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“Cuba sin Fidel todavía no existe; muchas de las inercias que marcó ahí siguen”: Julio Patán

(14 de abril, 2018. Revolución TRESPUNTOCERO).- El triunfo en el 59 de la Revolución y el ascenso de Fidel Castro al poder cambiaron la vida de millones de cubanos, pero eso fue sólo el principio del complejo periplo de la isla durante el último medio siglo: un embargo cortesía de los Estados Unidos, la presencia patriarcal de la Unión Soviética, el Periodo Especial y una serie de acontecimientos políticos y sociales que culminaron en noviembre de 2016 con un giro definitivo de la Historia: la muerte de Fidel. Los ojos del mundo estaban puestos en Cuba, expectantes de su destino ya sin el liderazgo (o el yugo) de una de las figuras más emblemáticas —odiada por unos e idolatrada por otros— de nuestro siglo, explica el periodista Julio Patán.

En Cuba sin Fidel (Planeta, 2018), Julio Patán realiza un viaje de descubrimiento doble: por una parte, la crónica de cómo vivió esos primeros meses de orfandad una población que se abría paso, poco a poco o en tropel, hacia una modernidad que se conocía a medias y se entendía casi nada; por otra, el análisis crítico y sin maquillaje de una realidad que el filtro del sentimiento revolucionario no siempre permite apreciar en su verdadera dimensión.

Aunque, comenta a Revolución TRESPUNTOCERO que, “Cuba sin Fidel todavía no existe; muchas de las inercias que marcó ahí siguen. Su sello nefasto ahí está. El fracaso industrial que es Cuba, el fracaso económico que es Cuba, el fracaso educativo que es Cuba, el fracaso alimentario que es Cuba, el fracaso de salud que es Cuba, casi fue un invento de Fidel Castro.

“Cierto es que lo anterior se ha ido matizando. Raúl Castro cambió muchas cosas pero el peso terrible de las épocas fidelistas ahí sigue. Fidel ahí sigue. En sus últimos años nominalmente fuera del poder seguía influyendo a su manera”. 

Como ejemplo, Julio Patán recuerda que Castro se inició como columnista y en cierto sentido esos textos marcaron la agenda. “Porque regañaba cuando se habían pasado de reformistas sus conciudadanos o cuando Raúl Castro le levantaba la mano a Barack Obama. Él no terminaba de soltar el poder”.

¿Que hace un ser como Fidel Castro si no tiene el poder?, se pregunta Julio Patán, “él era el poder, su vida el ejercicio del poder”. Este tipo de actos se pueden trasladarlos a la Unión Soviética, a la China, a Corea del Norte hoy en día, incluso a Venezuela. 

“Una de las más grandes y tristes lecciones del siglo XX -yo lo llamaría el siglo de los totalitarismos- es que el sometimiento de la población es muy viable y nadie diseñó un mejor método de sometimiento poblacional que la Unión Soviética y sus herederos”.

El autor, recuerda que el  totalitarismo, ha sido descrito como el régimen en el que está controlado cada detalle de la vida desde lo íntimo (el modo en que te vistes) hasta lo más público (el doctor que te cura, el maestro que te educa, el deporte que practicas) es ese régimen donde el Estado lo abarca todo.

Así es como, indica, Fidel Castro aprendió a poner en práctica una sociedad totalitaria a partir de los soviéticos y sobretodo de los alemanes del Este. Hablar de Cuba también es hablar de la historia del espionaje en cierto sentido del control policiaco en el siglo XX, señala Julio Patán.

Quien además, esboza brevemente a los grandes maestros del espionaje, que señala fueron los soviéticos, “la KGB en sus diferentes denominaciones fue magistral, el espionaje se aplicó hasta al último ciudadano del país, el control de todo lo que se decían las aulas, en la prensa, en la vía pública, lo inventaron los soviéticos y se lo enseñaron y aprendieron todavía mejor los alemanes”.

La Alemania oriental -casi literalmente- patentó un método que versa que para tener un control completo sobre la población, el equivalente al 5% de ésta tiene que estar compuesta por elementos del orden policías, comenta Patán.

Ese método se lo enseñaron perfectamente a Fidel Castro; por lo que actualmente, indica, el G2 cubano es lo único que funciona perfectamente en la isla. El control sobre la población mediante una represión bestial es posible, confirma. “Eso se extiende a métodos de vigilancia de los mismos vecinos -el caso de los Comités de defensa de la revolución-, cárceles implacables de una tremenda crueldad y el control estricto en los medios de comunicación, así como el adoctrinamiento en las escuelas y el hecho mismo de que si protestas no comes”.

Y es que en ese tipo de regímenes no existe la posibilidad de conseguirte la comida, si no la da el Estado, reitera. “Dice mi admirado amigo Héctor Aguilar Camín, que la historia de la revolución cubana, es la historia de una victoria pírrica, es la historia de un hombre que fracasó en todo menos en conservar el poder, eso es básicamente la historia de todos los regímenes totalitarios de Izquierda del siglo XX”, puntualiza Julio Patán.

Hoy, ya sin Fidel la gente, en Cuba, todavía tiene miedo de hablar, afirma Julio Patán. Lo cual observó durante su viaje a aquella isla, pocos meses después del líder cubano. El autor incluso, considera que, todavía existe una cuota de simpatía auténtica por Fidel Castro. Todos los tiranos han dejado algunas simpatías sembradas, señala. Depende de cómo te haya ido y tus grados de miedo e inseguridad, afirma.

Observó también, comenta, el desencanto de la población en Cuba; en el momento que hablan es enorme la aspiración de todos es largarse de ahí, que caiga y tienen aspiraciones normales como poder manejar un coche o tener acceso a aspirinas, cosas tan elementales sin embargo, sí sigue habiendo cierto apoyo fidedigno por el líder cubano”.

Foto: Emma Martínez / Revolución 3.0

El escritor piensa que un cambio en Cuba dependerá de quién reemplace a Raúl Castro, señala que la isla no se movería hacia una democracia formal, como la democracia imperfecta pero democracia en la que vive México, eso no cree que suceda pronto.

“Tal vez Cuba vaya hacia modelo chino o vietnamita, una especie de mestizaje entre falsa democracia y abierta autocracia, con cuotas crecientes de libertad de mercado porque esta última libertad promueve las otras también.

“El escenario optimista es que el sucesor de Raúl sea reformista un poco en la línea que marcado el hermano de Fidel y en un caso trágico sería el regreso al pasado volteando Venezuela, es decir, volver al control de los medios de producción por parte del Estado, un escenario más trágico”.

En su viaje, a Julio Patán lo que mayormente le pesó fue la pobreza. “La población cubana hasta hace pocos años toda era empleada del Estado no existía la iniciativa privada, hoy en día pueden ser empleados de la IP y seguir ganando igual de mal porque la iniciativa privada paga el Estado y después éste al trabajador”.

El califica a la de Cuba, como una pobreza extendida; “me pueden cuestionar que en México hay una pobreza injustificable terrible y hay una desigualdad profunda, pero el caso de los cubanos es de una desesperanza profunda”.

Patán reitera que, cuando los alimentos quedan concentrados en manos del Estado, quien se mueve no come. “No es que no te puedas poner una camisa sino que simplemente no comes. Eso le da un gran poder al Estado, situación que equivale a la imagen de un tirano”.

Dentro de las páginas de Cuba sin Fidel, Julio Patán narra diversos momentos que marcaron a Cuba y al mandatario de la isla. Dentro de éstas llama la atención una versión que señala a Castro como quien mandó matar a Allende, ante esto el periodista contundentemente afirma que no cree en ello. “No se me ocurre una sola razón para que tratará de liquidar a Salvador Allende, por el contrario él era bastante proclive a sus posiciones, Chile tiene recursos naturales que a Cuba le podían venir bien, le convenía es alianza”.

Pero indica que el mundo del espionaje y el asesinato en Cuba, como en tantos países con ese régimen es un misterio. Podría pasar cualquier cosa; “murió mucha gente durante el gobierno castrista y de maneras atroces, hubo tortura y represión. Pero no le veo sentido común a la sospecha del homicidio contra Allende”, afirma Patán.