El viaje de retorno a la presidencia

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Por: Enrique Legorreta

@enriquelego3_0

El 30 de Marzo del 2012, en punto de las 00:00 horas, dieron inicio las campañas rumbo a la elección presidencial. El candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, comenzó este proceso en Jalisco, en compañía de su familia y de la militancia priista del estado.

 Los alrededores de la plaza principal en Guadalajara estaban cercados y había un imponente operativo de seguridad. El hecho marcó la forma en que se llevarían a cabo los eventos masivos del candidato. En su discurso, Peña destacó que su gobierno sería de compromisos firmados, como en su anterior campaña y gobierno en el Estado de México. Al marcharse, en medio de gritos, empujones y forcejeos, EPN saludó a los participantes del mitin, hecho que marcaría lo que se vería después; Guadalajara es la punta de lanza de su campaña, tierra panista que pretendía abordar de manera fortuita y clara.

 De frontera a frontera la campaña de Peña marchaba con contratiempos. En Chiapas, segundo estado en su gira, se reunió con indígenas de San Juan Chamula. Los asistentes a su mitin no sabían qué hacer, ya que la organización tenía cerradas las principales rutas para poder llegar al lugar y la manera en que se informaba quién podía entrar y quién no, era precisa: la organización volvía a ser partícipe de la confusión.

 La siguiente ruta era al norte del país, Ciudad Juárez, Chihuahua, fue el destino que marcó el primer momento de tensión para los encargados de campaña, ya que al ser una región con altos índices de violencia, el operativo de seguridad parecía más de un jefe de Estado, que de un candidato presidencial en campaña.

 Aquí, el candidato, con una mirada vigilante y sin saber qué hacer, escuchó los reclamos de la gente que pedía “que no fuera uno más del montón, que promete y no cumple”. Peña Nieto firmó compromisos ante la sociedad juarense.

 Los primeros días fueron de duro trabajo cuando una declaración del ex candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, desencadenó un cambio en la estrategia para la contienda: el entonces perredista acusó al ahora presidente electo de rebasar los límites en gastos de campaña, derivado de la renta de jets y helicópteros para trasladarse por toda la República Mexicana. Este hecho provocó que muchos spots se quedaran ‘en la congeladora’, mismos que ayudarían a defenderse de la ‘guerra sucia’ que se había iniciado en su contra.

 Así llegó el primer debate organizado por el Instituto Federal Electoral (IFE). Durante las dos horas que duró el evento, los demás candidatos se centraron en señalar las fallas que el mexiquense tuvo durante su gestión en el Estado de México, recalcando el amiguismo que empleó para hacer que otros personajes de la política se hicieran de arcas de dinero, y el llamado ‘Caso Paulette’.

 Quince días después del debate, Enrique Peña Nieto asistió al foro “El Buen ciudadano” en las instalaciones de la Universidad Iberoamericana, invitación que “por falta de tiempo” el candidato priista había rechazado anteriormente.

 A su llegada, EPN fue recibido con reclamos y consignas por parte de los alumnos: “¡Asesino!”, “¡Fuera Peña!”, se escuchaba por los pasillos de la universidad.

Durante su participación en el foro, el candidato, entre preguntas, respuestas y propuestas, intervino 40 minutos.

 EPN se notaba molesto. Los jóvenes le reprochaban ser parte de la familia política que corrompía y hacía daño al país; otros le recriminaban la forma autoritaria en que llevó a cabo el caso Atenco.

Sin dar respuestas creíbles ni concretas, los jóvenes se abalanzaron sobre el candidato, por lo que su cuerpo de seguridad decidió llevarlo a la parte de atrás para abandonar el lugar, pero, durante este trayecto, una multitud de estudiantes, de nuevo, gritaba “¡Asesino!”.

Tras el hecho, el presidente nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, desestimó los reclamos señalando que eran comprados y no de estudiantes. Esta declaración propició que se creara el movimiento social denominado #YoSoy132, que, en su momento, exigió la no imposición de EPN y continúa exigiendo la democratización de los medios.

Esto obligó a idear una nueva estrategia de campaña. A partir de entonces, EPN pasó la mayor parte de su tiempo defendiéndose de las constantes acusaciones que se le imputaban.

#YoSoy132 comenzó a llevar a cabo mítines y marchas contra la imposición del ex candidato priista y contra aquellos medios de comunicación que no son considerados como “veraces”, principalmente Televisa.

Los días de campaña avanzaron, los reclamos por el exceso de gastos ya había rebasado los límites. A partir del segundo debate, Peña comenzó a responder a todos estos reclamos, en concreto a los que, el ex candidato más cercano en votos, Andrés Manuel López Obrador le hacía.

Días antes al cierre de campaña, Enrique enfrentó más problemas: el avión que lo transportaba  sufrió una avería y no le permitió llegar al estado de Veracruz, donde militantes de su partido lo esperaban y exigían la presencia del candidato. Al acercarse el 1 de julio, los cierres de campaña terminaron opacados por el movimiento #YoSoy132.

El día de la votación, EPN lo hizo en su natal Atlacomulco, en el estado de México. Con un enorme despliegue de seguridad, como sí fuera el mismo presidente quien estuviera ahí, fue como emitió su voto y dio una breve conferencia de prensa, para después trasladarse a su casa donde estaría un rato antes de trasladarse a la Ciudad de México a la sede nacional de su partido. Ahí, el ambiente era de seriedad. Ningún festejo se tenía en cuenta como tradicionalmente llevaba a cabo el PRI. Las horas transcurrían y los ánimos de los priistas eran más de derrota que de triunfo.

En punto de las 11 de la noche, Leonardo Valdés Zurita, consejero presidente del IFE, dio a conocer los resultados que daban como ganador a Enrique Peña Nieto, provocando una reacción de euforia dentro del partido. Peña dio un mensaje de agradecimiento mientras la gente esperaba algún tipo de celebración que nunca llegó: sólo hubo una ceremonia desangelada que a nadie convencía y que ponía en duda el triunfo de EPN.

Así fue como transcurrieron los días de campaña de Enrique Peña Nieto, en un ámbito de excesiva confianza y de dispositivos de seguridad exagerados que truncaron la posibilidad de de la participación de la juventud que exigía no se impusiera a un candidato que no representa a nadie de los jóvenes.

Los señalamientos de los demás actores políticos que, durante y después de la campaña, resaltaron que Peña había excedido los gastos de campaña y que compró los votos para ganar la presidencia de la República hicieron que la elección del 2012 pasara a la historia como una de las más turbias de la historia de México.

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