“Hay días que me despierto llorando y no puedo parar. Ya no quiero seguir”: jubilada de Mexicana de Aviación

(30 agosto 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- Hace algunos días, Revolución TRESPUNTOCERO documentó y narró la problemática legal que todavía tienen que enfrentar los ex trabajadores de Mexicana de Aviación, luego de seis años de que la aerolínea dejara de realizar operaciones en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), tras ser  declarada en quiebra.

También se expuso la actual querella que mantiene un grupo de integrantes de la Asociación de Jubilados, Trabajadores y ex Trabajadores de la Aviación Mexicana (AJTAM) con su ex abogado, Juan Iván Peña Neader, quien luego de ser retirado de la defensa legal de éste, los amenazó con embargarles las pensiones que todavía ni cobran, en un evidente acto de intimidación, pues la ley señala que este tipo de ingresos son inembargables.

Además, el litigante cercano a ex funcionarios de la administración de Felipe Calderón y políticos panistas todavía activos, comenzó una estrategia de intimidación en contra de los más de 300 ex trabajadores que le rescindieron el contrato para que los representara.

Sin embargo, además del litigio jurídico que mantienen desde hace por lo menos cuatro años para exigir que se respeten sus derechos laborales y les sean otorgadas sus pensiones atrasadas, los ex trabajadores de Mexicana deben sortear otros desafíos como lograr sobrevivir diariamente, pues la quiera de la empresa –de la que hacen responsable directo a su último dueño, Gastón Azcárraga- los dejó literalmente en la calle.

Estas son algunas de sus historias.

Crisis nerviosa y enfermedades

Martha Hernández García, trabajó durante 23 años en Mexicana de Aviación. El último puesto que ocupó fue como supervisora abordo y a pesar de su impecable paso por la empresa, del esfuerzo y compromiso con que hizo su trabajo, de la noche a la mañana la dirección de la aerolínea la dejó “en el aire”, sin darle siquiera una explicación: “todo por lo que luché durante todo ese tiempo de trabajo, lo perdí”, sostiene.

Luego de perder su trabajo, también perdió su patrimonio. Tras atrasarse unos meses en la realización de los pagos, le fue embarcada una casa en la que por 18 años estuvo invirtiendo. Tenía un crédito hipotecario que el banco decidió asignar a otra persona sin previo aviso, por lo que cuando nos nuevos “dueños” de su hogar se comunicaron con ella para comunicarle que tenía un mes para desalojar el inmueble, la sorpresa fue mayúscula. Ya no pudo hacer nada.

“Las personas que ya tenían adjudicada la casa me ofrecieron 25 mil pesos porque les firmara unos documentos. Si no los tomaba, de todos modos iban a proceder a sacarme; ya tenían la adjudicación y ¿cómo pelear si no tenía ni tengo con qué pagar un abogado? No me pude echar un compromiso de ese tipo, no tengo con qué responder. Para el banco era dinero y no le interesó nada más”, confió Martha en entrevista con Revolución TRESPUNTOCERO.

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A consecuencia de la pérdida de su patrimonio y de su empleo, la ex supervisora de Mexicana comenzó a presentar problemas médicos. Luego de varios meses de malestares físicos, le fue diagnosticado que padecía de migraña y presión alta. Los médicos atribuyeron ambas enfermedades a su inestabilidad nerviosa.

Las posibilidades de tratarse ambos padecimientos también se vieron reducidas por la carencia de liquidez económica y la falta de acceso a servicios médicos que proporciona el Estado, por lo que –como miles de capitalinos de escasos recursos- Martha se ha visto en la necesidad de hacer uso de los limitados servicios de atención que proporcionan médicos contratados por cadenas de farmacias. Por ahora, son los únicos que puede costear con la módica cantidad de 30 pesos por consulta.  

“Un médico particular es muy caro y yo vivo al día. Finalmente, lo que nos ha ayudado en gran medida, es el hecho de poder colaborar en la cafetería que tenemos en el aeropuerto”, agregó.

El espacio al que se refiere, es un pequeño negocio que los ex trabajadores de Mexicana de Aviación montaron en el aeropuerto para vender a los usuarios, alimentos que ellos mismos preparan y para mantener su presencia en las instalaciones; para continuar haciendo visible la problemática a la que se enfrentan y al mismo tiempo, para ganar algunos recursos, pues la mayoría de los ingresos que obtienen los vuelven a invertir en la adquisición de los productos.

Martha se coordina y turna con el resto de sus compañeros para atender y cuidar del negocio, por lo que sus ingresos tampoco son seguros.

Actualmente, uno de sus hermanos le permite ella y a su hijo, vivir con él.

La quiebra de Mexicana, además de generar una crisis en la economía de Martha, también afectó el desarrollo su vástago. Es madre soltera y el joven apenas pudo terminar la preparatoria abierta, su modo de vida cambió drásticamente luego de que a su madre se le negara el pago de su pensión, pues dependía completamente de ella.

“A mi hijo le afectó muchísimo, tuve que sacarlo de la escuela. Yo tenía las posibilidades de pagarle una escuela privada y cuando nos suspendieron el pago, ya no hubo la oportunidad. Él tuvo que ver la manera de aportar a la casa. Obviamente le afectó emocionalmente y de muchas otras maneras. Tenía cierta calidad de vida y luego, todo eso cambió”, recordó Martha.

Cuestionada sobre el papel que jugaron los ex representantes de los trabajadores –Lizette Clavel, secretaria general de la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA) y Fernando Perfecto, dirigente de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México (ASPA)- en la pelea porque se garantizaran sus derechos, la ex supervisora no tuvo reparo en declarar: “son unos traidores, no se comprometieron con la causa, sino con sus intereses particulares”.

Además, Martha subrayó que Peña Neader les dijo en varias ocasiones que no valía la pena pelear por sus pensiones y desestimó que Mexicana de Aviación haya tenido problemas financieros porque –como dijo su dueño- los contratos de los trabajadores fueran muy altos.

“Es un trabajo en el que se corre un alto riesgo; entonces, la compensación era estipulada tomando como base ese riesgo. Es un trabajo muy bonito, pero hay riesgos físicos. El contrato no era caro, era como cualquier otro”, explicó.

Además de los problemas médicos, Martha debe enfrentar otro inconveniente: su edad, que se ha convertido en un impedimento para conseguir trabajo.

“Los que tienen que ver con la aviación, son trabajos especializados y desafortunadamente en México, no se valora en ningún lado la experiencia de la gente. Cuando uno llega a determinada edad, lo que quieren es deshacerse de uno en lugar de aprovecharlo. Aunque esté uno en plenas posibilidades de desempeñar cualquier otro trabajo, no le dan a uno la oportunidad. Es muy injusto el mercado laboral”, agregó.

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La ex supervisora declaró que aunque ha habido varios intentos por dialogar con Peña Nieto, pues en varias ocasiones han enviado cartas a la Oficina de la Presidencia de la República para que les den audiencia, nunca les han respondido, por eso, le envió un mensaje al Ejecutivo federal:

“Le pido al presidente que cumpla con su promesa de campaña; cuando fue a visitarnos, nos dijo que haría todo lo que estuviera en sus manos y más, para que Mexicana regresara a volar. En este momento es complicado, pero no imposible. Está en sus manos”.

Sin embargo, en el escenario más complicado que se puede configurar por la presencia de intereses que impiden que la aerolínea salga a volar, Martha sólo exige que se respeten sus derechos y se haga efectivo el pago de sus pensiones, pues han quedado completamente desamparados.

“Que cumplan con lo que deben, para eso se les eligió. Lo que uno espera como trabajador de toda la vida, es disfrutar de lo que ganó a base de mucho trabajo y sacrificios; sacrifica uno a la familia, a los hijos, todo para poder lograr tener una buena calidad de vida al final de su carrera. Les exijo, a nombre de todos los sobrecargos jubilados, que cumplan, por algo existen las leyes, las autoridades y no es posible que hayan desconocido un convenio ante Conciliación y Arbitraje, una instancia gubernamental hecha para defender a los trabajadores”, reclamó la ex trabajadora.

Agonía en vida

Luis Enrique Islas Corral padece de presión alta, pero aun así todos los días sale a las calles a “andar a las vivas” para ver qué consigue para comer. “Hago de todo menos robar”, dice.

Durante 28 años trabajó en la aerolínea, los últimos, como supervisor de vuelo o “mayoral”, la mayor autoridad entre el equipo de sobrecargos.

“Yo nada más quiero justicia, es un palabra que le duele mucho a algunos, pero yo nada más quiero que me paguen lo que me deben. Buscan a gente por robarse un pollo y a Gastón Azcárraga, quien se robó más de 3 mil millones de dólares, lo dejan estar tranquilamente en Estados Unidos. Creo que está coludido con las autoridades y que no hay voluntad política para atender el tema. Exijo que se haga justicia por todo lo que ocasionó una sola persona y que no han podido resolver en dos administraciones federales”, dijo Luis en entrevista con Revolución TRESPUNTOCERO.

Además de la exigencia, Luis pide que las autoridades sean sensibles ante las necesidades de casi 700 jubilados pero al mismo tiempo cuestiona: “¿qué gasto podríamos representar para el gobierno?, no le quitamos ni un pelo al gato”.

“Le diría a las autoridades que sean sensibles a la tragedia que ocasionó una sola persona que tiene nombre: se llama Gastón Azcárraga y anda en Estados Unidos, con la venia de las autoridades. A mí no me sirve de nada que ese señor esté en la cárcel, sino que regrese lo que se robó. Yo no quiero más, sólo quiero mi dinero y el de mis compañeros. Los diputados y senadores ganan muy bien, ellos podrían contribuir para pagarnos. Reto a todas las autoridades a que pasen un mes sin cobrar, a ver cómo le hacen; que estén sin cobrar y sin casa como nosotros a quienes literalmente, nos dejaron en la calle”, agregó el ex trabajador.

Al igual que Martha, Luis perdió todo su patrimonio. El departamento que habitaba junto con su familia, dos autos y otra propiedad pasaron a la historia por no poder seguir realizando los pagos mensuales que representaban, luego de que desde hace cinco años le dejaran de dar su pensión.

Actualmente su familia y él viven con un amigo que los recibió en su casa.

Luis reconoce que ha habido ocasiones en las que no han tenido recursos ni para comer, pero agrega que el respaldo de su familia le ha permitido tener el impulso para salir adelante.

“Todo ha sido todo un viacrucis. Este domingo se cumplieron seis años de que paró operaciones la empresa. En un principio pensábamos que se iba a resolver el problema, pero conforme pasaron los días, los meses y luego los años, nos dimos cuenta que se perdía la lucha por nuestros derechos y por los de la gente activa. A nosotros los jubilados, de un día para otro nos dejaron de pagar”, recordó.

Acusó de indiferencia a las autoridades del sexenio de Felipe Calderón, quien cuando fue candidato a la presidencia -en 2006- les hizo llegar a cada uno de los empleados de Mexicana de Aviación, una carta en la que prometía que si se veía favorecido con su voto, sus trabajos no correrían ningún riesgo; además, criticó que la administración panista ni siquiera haya pensado en la posibilidad de rescatar a la aerolínea.

“Después vino lo difícil: que no nos pagaran. Eso generó que nos fuéramos disminuyendo emocionalmente. Todo esto ha sido una agonía en vida”, reclamó Luis.

El ex supervisor de vuelo contó que ha trabajado en áreas muy diversas para generar recursos para su familia: ha recuperado varias cuentas Afore de sus compañeros, vendido comida, lavado coches e incluso “le he jugado al extra”.

Aunque haber perdido sus ingresos afectó profundamente la estabilidad de su familia, Luis atribuye que permanezca unida al cariño mutuo que se profesan y a que han sabido aprehender de la crisis por la que pasan, aunque subraya que continúa aspirando a darle lo mejor a sus hijos, aunque conseguir un trabajo estable no ha sido posible.

“En este país no dan trabajo a pesar de la experiencia que tengas. Hablo dos idiomas, estoy preparado, pero eso no lo ven por mi edad. He solicitado trabajo en varios hoteles, restaurantes, en el área de relaciones públicas y me dijeron que todo estaba muy bien, pero que la edad era un impedimento para la contratación. Además, ya no dan ningún tipo de prestaciones”, detalla Luis quien pensaba que una vez que se jubilara, podría poner un negocio y disfrutar de la compañía de su familia, lo que poco pudo hacer mientras trabajaba en Mexicana, pues se ausentaba semanas enteras por los viajes que tenía que realizar.

Cuando Revolución TRESPUNTOCERO preguntó sobre los acercamientos que han gestionado con la actual administración federal, Luis recordó que Peña Nieto les dijo que los apoyaría, pero solo fueron promesas: “dijo que apoyaría el regreso de Mexicana de Aviación, pero hubo un cobro de facturas de la familia Alemán, dueños de Interjet. Ellos tienen mucho interés en quitarle lo poco que le queda a Mexicana. A ellos no les conviene que regrese a volar”.

Islas Corral exigió a las autoridades respeto a sus derechos y reiteró que no quieren otra cosa más que lo que ya les pertenece por haber trabajado por décadas en la aerolínea que llegó a ser la más importante del país y la cuarta a nivel mundial.

Respecto de las amenazas que ha proferido en su contra el ex abogado del movimiento, Luis criticó que Peña Neader haya insistido en que dejaran de luchar por su pensión: “cómo se le ocurre decir que ya no sigamos con la lucha de los últimos cuatro años. Los primeros dos años fueron una pérdida de tiempo. Fue una fregadera lo que nos hicieron”, sostiene.

Luis explicó que retiró a Peña como su representante legal por un simple motivo: “no voy a estar representado por un tipo que me dice que debo estar sentadito a ver a qué hora me pagan”. Cuando se le cuestionó si le preocupan las amenazas del litigante, explicó que un par de abogados de la Junta de Conciliación y Arbitraje le dijeron que no podía haber ninguna repercusión en su contra, por lo que se mantiene tranquilo.

Sobre la adquisición que Azcárraga hizo de Mexicana, su quiebra y el papel que ambas administraciones federales jugaron en el tema, Luis fue categórico al declarar: “rompieron los sueños de todos, en lugar de haber consolidado a la empresa para que siguiera dando fuentes de trabajo, expandiéndose y que nosotros, quienes contribuimos con nuestro granito de arena, hubiéramos tenido una retribución para disfrutar de nuestra jubilación, rompieron nuestros sueños. Hay casos de compañeros que han muerto, otros que se han suicidado y algunos más que se encuentran con enfermedades terminales por su culpa”.

Depresión y angustia

María Antonieta Díaz Cervera trabajó como sobre cargo durante 23 años en Mexicana de Aviación. El último cargo que desempeñó, fue de sobrecargo supervisor B. Cuando se enteró de la problemática de la empresa, vivía en Colima, pero de inmediato se trasladó a la Ciudad de México, dejando su casa en ese estado costero.

Para no perder el derecho a ser atendida en el Instituto Mexicano del Seguro Social entró a trabajar como cajera en una tienda de autoservicio, con ingresos equivalentes al 10% de lo que percibía en la aerolínea.

Meses después, a su madre le diagnosticaron cáncer, por lo que tuvo que dejar de trabajas. Poco más de medio año más tarde, falleció a consecuencia de esa enfermedad. María Antonieta, Tony -como cariñosamente la llaman sus ex compañeros- y su hermana, se hicieron cargo de los gastos funerarios que el deceso generó.

“No pude ayudar a mi madre comprándole los medicamentos que necesitaba o llevándola a otros médicos; no pude darle más calidad en los últimos meses de vida. Murió en la casa”, contó Tony a Revolución TRESPUNTOCERO.

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Luego de la pérdida, una prima le ayudó a Tony para que volviera a recuperar las ganas de salir adelante, comenzando por el trabajo. Desde entonces, se ha desempeñado como chofer, empleada doméstica y cuidando adultos mayores.

La última señora a quien cuidó tiene 93 años, pero su familia decidió internarla en un asilo, lo que provocó que Tony volviera a quedar desempleada, lo que no es fácil a sus 58 años.

Ella, al igual que Martha, colaboran preparando alimentos en la cafetería que mantienen en el Aeropuerto Internacional; sin embargo, cada vez la carga es mayor. “No tengo fuerzas, muchas veces no quisiera ni ir, me tengo que levantar a las cuatro de la mañana, vivo por Tláhuac e ir al aeropuerto se me complica porque tengo que transbordar cuatro veces en el metro para poder llegar. Hay veces que no me quiero ni levantar. Da mucha impotencia y es frustrante que después de haber trabajado tantos años y ahorrado, tenga que volver a empezar, pero con 40 años más de vida”.

Tony confió a este medio que incluso, ha pasado por su mente suicidarse.

“Estuve a punto de tomar esa decisión. No sé si se llame cobardía o fuerza de voluntad el no haberlo hecho, pero así es. Tomo medicamentos, antidepresivos, que una prima que es psiquiatra me recomienda porque de otra manera no podría funcionar. Hay días que me despierto llorando y no puedo parar. Ya no quiero seguir. Hay días en los que digo que ya trabajé mucho y no quiero seguir”, detalló la mujer de 58 años de edad.

Además de la depresión, Tony debe hacer frente a la artritis reumatoide y a la hernia que tiene en un disco de la columna que le impide desplazarse fácilmente en el transporte público y más cargada de las bolsas rellenas de productos que lleva a la cafetería del Aeropuerto. Su salud, ha minado mucho y tampoco tiene acceso a atención médica. Cuando se jubiló de Mexicana de Aviación, le hicieron firmar una carta en la que renunció a ese derecho, pero entonces eso no era un problema porque creía que siempre contaría con su pensión.

Hace poco, Tony se enteró que unas personas –respaldadas por funcionarios del Infonavit- habían intentado adueñarse de su casa en Colima, por lo que acudió a un defensor de oficio para que le ayudara a recuperarla. Actualmente se encuentra en juicio la propiedad, que es lo último que le queda luego de haber perdido ahorros, su coche, su tranquilidad y la salud.

Lo único que le da fuerzas a Tony para seguir adelante, son sus dos nietos. Cuenta que le gustaría llegar a ver que su nieta cumpla 15 años. Esa ilusión, es lo que le hace aferrarse a la vida.

“Es una gran impotencia saber que no me gasté mi dinero, que lo ahorré por tanto tiempo y de pronto, por lo que nos hicieron, otra vez debo volver a trabajar en lo que sea para tener dinero para comer”, detalló la ex sobrecargo.

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Tony tampoco tiene mucha familia que le pueda ayudar; su círculo cercano está formado por su hermana, una primera, su hijo y sus nietos; además, explica que le da mucha vergüenza pedirles apoyo, pues todos tienen obligaciones con las que deben cumplir. Vive en casa de su mamá con su hijo, divorciado.

Recordó que aunque Peña Nieto se comprometió a hacer que Mexicana de Aviación volviera a volar –en uno de sus compromisos firmados ante notario- no ha hecho nada por apoyar para que a los jubilados se les respeten sus derechos y les paguen conforme a la ley.

“Ya ve los anuncios que salen ahorita donde dice que lo bueno no se dice pero cuenta, yo digo: ‘Ay, Dios mío, pero qué desvergonzado’. Yo sólo les pido que nos devuelvan nuestro dinero, lo que trabajamos, lo que ahorramos durante muchos años. En este país en el que dicen que se respetan los derechos humanos, que debe uno de denunciar y todas esas cosas que promueven, que lo hagan realidad con nosotros. No somos un grupo grande, somos pocos que honradamente ganamos y ahorramos nuestro dinero para no batallar en este momento de nuestras vidas. No es justo que por unas cuentas personas, estemos padeciendo”, reclamó Tony.

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