El PRI ha usado la retórica y la represión policíaca y cada vez más la represión militar; Meade la figura estelar del priismo se proclama “no priista”: Manuel Cuéllar

(14 de abril, 2018. Revolución TRESPUNTOCERO).- Decir que alguien es el viejo PRI se ha convertido de mayor insulto por antonomasia. Pero no nos preocupamos por indagar cómo era ese ‘viejo PRI’, antes había un discurso muy bien armado que se basaba en la Revolución Mexicana, pero ahora no hay una brújula. 

Ahora pareciera que hay un vaciamiento de sentido; tenemos a la figura estelar del PRI (José Antonio Meade) que se proclama ‘no priista’, el propio PRI ahora es el principal interesado en deslindarse de este viejo PRI”, explica a Revolución TRESPUNTOCERO, José Manuel Cuéllar, autor de La Revolución inconclusa: La filosofía de Emilio Uranga, artífice oculto del PRI (Ariel, 2018).

El también filosofo observa que existe una gran parte de la población que no se ha preocupado por averiguar qué es el ‘viejo PRI’, lo que el explora en su libro, volviendo a los años 60, cuando poco a poco el discurso de la Revolución Mexicana se diluía en medio de grandes protestas sociales y las nuevas generaciones que no conocieron dicho hecho histórico. 

En México incluso a los filósofos se les olvida que existe una larga tradición de la filosofía de lo mexicano. “Vivimos en una especie de crisis de identidad en parte por el discurso anti mexicano de Donald Trump. No estamos solos, hubo pensadores que se dedicaron durante el siglo XX a defender y pensar nuestra mexicanidad, de cara al segregacionismo y la voracidad de Estados Unidos y uno de los grandes pensadores era Samuel Ramos que en 1934 saca su tesis que los mexicanos tienen un complejo de inferioridad, lo que no significa que lo sean”, explica Cuéllar. 

Foto: Emma Martínez / Revolución 3.0

Lo cual debe cambiar para que a partir de ahí, señala, se logre construir un propio proyecto de nación, no depender de importar lo extranjero. A pesar que la tesis es de los treintas, sigue bastante vigente, al seguir sintiéndose el mexicano inferir pese a no serlo, “estamos renegando de lo que somos y continuamente poniendo nuestros ojos y aspiraciones en modelos inalcanzables”.

Para Cuéllar, es necesario volver a la filosofía de lo mexicano, que también tuvo como exponente a Emilio Uranga, “un personaje olvidado pero no es casualidad, porque es un personaje oculto por ser incómodo, estudiarlo es atreverse a profanar los sótanos de la política mexicana, porque estamos ante uno de los genios malignos del PRI”.

Señala que dicho personaje, en los momentos estelares del presidencialismo mexicano fue muy cercano a gobernantes como Días Ordaz, Luis Echeverría y López Portillo.

Para el autor, 1960 es una de los años más importantes del país, el cual ayuda a entender un poco lo que vivimos actualmente. Indica que, la Revolución cumplió en aquel momento 100 años, pero no fue un festejo, fue una atmósfera muy deprimente porque en el país había huelgas, en el 58 hubo más de 700 huelgas de ferrocarrileros, maestros, pilotos aviadores, estudiantes; todos tomaron las calles de la ciudad porque se dan cuenta que los canales de representación están atrofiados, que no hay partidos de oposición, que existe la afiliación colectiva al PRI, que los líderes son líderes charros, que los líderes populares están cooptados por el gobierno, indica.

Continúa recordando que en el 59, el triunfo de la revolución cubana cimbró el discurso legitimador que da la Revolución Mexicana, “porque ya tienes en la isla una revolución que actúa que sí se estaba oponiendo a Estados Unidos porque no solamente hace discursos y en el fondo no hace nada. Cuando nosotros escuchamos Revolución Mexicana no nos dicen nada, es una curiosidad histórica, son los corridos, las adelitas, a es algo a lo que dedicamos desfiles, pero ya no tiene ese poder legitimador que tenía antes antes cuando era el eje que vertebral al gobierno”.

En los años sesentas cuando el gobierno priista padre una grieta enorme que recorre la estructura piramidal del partido de arriba abajo, explica Cuéllar. Por lo que el PRI se dedicó en los siguientes años a cubrirla pero ya no fue posible. En aquel momento, también comenta, el partido en el poder solamente tenía dos maneras de dirimir los conflictos: la retórica con discursos que repetía hasta el cansancio y la represión policíaca y cada vez más la represión militar. Por lo tanto el crimen de disolución social, en ese momento por protestar te mandaban a Lecumberri y por eso líderes sociales del 68 fueron enviados ahí, de esa grieta jamás se va recuperar el PRI, afirma.

El autor recuerda el pronunciamiento de López Mateos al decir que “su gobierno era de extrema izquierda dentro de la Constitución”, lo cual provocó descontento en todos los sectores de la población, puntualmente a la la nueva izquierda que ya tenía como referencia la revolución cubana.

Fue entonces cuando apareció en escena, Emilio Uranga el gran filósofo de principios de los 50, conocido como el genio de la filosofía y llenó de contenido aquellas palabras presidenciales y las elevó a Doctrina Guaymas. Afirmando que, “en México la verdadera izquierda solamente puede darse dentro del PRI; la revolución mexicana quedó plasmada una constitución de 1917. La revolución devino Constitución y ésta a su vez en gobierno, de modo que la Revolución y el gobierno prosperarán o perecerán juntos”.

México necesitaba otra revolución, porque la anterior ya se había bajado del caballo y ahora vestía corbata, indica, había sido sofocada por la corrupción. En su momento a la Revolución Mexicana, Uranga la comparó con la sinfonía inconclusa de Franz Schubert, decía que había quedado trunca y que nosotros tenemos que imaginar cómo hubiese terminado. 

“Uranga decía que la revolución mexicana se debía de retomar y apegarse a la Constitución porque como eran izquierda decía ya no se necesitaba otro tipo de gobierno más que el del PRI”.

Actualmente Cuéllar considera que a los mexicanos les hace falta mucho cinismo como ciudadanos, “quizás pecamos de correctos, indiferentes y apáticos. Como consecuencia somos unos desmemoriados, no conocemos nuestra historia, no podemos constituirnos en entidades históricas, no podemos heredar un proyecto de nación”.

Señala que es preciso preocuparse por averiguar qué y quiénes son el viejo PRI, por lo que su libro se ocupa de mostrar a ese partido durante los sesentas y la manera en que se  construían los discursos.

“Ahora tienes a toda una generación millennials que ya votar y que es un voto primerizo, que ya no conoce al viejo PRI, ya no se vivió en el 2012 el regreso del PRI si no la llegada del PRI al poder. Esta generación cobra conciencia y madurez en el siglo XXI, son quienes en buena medida van a decidir las elecciones, por eso se debe de repensar la actualidad y darle su dimensión histórica, porque a veces perdemos el suelo de l historia y nos quedamos con la discusión vertiginosa de Twitter y Facebook”, puntualiza el filósofo y concluye que hoy el PRI carece de un discurso que interpele a los millennials, escépticos y recelosos.

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