!

Llegan a la calle Filomeno Mata, donde todo estaba tranquilo, había gente comiendo afuera de los restaurantes, ajenos de todo el barullo y destrucción de la calle Juárez. Daniela, del grupo de teatro, quería ir al baño y andaba viendo en cuál de los restaurantes la dejarían pasar. Ya todos estaban calmados, los policías pasaban a su lado, pero ellos ya no estaban nerviosos. Solo pasaban a su lado. Pero, antes de que se dieran cuenta, los habían rodeado y ya no los dejaron salir.

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Los tienen encerrados, sin ninguna posibilidad de escapatoria. A Valentina, una de las chicas de teatro, un policía la arrodilló agarrándola de la cabeza: “¡Tu siéntate cabrona! ¡Arrodíllate, puta.

“Valentina les dijo que no la golpearan, que era mujer. Pero el policía le dijo: Te callas puta, tengo luz verde y puedo hacer lo que quiera”, cuenta Fernanda, todavía indignada por el trato que los policías le dieron.

Alguien dentro del círculo de los futuros detenidos les dijo que no se arrodillara, que no habían hecho nada, no tenían por qué estar así. Ninguno de ellos, creía que los fueran a detener. Guadalupe dice: “Fuimos muy ingenuos. Fuimos muy ciudadanos. Creímos que solo nos querían tener ahí para prevenir que hiciéramos algo”.

Las tres testigos, relatan que los policías traían un martillo, ellas piensan que los policías querían sembrárselos. Uno de ellos les dijo: “Ahora sí, hijos de la chingada, aviéntenos piedras y botellas”.

A lo que varios de los chicos contestaron: “¡Saquen las armas! ¡Estas son nuestras armas!”. Y en seguida sacaron de las mochilas libros como: Poemas sueltos de Sabines, Filosofía para socialistas de Maurice Cornforth, Las Troyanas de Urípides y El cerco de Numancia o Poema a la libertad de Miguel de Cervantes.

Todo esto, es relatado por las tres mujeres con valentía. Ninguna de ellas ha agachado la cabeza durante la entrevista. Son mujeres fuertes que han decidido dar la cara y no esconderse de lo que no hicieron.

 “Pero aun así, seguíamos teniendo miedo. Llorábamos y recitábamos un poema, llorábamos y decíamos un trabalenguas y volvíamos a llorar. Aparte yo quería ir al baño y todos me decían que me hacían bolita para que hiciera pipí, pero yo les decía que no, que si me hacía ahí me iban a levantar otro cargo” dice Daniela.

Los estudiantes de teatro, Guadalupe, mamá de Fernanda y algunos de los chicos de Monterrey que estaban en la bolita resguardada por los policías, estaban muy nerviosos. Cuenta Fernanda que decidieron ponerse a recitar trabalenguas, poemas y hacer sus performances para tranquilizarse.

Alguno de los que estaban en la bolita, comenzó a cantar el Himno Nacional, todos se unieron, hasta la gente que estaba atrás de los policías grabando y exigiendo que los liberaran. Un policía les dijo: “cállense, no saben ni qué es eso”. A lo que Fernanda le contesto: “Sí sabemos, y por eso te lo voy a cantar completito”.

Después de cantar el himno, se pusieron a recitar poemas como “No te rindas” de Mario Benedetti. “¡Ignorante no había adentro!”, exclama Guadalupe en medio de risas.

Valentina quería dejar de estar aburrida, y empieza a improvisar, algo que le sale muy bien, relatan sus compañeras. Empezó a hacer los performances que habían preparado en su escuela como parte de sus proyectos finales: Los enamorados, Mamá ejemplar, El día de muertos y La caja Mágica. Con ayuda de la improvisación, modificaron alguno de sus sketches para lograr algo así:

-¿Quién es la mamá de este niño que no sabe leer?

-Soy yo, la Gaviota.

-Dígame, por qué este niño no sabe leer.

-Ay, pues porque es hijo de Peña Nieto, no tiene por qué saber leer.

Hasta los policías se reían de sus ocurrencias, lo que hizo que lo que pasó a continuación les pareciera fuera de lugar. Había pasado ya una hora y media desde que habían sido cercados. En eso, llegó un camión y ellos se tranquilizaron pensando que ya venían por los policías y se marcharían. Cuál fue su sorpresa, cuando a base de empujones los comienzan a subir al camión.

“Todos estaban alterando, estaban llorando, marcándoles a sus papás por celular. Los chavos dejaban que las chavas se sentaran y ellos iban parados. Les preguntábamos a los policías que a dónde nos llevaban, pero nadie nos contestaba. Paloma, decía que cuando le preguntarán que por qué estaba ahí detenida, ella iba a contestar: porque no corrí”, recuerda Fernanda.

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 Daniela seguía queriendo ir al baño, y cuando llegan al Ministerio Público 50, una policía la lleva adentro para que pueda ir. “Cuando me bajé del camión, había muchas cámaras y pues las saludé, para que me vieran que estaban ahí. Y traía mi playera que decía que yo no tenía presidente y todo.  Pero después que mi mamá me marcó, me dijo que en la tele estaban diciendo que ¡yo era la líder del grupo! porque había bajado primero del camión y con una policía sujetándome. ¡Pero eso fue porque yo iba al baño. Solo quería ir al baño!” cuenta Daniela, dejando claro que estudia teatro, ya que los comensales de las mesas vecinas voltean a verla porque ha subido mucho el tono de su voz, impregnándola de una fresca indignación.

Cuando entran al Ministerio, los policías ven sus playeras y comienzan  a burlarse: Y qué, ¿pero sí tienes Bacardí? Uno de los policías  dijo: “Pues aquí no tienen ni papás, ni hermanos, porque van a venir por ti la próxima semana”. “Pero claro que si tenían mamá, ahí estaba yo” dice Guadalupe.

“Empezamos a hacer acento argentino y decir: ¿Che, por qué nos encarcelan? ¿Qué no ven que somos argentinas, che? ¡No hicimos nada! Algunos policías solo se reían” cuenta Daniela imitando a la perfección el acento.

Los detenidos son llevados a un sótano de paredes amarillas, bajando unas escaleras metálicas en forma de caracol. Al poco tiempo les son entregadas unas hojas, donde venían escritos sus derechos y un desplegado de los artículos 20 y 22. Guadalupe les dice que quieren que les expliquen  qué significan esas hojas, pero solo les dicen que lo firmen que ya lo recibieron.

Todos los que estaban ahí firmaron: “Firmo bajo protesta porque no sé de que me acusan”.

Después de eso, subieron para esperar por más de una hora a la médica legista a que llegara. Ninguna de ella quiso ser examinada porque no traían golpes visibles. “Esos policías sí que saben pegar, porque no nos salieron moretones ni nada” dice Fernanda.

Son llevadas las galeras y separadas en grupos. Había tres galeras de cada lado. En total, 6 grupos. Dicen que a lado de las galeras, había un cuarto donde tenían metida a muchos hombres, pero ellas no podían verlos. Al poco tiempo les trajeron de comer: un boing sin popote, un sándwich, una palanqueta y una mandarina.

Cuando preguntaron por qué les daban boing sin popote, la respuesta fue: “Se deprimen por estar aquí y luego intentan suicidarse”.

Fernanda cuenta que Daniela sufrió mucho esos días por la comida: “Daniela es vegetariana, entonces cómo la sufrió. Pero, nos hicimos amigas en las galeras. Entre cada galera había unas rejas y hablábamos por ahí con las chicas de las galeras de a lado. Al día siguiente, todas le pasaban sus frutas a Daniela. Les pedían a los policías que se las pasaran”.

Si querían ir al baño, tenían dos opciones: gritar y esperar a que una policía las llevara, lo cuál no sucedió muy seguido, o hacer en las letrinas que cada galera tenía. “Una chica quería hacer del dos, pero ninguna policía la llevó y le daba pena hacer en la letrina enfrente de todas. Entonces, cuando todas estábamos dormidas, hizo del baño. Pero, se había aguantado tanto que se enfermó del estómago y cuando nosotras nos despertamos, todo olía mal. Estuvimos comiendo entre popó todo el tiempo” dice Fernanda.

“Sí, al día siguiente les dijimos que teníamos sed, porque solo nos daban boing.  Cuando denunciamos que no nos daban agua, les dijimos que por qué no nos traían un garrafón con conitos o bolsitas con agua. Y nos dicen: ah si, no te preocupes, estamos trabajando en eso, también en ponerles Internet” dice Daniela.

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Había una chica en las galeras, que tenía la carrera de derecho trunca y les dio muchos consejos. Como el de no declarar nada, a menos que tuvieran un abogado presente, que sí lo hacían se las iban a voltear. Tenían que decir: me reservo el derecho de declarar.

Las empezaron a sacar de una en una y las llevaron con una mujer que estaba en un escritorio. Guadalupe cuenta que la mujer le dijo: “Quiero hacerle una invitación a que me cuente, ¿qué fue lo que pasó?

A lo que Guadalupe le contestó: “No aceptó su invitación”.

“Se reserva su derecho de declarar”.

“¿No que no era una declaración”

“Ya vengan por ella”.

Ese día de las detenciones, 1 de diciembre,  el papá de Fernanda y esposo de Guadalupe entró a las 5 de la tarde a iniciar los trámites para verlas y salió hasta la 1 de la mañana. Solo pudo hablar con ellas unos minutos.

El esposo de Guadalupe le había llevado un suéter, pero cuando el policía lo vio, le dijo que no podía dárselo, que primero tenía que pasar por Seguridad Social y después Derechos Humanos. Las tres mujeres afirman que ninguna de las prendas de ropa, galletas o cualquier cosa que sus familiares y amigos les mandaron les fueron entregados. “¡Es que ya se acerca navidad!”, bromea una de ellas.

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El domingo por la noche, fueron llamadas a declarar, ya con sus respectivos abogados presentes. La primera en hacerlo fue Daniela. Dice que no la dejaron hablar con su abogado en privado, porque le decían que podía escaparse. “Yo le contestaba a la señorita que estaba tomando mi declaración muy seca, no le sonreía y me dijo: si sigues con esa actitud te voy a sacar de aquí”.

Daniela estuvo declarando de las diez de la noche del domingo a las tres de la mañana del lunes.  Cuando regresó a las galeras, Fernanda y Guadalupe habían subido a dar su declaración. Apenas había llegado de nuevo a las galeras, cuando los policías comienzan a decirles que se cambien de galeras, que el orden iba a ser por edades ahora.

A las cinco de la mañana, Fernanda y Guadalupe regresaron de dar su declaración y empezaron a escuchar mucho ruido en el cuarto de los hombres. Puertas que se abrían y se cerraban, gritos de los policías: “¡Órale , cabrón, pásate para acá!” Y muchos llantos.

Dos horas después, comienzan a llamarles por sus nombres y las sacan para que se pongan en una fila. Se dan cuenta que varias de las chicas de las galeras ya no están y ahora hay unos chicos que les dicen que se habían llevado a todos los demás, menos a ellos.

“Cuando vienen los policías les preguntamos que dónde están las demás mujeres, nos dicen que se las habían llevado a la Subprocuraduría de la mujer. ¡Eso ni existe!” dice Guadalupe.

Hacen que todos firmen un papel, sin decirles de qué se trata. “Yo les pregunté que de qué era el papel, pero me dijeron: ya quieres salir, ¿no? Entonces me asusté y firmé” recuerda Fernanda.

“Están libre de todo cargo, porque no encontramos pruebas, por ahora, pero pórténse bien. Cuidado de andar en marchas y manifestaciones, estarán vigiladas, esto no se ha acabado Los expedientes siguen abiertos y podemos aprehenderlas de nuevo” fue la despedida que los policías le dieron.

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Guadalupe Coutiño fue una de sus compañeras en la galera. Cuando la recuerdan, los rostros de las tres mujeres se nublan, se ponen algo nerviosas por un instante, pero vuelven a recobrar fuerzas. Están dando su testimonio por los que se fueron a los reclusorios.

“Guadalupe cumplía años ese lunes, habíamos quedado que cuando saliéramos iríamos a celebrar”.

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Durante los días que estuvieron encerradas en el Ministerio Público 50, decidieron que cuando volvieran  ir a marchas, harían consignas creativas y novedosas. Se “robaron” una pluma de los de Derechos Humanos y en la pierna de Guadalupe Coutiño escribían las cancones que debían aprenderse para ir a marchar.

También adaptaron algunas, como la de Pin Pon:

Ya vamos de salida del bunker de Miguel

En donde nos tenía el alumno de Elba Esther

Quieren acusarnos, culparnos por el show

Que el pueblo encabronado por respuesta les dio

Los tiras se acercaron

Con un fuerte apretón

Y solo escuchábamos pin pon pin pon pin pon

Aush, aush, aush

“Nos la habíamos aprendido para cantarla cuando saliéramos. Pero no lo hicimos, porque no salimos todas”.

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“Te hacían perder la noción del tiempo con sus luces blancas. Yo cuando salí, creí que era martes. Te levantan a la hora que se les hincha, o te pegan bien fuerte en la puerta, sólo para decirte: ¿estás bien?

Ni siquiera le avisaron a nuestros abogados o familiares que íbamos a salir”.

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“Nos tomaron fotos con Iphones, de esas donde te ponen un número y te pones de frente y perfil. Como si fuéramos criminales. A Valentina la hicieron tomarse las fotos con una hoja que decía su apodo: “La Valentiona”.

Yo no traía mi medicina para mis labios y se me estaban rompiendo. Pero de todas maneras, sonreí en las fotos.

Nunca me  van a quitar mi felicidad, aunque esté aquí, pensé” Fernanda.

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Cada una de ellas, redactó una carta para sus compañeros que fueron llevados a los reclusorios:

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“Yo sé que la están pasando mal, pero deben ser fuertes, que sepan que estamos trabajando por su causa. Estamos recopilando videos y estamos dando la cara por TODOS los que están adentro. Porque sabemos que sabemos que son inocentes. Van a salir de ahí, no permitiremos sus abusos y arbitrariedades. Si tocan a uno, nos tocan a todos. Vamos a estar ahí” Fernanda Preciado

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“Espero que toda esta difusión sirva para que el pueblo reaccione y se den cuenta de las injusticias. Lamentablemente tuvo que ser a costa de inocentes. No consigo estar completamente tranquila a pesar de que estar aquí afuera, porque entiendo el terror que están viviendo. Estoy dispuesta a seguir dando testimonios para comprobar su inocencia. Paz y Amor”. Daniela Sánchez

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“La libertad no puede ni debe tener el precio de la seguridad de un déspota no ilustrado. Cada uno de los presos de conciencia debe ser la causa de todos. La libertad no es una concesión de nadie, es el derecho que todos tenemos para decir hasta que no estamos de acuerdo.

Cada hombre y mujer que están presos son una infamia para México. El 1° de diciembre se comenzó a contar una canción que lastimará los oídos de los gobiernos corruptos.

¡Libertad para todos!

Guadalupe Castillo

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