Feliz Noche buena; entre el barrio, el pavo y el pozole

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Záyin Dáleth Villavicencio

 

La víspera de Navidad es casi para todos los casos un escenario de alegría; familias enteras o compradores solitarios idean, buscan y adquieren los regalos que habrán de rodear el árbol de navidad la noche del 24 de diciembre. Aunque los obsequios puedan provenir de alguna renombrada tienda departamental o bien del comercio informal, como sucede en cuatro de cada diez casos en México.

Como sea, entre más cercana sea la fecha, los pasillos de las tiendas y supermercados en algunos casos y la afluencia a los tianguis y locales informales en otros, adquieren más el aspecto de romerías. Ropa, zapatos, accesorios, juguetes y teléfonos celulares son los más promocionados y los más comprados para los regalos navideños.

Mientras que las amas de casa también se preocupan con antelación por la cena de Nochebuena. “Todo sea por estar un día al año con toda la familia, no es que me queje de tener siempre que cocinar aunque bueno fuera que me ayudaras y que tus hermanos no se pusieran tan borrachos y terminaran mal todos los años”, se quejaba con su esposo una marchante.

En su vaivén, los carritos del supermercado exhiben los pavos, las piernas de cerdo, algunos vinos e ingredientes de la cena navideña. No obstante, en el mismo sitio el anuncio de las opulentas cenas, se contrasta con la promoción de aparatos de gimnasio y videos de Zumba y otras técnicas para quemar rápidamente calorías y así ayudar a cumplir uno de los propósitos más citados de año nuevo; bajar de peso.

En el Centro comercial, una pareja mayor seguían al pie de la letra una lista debidamente organizada que incluía los pendientes a comprar: los regalos para dos nietos y uno que viene en camino, así como para sus cuatro hijos y dos nueras, los ingredientes de la cena, las envolturas de los obsequios y algunas cosas para el viaje.

Todo tenía un tope de precio y es más, la lista incluía los 500 pesos del salón de belleza para la esposa e hija, el costo de un nuevo tinte y otras excusas. De esa manera explicó el padre de familia, “se evitan las compras improvisadas, gastar más de lo que uno puede y adquirir deudas que luego son muy difíciles de pagar el próximo año”.

La otra realidad: “pásele le muestro las que rifan”

Así son las vísperas de Navidad entre la clase media y media alta, pero en los barrios y las colonias populares la historia días antes de este festejo comienza con el olor a pólvora y las carcajadas de los niños en las calles, las cebollitas y toda clase de explosivos que divierten. Comienza incluso, con la visita de la Virgen y las posadas en las casas del vecindario, con los rosarios y las señoras.

Aquí, en esta realidad los ingredientes para la cena le aportan al festejo navideño una esencia más propia; en el tianguis las ofertas: “pásele doñita, escójale güerita, el tejocote pal ponche y la guayaba baratita”; aquí en estos lugares las cenas no serán las ensaladas, el pavo, la pierna rellena, ni los romeritos, el vino tinto o el bacalao.

En estos barrios, el pozole, los tamales y el ponche, son los concurridos.  Don Jaime, que es taxista ya se había aprevenido y compró media cabeza de puerco, un kilo de chamorro y todos los ingredientes del ponche; “aunque hoy no le llevo a mi vieja Jamaica, porque el año pasado ni con el piquete se compuso el poche, le quedó bien amargo”.

Doña Lidia, mientras compraba los ingredientes  de la cena y la piñata, ya preveía algunos regalos. Se paró frente a un letrero que decía: “Lleve las tres x 100” y preguntó si tenían los estrenos; el comerciante del puesto de películas asintió con la cabeza y le dijo, “pásele le doñita y le muestro cuales son ahorita las que rifan”.

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