Meade garantiza la continuidad económica: Fobaproa, recortes, gasolinazos, privilegios

Tecnócrata puro, sin ideología ni militancia partidista, carente de experiencia política –jamás ocupó un cargo de elección popular-, obediente siempre a la burguesía local y extranjera, José Antonio Meade nadará contra corriente para poder tener la posibilidad de acceder a la Presidencia de la República.

 ¿Qué hay detrás del aplaudido aspirante a la candidatura priísta a la Presidencia? Obviamente, toda la cargada tricolor, los medios pagados durante seis largos años para ocultar la realidad de México sin importar el desgaste al cual ha sido sometido el periodismo, los grupos interesados en la conservación de sus canonjías, los beneficiados en los gobiernos panistas y el priísta con las grandes obras, la delgadísima franja de empresarios controladores de la macroeconomía y la estructura creada para otorgar triunfos por encima de la voluntad popular, como se vio en el Estado de México o en Coahuila, al otorgarles la victoria a un Alfredito del Mazo y al sucesor y guardaespaldas de los hermanitos Moreira. Pero, eso no es todo.
 
Resulta ser la elección de los priístas un seguimiento o, mejor dicho, la completa revelación de sus ansiadas exposiciones monárquicas. Se fueron tras la figura de un príncipe, de un descendiente de la realeza irlandesa. Meade es un apellido de origen irlandés en donde hubo barones, vizcondes, linajes aprobados por las ordenes nacidas para luchar contra los moros. Tienen escudo: de gules, con un chevrón de plata, cargado de cinco armiños de sable y acompañado de tres hojas de trébol, también de plata. Los elementos simbolizan pureza y fidelidad puestas al servicio del príncipe. Los esmaltes del arma de los Meade pregonan, dicen, valores: la fuerza del poder, del amor ferviente a Dios y al Prójimo, el afán de dominio, el coraje, la audacia, la fortaleza y la magnanimidad.
 
Ya en territorio azteca y con la otra parte de la personalidad, José Antonio Meade tiene en su formación tanto al PRI como al PAN y ello le viene de sus antecesores maternos y paternos. Hay también una situación especial con el apellido. Don Dionisio Meade y García de León fue diputado tricolor, se casó con doña Lucía Kuri Brena Ovañanos, quien a su vez era hija de don Daniel Kuri Brena, fundador del PAN. Como puede apreciarse, el apellido materno del aspirante es Kuri Brena, según aparece en el registro de sus ancestros y no Kuribreña como luce en su papelería oficial.
 
Su tío abuelo materno también lucía por separado sus apellidos: José Kuri Breña, inutilizando la “ñ”, letra borrada en el registro de su hijo Daniel, tío del ex titular de Hacienda, casado con doña Carmen Orvañanos Haran. Al igual que el sobrino nieto, lo mismo hizo pininos como escultor, vendiendo sus obras en conjuntos habitacionales y en instituciones bancarias, que ingresó al monasterio de la orden de Los Misioneros del Espíritu Santo o estudió derecho o trabajó en el Banco de Comercio. Hace 13 años y a la edad de 90 falleció, lamentando frecuentemente no hubiese en México un culto a San Marón y sin haber abandonado las costumbres libanesas con las cuales creció.
 
El padre de José Antonio Meade, Dionisio Meade y García de León es hijo de Luis Meade Gómez y Gracia García de León Avellaneda. Ha sido socio activo del PRI desde 1944, estuvo en la LVII Legislatura bajo la representación proporcional y participó en las comisiones de Hacienda, de Relaciones Exteriores, en el grupo de vigilancia de la Contaduría Mayor de Hacienda y en la de Programación, Presupuesto y Cuenta Pública. Toda su vida profesional estuvo ligada a los números, a las negociaciones, a lo referente al sistema bancario y de exportación.
 
Así las cosas, sigue sin definirse si es Kuri o Kuri Brena o Kuri Breña o Kuribreña. Si algún día será panista o se decidirá por el PRI, si es maronita o guadalupano. Todo ello no importa cuando se acude a las mismas escuelas con Luis Videgaray o a las aulas en donde estuvieron Carlos Salinas, con paga en efectivo de las colegiaturas, o Ernesto Zedillo, becado y en su calidad de limpiabotas de quien, a la postre, sería quien lo eligiera como sucesor en la Presidencia de México. Se tiene presente su inició en la vida pública al ser uno de los principales constructores del Fobaproa  durante el mandato zedillista.
 
Con Fox y Calderón ocupó la cartera del Banrural, cuyos números rojos se incrementaron notablemente hasta hacer desaparecer los créditos para los hombres del campo. Fue responsable del área de Ingresos en Hacienda y, posteriormente, su titular. Desde esta posición hizo todo lo posible por apoyar la candidatura de EPN y ahí pudo controlar y reportar directamente a Luis Videgaray sobre los recursos recaudados para financiar  las campañas tricolores, incluyendo los movimientos de Monex y otros, los cuales permitieron al mexiquense manejar su elecciones y las llevadas a cabo durante su mandato a su gusto.
 
Antes de abandonar las oficinas de Hacienda por vez primera, hizo un convenio fiscal con Singapur para facilitar sacaran sus capitales y se lavara dinero de ese país. Y de ahí se ganara el pase automático al gabinete del mexiquense, en donde se estrenó con la titularidad de Relaciones Exteriores cavando la tumba de la política exterior mexicana, dañada desde el sexenio foxista con el célebre e inolvidable “cenas y te vas” dedicado a la figura de Fidel Castro, además de constituirse en el promotor de las dañinas reformas estructurales y de revelarse como agente de ventas del patrimonio nacional.
 
Ya en Relaciones Exteriores, posición dejada con  saldo negativo hasta en el orden de financiamientos e inversiones, saltó a Hacienda, desde donde pudo controlar y reportar lo registrado con Odebrecht, escándalo que no le es ajeno y mucho menos lo es lo relacionado con el Grupo Comercializado Cónclave. De su paso por Sedesol se tiene presente el “borrón” del Inegi para evitar mediciones de pobreza comparativas, entre una serie de denuncias por el manipuleo en el registro y entrega de lo relacionado en los programas de asistencia social.
 
De regreso en Hacienda, su respaldo a los gasolinazos, los recortes en los presupuestos a los renglones educativo, a las universidades, a la salud, a la vivienda, los incrementos para los militares y las reducciones en renglones clave para recobrar la seguridad, las aprobaciones para acrecentar el endeudamiento externo, el crecimiento del interno, la desaparición de los fondos aportados por la iniciativa privada para restaurar las viviendas de los afectados en Oaxaca y Chiapas, los enviados por gobiernos extranjeros, lo recaudado proveniente de empresas privadas mexicanas y del exterior, la billonaria devolución de impuestos a la clase empresarial consentida, las exenciones tributarias, el cierre masivo de pequeñas y medianas empresas y comercios ante la multiplicación de formas dictadas por el SAT para suplir el pago fijo a una declaración variable e imposible de ejecutar por quienes apenas lograr mantener a flote sus negocios.
 
Es este el nacimiento y el paso del grande del tricolor, del elegido por el dedo todopoderoso de Luis Videgaray quien puede considerar estar trabajando para su reelección, para mantenerse como el poder tras el trono aunque, más bien, es el guarura de todo el equipo peñanietista ansioso por conservar la libertad y con ella todo el capital acumulado durante sólo seis años de recibir propuestas de negocios, pagos de comisiones, moches. Porque para garantizar gobernabilidad, ninguno ha servido. Para acabarla de joder, concuño de Carlos Salinas de Gortari.
 
Por cierto, ¿cuál de las muchas damas surgidas de las pantallas del “canal de las estrellas” acompañará a Meade durante la campaña? Ellas ya también forman parte de la medición, de la captación de simpatías, del reflejo de una personalidad y preferencia definida ¿o no?
 
ANÁLISIS SIN DESPERDICIO
 
Como es su Costumbre del Poder, Gregorio Ortega hace un análisis sobre la postulación de Meade Kuri Brena, sin desperdicio. Así inicia:
 
“Los políticos de altos vuelos y legales aspiraciones presidenciales, en algún momento de su ascenso en busca de la legitimidad que los pudiera convertir en presidentes de México, olvidan que el silencio es, muchas veces, más elocuente que el mejor de los discursos, que la más ocurrente, simpática y acertada de las declaraciones de banqueta.
Dejan de razonar porque no sé de dónde sacan que justificar las decisiones presidenciales es el camino correcto al poder. La vida se les va en encontrar las palabras idóneas que vendan las políticas públicas que ellos mismos contribuyen a implementar; necesitan justificarse porque pronto perciben que les resulta imposible explicar lo que hacen, y optan por el camino corto para llegar a la voluntad del elector, que tiene múltiples rostros: redes sociales, opinión pública, prensa, entretenimiento, líderes de todo tipo.
 
“Sin embargo, el importante resulta ser el gran elector. 
Y crean confusión, porque los destinatarios son muchos y los receptores de esos confusos mensajes piensan, cada uno, de manera distinta. En política electoral no hay opiniones universales ni unívocas, incluso para el reducido círculo que determina quién sí y quiénes no serán los que mangoneen en México.
Hoy la realidad es inocultable, aunque la manera de percibirla difiera entre individuos, grupos, familias, gremios, sindicatos, partidos políticos, colegios… Quizá se encuentren coincidencias a la hora de emitir el voto, y a pesar de ello, cada uno de los electores del ganador entregó su apoyo por motivos distintos, tan diversos como la manera y las razones de profesar una religión, o militar, de verdad militar en un partido.

“Todo lo anterior para dar contexto a la oportunidad de oro que Enrique de la Madrid Cordero perdió. Hizo una declaración a la prensa, cuando debió guardar silencio, pues todo lo que dijo referente al terrorismo y los crímenes absurdos cometidos por gente armada (en clara referencia a Las Vegas y Texas), sólo es la paja en el ojo ajeno.
La viga que tenemos en el propio lleva en su volumen y peso la cifra de muertes violentas desde que se combate a sangre y fuego al narco, el incremento consistente y casi geométrico de feminicidios, las desapariciones cuyo número se desconoce, la trata, el maltrato infantil, el turismo sexual que aquí se busca, la corrupción, la impunidad…

“La globalización además de traer un bienestar dosificado y dirigido a las clases sociales altas, trajo en demasía lo que hoy abruma e imposibilita el mandato constitucional en materia de procuración y administración de justicia, porque todo el sistema jurisdiccional y de seguridad pública está infiltrado por la corrupción y la impunidad.
 
Deshacer su entramado requiere de la reforma del Estado.
El mensajero de una restauración imposible.
La postulación que Luis Videgaray Caso hizo en nombre de su hermano del alma, Enrique Peña Nieto -en funciones formales de presidente constitucional, con mandato obligado- a favor de José Antonio Meade, adquiere dimensión de presagio para el PRI, y anuncia la contumacia en el método para hacerse con el poder.

“Sepultarán a las redes sociales, la prensa crítica, la oposición y a los partidos que le jugarán las contras, con un alud de dinero y el ruido ensordecedor de mensajes vacíos, cuyo costo va más allá de lo que signifique en pesos y centavos, porque se pospondrá, otra vez, la transición, con el consiguiente riesgo: que la molestia social se convierta en protesta, y ésta en grupos armados clandestinos, para sumarse a los ya existentes.
La delincuencia organizada ha sobre armado a este país. Los efectivos de las fuerzas armadas y las policías no exceden los 700 mil elementos, con armamento inferior e infiltrados por la corrupción.
 
“Allí está el primero de los dilemas que deberá resolver el muy próximo candidato del PRI, tan católico como Felipe Calderón Hinojosa, necesitado de una guerra justa para aliviar su conciencia y sujetar su servicio al Estado de la salvación de su alma.
Enrique Peña Nieto, en su lógica del poder, aspira a mantener sujeto a José Antonio Meade, como Carlos Salinas de Gortari limitó a Luis Donaldo Colosio. El ex secretario de Hacienda y Crédito Público hará precampaña y campaña con las manos atadas, porque otros serán su voz y su voluntad, y los mensajes se centrarán en la denostación del contrario, en ver la paja en el ojo ajeno, ajena a la necesarísima propuesta de restauración de la República”.
 
POLÍTICA AUSENTE, TECNOCRACIA PURA
 
Tecnócrata puro, sin ideología ni militancia partidista, carente de experiencia política –jamás ocupó un cargo de elección popular-, obediente siempre a la burguesía local y extranjera, José Antonio Meade nadará contra corriente para poder tener la posibilidad de acceder a la Presidencia de la República. Fue destapado candidato por su mentor, Luis Videgaray, confirmado por un presidente cada vez más debilitado, quien ni siquiera tuvo la fuerza para definir al abanderado del PRI, y presentado como candidato externo, pero con todo el lastre de ser representante del priísmo de siempre, del responsable del neoliberalismo, con seis ex presidentes a cuestas: Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, de cuyas gestiones padecemos en estos momentos sus resultados.
 
Tiene enfrente a un adversario formidable, conocedor de todo el territorio mexicano, con gran experiencia política y con un consolidado proyecto alternativo de nación: Andrés Manuel López Obrador, puntero en todas las encuestas sobre intención del voto en los últimos meses. Su oferta central es diametralmente opuesta a la de Meade, quien es garantía de continuidad económica. El tabasqueño ofrece un nuevo modelo económico, menos dependiente del exterior, principalmente de Estados Unidos, enfocado al mercado interno y a atender las necesidades de la población. En cambio, nada nuevo tiene en la cartera para ofrecer al electorado el embozado candidato ciudadano del priísmo.
 
Meade en su cartera trae la política tecnocrática la cual permitió el traslado de la riqueza de la nación a unas cuantos manos privadas. Los programas de gobierno y las reformas estructurales impulsadas a lo largo de más de tres décadas sólo enriquecieron a unos cuantos y ayudaron a perpetuar la pobreza de la población. De la experiencia de Meade se tiene pruebas contundentes: fue operador de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto; es producto de estas dos trágicas figuras políticas del país, cuyas administraciones serán un lastre para su campaña.  No puede ser reinventado de un día para otro ni presentado como la esperanza del país o el salvador de la Nación. Su pasado inmediato lo acota y lo limita. Llevarlo a la Presidencia de la República requerirá de un fraude de dimensiones monumentales y no hay ninguna garantía de lograr perpetrarlo por la creciente oposición al régimen priísta.
 
México en el Siglo XXI no ha cambiado. Es el mismo del siglo pasado, persisten el “dedazo”, el “tapado”, la cargada y las porras al ungido. José Antonio Meade se presenta como un político no  priísta, un candidato externo para salvar al régimen priísta, con el apoyo del panismo tradicional y de la oposición de izquierda a las órdenes del cliente representada por los “chuchos” y Alejandra Barrales. Pero antes, deberá convencer al priísmo de su candidatura. Quedan muchas heridas abiertas, a pesar del espectáculo de la bufalada en los tres sectores: CTM, CNC y CNOP. Existen mucho liderazgos y egos heridos, las estructuras han sido abandonadas. Muchos políticos están molestos y no se limitan a los simpatizantes del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, sino otros con presencia y representatividad en las entidades federativas. No todo es Estado de México, ni éste se restringe al grupo Atlacomulco.
 
Y el lastre económico, en lo que aparentemente es su fuerte, es inmenso. El “Milagro económico mexicano” fue cancelado por la tecnocracia y el liberalismo. El desempeño de la economía mexicana, con todo y Tratado de Libre Comercio de América del Norte, es decepcionante. El crecimiento anual promedio apenas supera el 2 por ciento desde la última década del siglo pasado a la fecha. Es la mitad del promedio del mundo en desarrollo. Es prácticamente igual a la de Estados Unidos y Canadá. Pero la población mexicana se expande más rápidamente y el pastel económico se reparte desigualmente entre cada vez más gente.
 
Los trabajadores mexicanos ganan menos, en comparación con sus pares estadounidenses y canadienses,  que antes del TLCAN. La convergencia salarial y de estándares de vida no se concretó. El magro crecimiento benefició sólo a la parte superior de la pirámide poblacional mexicana, permitió la consolidación de un  pequeño número de multimillonarios, muchos enriquecidos precisamente con los bienes de la nación. Mientras, la pobreza persiste, se expande, a pesar de las trampas metodológicas en el Inegi para “desaparecerla” en sus mediciones. El índice de pobreza ronda los niveles de principios de los 90: más de la mitad de la población, con una clase permanente de subempleados.
 
La propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) confirma: las reformas económicas impulsadas por el gobierno de Enrique Peña Nieto incrementaron el empleo formal, pero no han logrado disminuir la pobreza ni la desigualdad.  Además, las políticas monetaria y fiscal, determinadas por el Banco de México y la Secretaría de Hacienda, respectivamente, “no están respaldando el crecimiento económico´”. El informe Perspectivas Económicas de la OCDE destaca: México es, junto con Chile, el país con mayor desigualdad del ingreso entre aquellos que forman parte del organismo.
 
“En México, 20 por ciento de los mexicanos que se encuentran en la parte más alta de la pirámide del ingreso del país gana 10 veces más que aquellos que están en el opuesto, en el 20 por ciento de la base. Esta brecha hace de México el  país con la mayor desigualdad en el ingreso familiar. Es la misma relación que existe en el caso de Chile”. De acuerdo a las mediciones del organismo, 16 de cada 100 mexicanos tienen un ingreso que los mantiene debajo de la línea de pobreza (en la miseria), la cuarta proporción más elevada entre los países que integran ese organismo. En las mediciones nacionales, 40 de cada 100 personas no pueden comprar con su salario una canasta básica de consumo.
 
Las políticas monetaria y fiscal aplicadas en esta gestión no están respaldando el crecimiento. La inflación ha desbordado con creces las meta del Banco de México –de 3 por ciento y ahora se sitúa en 6.3 por ciento- como consecuencia de la depreciación acumulada del peso durante 2017 y de la progresiva liberación de los precios nacionales de los carburantes. El BdeM elevó la tasa de interés de intervención desde 3 por ciento a finales del 2015 hasta el 7 por ciento actual, para evitar el desanclaje de las expectativas de inflación. Las presiones inflacionarias subyacentes están contenidas también por el moderado incremento de los salarios.
 
En cuanto a la deuda pública, ésta registró un aumento sostenido desde el 2012, cuando representaba un monto equivalente a 43 por ciento del PIB hasta más de 58 por ciento en 2016, lo cual provocó las agencias calificadoras modificasen de estable a negativa su perspectiva de la deuda soberana de México. En 2013, el gobierno se comprometió con un plan de consolidación fiscal plurianual destinado a estabilizar la proporción de deuda respecto al PIB, lo cual se ha alcanzado gracias a los ingresos fiscales adicionales derivados de la ampliación de la base tributaria, pero también mediante la reducción de la inversión pública, con las potenciales implicaciones negativas para el crecimiento a largo plazo.
 
Por otro lado, imperan la corrupción y la impunidad. La inseguridad y la violencia están fuera de control. El 2017 será el año más violento de la historia de México. La estrategia de combate frontal a los cárteles de la droga sólo detonó más violencia y logró multiplicar a las organizaciones criminales, aún y cuando algunos de sus líderes más visibles hayan sido abatidos o encarcelados o extraditados a Estados Unidos.

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