Norberto Rivera, el encubridor de grandes pederastas tiene un manto de impunidad por parte de élite política: Barranco

(10 de agosto, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- Durante un desayuno navideño en 2016, una reportera se acercó al Cardenal Norberto Rivera y le preguntó, tras más de 20 años en su cargo, cuál era la evaluación de su desempeño; él respondió que dejaría a otros que se encargaran de dicho análisis. 

Ante dicha respuesta, el sociólogo especializado en creencias religiosas, Bernardo Barranco hizo propia esa propuesta y bajo su coordinación, un grupo de colaboradores como Alberto Athié, Eugenia Jiménez Cáliz, Guadalupe Loaeza, Fátima Moneta, Marilú Rojas Salazar, Mónica Uribe, Rodrigo Vera Jenaro Villamil, entre otros especialistas, realizan una colección de ensayos críticos sobre el desempeño del arzobispo. En donde los intelectuales denuncian una serie de abusos de poder a lo largo de la carrera religiosa de Norberto Rivera, dando como resultado: Norberto Rivera. El pastor del poder (Grijalvo, 2017).

“El libro nace de la necesidad de hacer una evaluación crítica de una larguísima trayectoria del cardenal; son más de dos décadas como arzobispo de la Ciudad de México. Pero también hay un pasado como obispo de Tehuacán y llega un momento, sobre todo al presentar su renuncia, que un círculo se cierra y se debe hacer una evaluación.

Yo le tomé la palabra a Norberto Rivera. Había necesidad de cuestionar más de dos décadas de gestión, de hacer una evaluación de un personaje que sin duda es el más importante de la historia de la Iglesia moderna en México. Por eso se necesita una reflexión profunda y crítica, sobretodo porque con Norberto no se puede estar a medias tintas. No se puede ser neutral; unos lo aman y otros son muy críticos como es nuestro caso”, explica a Revolución TRESPUNTOCERO el sociólogo Bernardo Barranco. 

En la obra se presentan desde distintos ángulos una basta lista de críticas, pero sin duda de las principales, afirma contundente Barranco, es que es un ‘dinerero’. Explica que, le gusta el dinero y el libro documenta que desde que entra a la basílica de Guadalupe, siendo uno de los santuarios en el mundo con mayores ingresos, millones de pesos están en opacidad, para después encontrarnos con excesivas comercializaciones de la visita del Papa Juan Pablo II, momento que se llega a simbolizar como “las papas del Papa”.

Lo anterior, comenta Barranco, porque “el Papa estaba hasta en las papitas sabritas, después el copyright de la virgen de Guadalupe fue vendido por Norberto, lo cual es una aberración porque es de dominio popular. Y lo último la plaza Mariana donde también se le relaciona con los negocios. Siendo esto solamente un punto de la parte dinerera”, señala el estudioso. 

A su vez, el sociólogo Bernardo Barranco, presenta un poco de la conformación del libro, en donde explica que plumas como la de Jenaro Villamil describe los escándalos continuos del religioso; Rodrigo Vera en su ensayo habla de los vínculos de poder que establece inmediatamente un hombre apalancado por grandes sectores de poder en la iglesia. Y tiene una relación tradicional con la clase política de favores, de acuerdos, de reuniones por debajo de la mesa, sobre todo favores con la clase política.

La concepción de la mujer es otro punto importante en Norberto Rivera. El pastor del poder. Una crítica a cargo de Marilú Rojas, teóloga feminista quien, a decir por Barranco, hace pedazos al cardenal. “Sobretodo porque el cardenal cuestiona a la sociedad moderna porque demanda que la mujer trabaje lo cual ha provocado que la mujer salga del hogar, que no cuide a los niños, no mantenga a su marido, es una especie de confusión tremenda. 

Por lo tanto el feminismo verdadero debe ser que la mujer regrese al hogar, entonces Marilú Rojas lo hace pedazos, porque es un discurso machista, una postura patriarcal, una concepción misógina sobre el rol de la mujer en la sociedad, pero también en lo teológico”, detalla el especialista en creencias religiosas. 

En la obra, Alberto Athié habla sobre la pederastia que atraviesa todos los temas. Norberto Rivera tiene como uno de sus puntos más vulnerables el que se le identifica y será parte de su legado, como un encubridor de los grandes pederastas como Marcial Maciel el más patológico de todos estos. 

También está el caso de Nicolás Aguilar. Y por supuesto en ese mismo caso los 15 sacerdotes, donde Alberto Athié pone una demanda para que explique el cardenal, porque no solamente Roma debe saber de estos 15 curas que abusaron de niños, sino todos en la sociedad tenemos el derecho de saber quiénes son y dónde están. Así como qué tipo de sanción tuvieron. Cuántos niños fueron las víctimas y que se ha hecho, cuáles fueron los arreglos a los que se llegó”, agrega Barranco.

Quien asegura que los nueve autores que escriben en la obra tienen un acento diferente. Y cita a Guadalupe Loaeza, quien habla de la socialité, un hombre que viene de lo más pobre entre los pobres del mundo indígena tepehuano, a quien le decían “el chato” cuando ingresa a los 13 años. 

“Hablaba mal el castellano. Hacía sus necesidades a la manera indígena y sus compañeros seminaristas tenían que decirle que había un baño porque no lo conocía”, añade Barranco. 

Sin embargo, años después encontramos a Norberto como personaje que habla italiano, francés, sabe de vinos, manjares y le gusta viajar en jets privados de sus amigos. “Ahí sucede un proceso de desclazamiento o un proceso de clericalización. Entonces Guadalupe Loaeza se divierte con el texto, diciendo como este personaje se vincula con las élites, cuando son éstas las más pecaminosas en la sociedad”. 

Ahí entra en contradicción Norberto Rivera, porque critica la sociedad pero es permisivo con las élites y con la propia Iglesia, también entran aspectos incluso frívolos porque habla de los tintes del cardenal. 

“Sabemos muy bien que Norberto se pinta el cabello, lo cual es un poco raro para un personaje religioso. Yo lo entendería de un actor de cine tal vez un político pero no un cura, va un poco en contrasentido. Entonces Guadalupe dice cuando trae un negro azulado intenso, se le ve misterioso. Cuando trae un negro rojizo medio azabache está activo, está brioso, pero aveces se le ven las raíces blancas, entonces ahí está medio deprimido, medio dejado”, afirma Barranco.

Lo anterior permite al lector darse una idea de la diversidad de plumas, diversidad de metodologías, distintas maneras de describir al personaje pero hay dos constantes en la obra: en primer lugar el reproche a la pederastia y sus vínculos con Marcial Maciel y en segundo que sea un pastor del poder, un pastor que no privilegio los sufrimientos, las desesperanzas, las búsquedas de la gente común y corriente de la Ciudad de México, sino más bien privilegió a los ricos, a los pudientes. 

Por lo que, a decir por el sociólogo, a Norberto Rivera lo protegen las élites, los ricos. Hay un manto de impunidad que lo ha estado acompañando incluso cuando se dio el caso de la denuncia del padre Nicolás Aguilar, “y en ese momento Gobernación dirigido por Carlos Abascal, casi le impide la entrada, logra entrar y lo persiguen y justo cuando va a dar la conferencia lo aprehenden y Gobernación lo saca del país. 

Estamos hablando de impunidad. Lo que llamamos comúnmente ‘fuero religioso’ que no solamente lo tiene el cardenal sino los obispos también son beneficiarios de esta regla no escrita de la política mexicana”.

Foto: Emma Martínez / Revolución 3.0

En tanto, María Eugenia Jiménez, periodista especialista de la fuente religiosa y colaboradora del libro, señala a Revolución TRESPUNTOCERO que en cuanto al acercamiento de Norberto Rivera con la sociedad, “si hablamos de sus misas no va mucha gente, a lo mejor porque la Catedral Metropolitana es mas un centro turístico que religioso. Es poca la gente que se acerca hacia donde él saluda, siempre está rodeado desde hace mucho tiempo de seguridad, últimamente se redobló y pocas son las veces que puede alguien acercarse. Siempre hay una barrera y es la que él puso con los fieles. 

Ha sido un alejamiento constante. Antes permitían que los medios de comunicación entraran a sus reuniones y que los laicos celebraran con él sus aniversarios, pero en los últimos años se cerraron las puertas para esta gente”.

También señala que está alejado de todos los fieles. Él siempre prefirió rodearse de las élites desde que llegó rodeado de los legionarios de Cristo, señala. “Su ambiente es la gente con clase no la gente común ni de a pie. No logra identificarse y no lo hizo durante los 22 años. No hay recuerdo sobre algún acercamiento con estas personas”.

Aunque, comenta, los políticos creen que siendo un jerarca católico tiene poder con su pueblo en este caso Norberto no lo tiene. Porque no logra tener esa penetración con la sociedad, no tiene un grupo que lo siga; él nunca ha hecho una protesta ni siquiera con lo del aborto o matrimonios igualitarios. Él siempre manda a operadores políticos. 

En tanto, Barranco retoma la idea y agrega que Norberto Rivera vende la idea que la iglesia tiene una enorme influencia en la población y que por lo tanto se convierte en un factor de gobernabilidad. Esto para que la iglesia no se quede al margen de los grandes temas de la agenda política. E indica que grupos como el de Atlacomulco piensan que la Iglesia es un factor gobernabilidad y un factor que ofrece legitimidad.

En los últimos años la clase política ha tenido un proceso de desvinculación con la ciudadanía y por lo tanto muchos políticos ven en la iglesia un factor de legitimidad incluso hasta les queda bien decirse creyentes católicos. Como ejemplo, el autor propone ‘la simulación’ de los Duarte, los dos entregan su mandato y su persona al sagrado corazón de Jesús hacen ceremonias “pero son unos verdaderos pillos y así como ellos muchos lo han hecho”. 

Norberto Rivera ha sabido jugar con estos aspectos y cuando los políticos no están de acuerdo con la iglesia, también ha sabido sacar provecho; por ejemplo en el tema de los matrimonios igualitarios que en cierto momento fue acogido por Peña Nieto, meses antes de la elección 2016, y entonces cae el PRI en muchos estados. Ahí la iglesia vende como propio el voto de castigo católico. 

“Entonces él dice: ‘ya vieron, se pusieron de lado de los matrimonios igualitarios, están contra la iglesia vean cómo les fue’. Es un voto de castigo católico. Sin embargo la Iglesia no tiene un poder definitorio en cuanto a quién gobierna el país”, señala Barranco. 

Los autores coinciden que la mayoría de los curas son priístas. Y Bernardo Barranco indica que esto es porque el PRI ha dado muchas dádivas, concesiones, arreglos a los templos, así como programas sociales. “Ha sido muy generoso con la iglesia y la mayor parte de las entidades están gobernadas por el PRI. Hay una natural relación de cúpulas. Pero la iglesia no es absolutamente priista, ni tampoco panista. La iglesia es la iglesia. Tiene agenda propia se va con aquellos que le dan mayor cabida a sus intereses, a sus planteamientos, a sus reivindicaciones por eso en el 2000 votó por la alternancia pero no significa que sea panista. 

Incluso también estuvo a favor de López Obrador en 2006, pero cuando pierde el primero que hace la cargada con Felipe Calderón, es Norberto Rivera a través de este grupo interreligioso, es el primero que le da la legitimidad. Finalmente la iglesia tiene un partido que se llama la iglesia. Sus intereses propios independientemente de por donde vaya”, afirma contundente Barranco.

A su vez, afirma que cada vez es más alta la presión de la politización de los actores religiosos no solamente de los obispos. Barranco ejemplifica sus palabras con el caso de Alejandro Solalinde. “Abiertamente entra al proceso electoral y viola como si fuera la derecha los preceptos constitucionales que plantean una clara separación del principio histórico iglesia-Estado. Donde no deben de meterse los curas en las elecciones. 

Solalinde se suma a Norberto Rivera y a otros muchos más, solamente que él del lado del izquierda, los pobres y desprotegidos, pero para términos de ley es exactamente lo mismo. No basta que esté a favor de la justicia y de los pobres para que se meta en el proceso electoral. Lo mismo se le reprocha a Norberto Rivera por cuestionar a candidatos que defienden el aborto o a los homosexuales. Igual debe ser para Alejandro Solalinde quien defiende a los pobres y critica la corrupción”, puntualiza Barranco.

Sin duda alguna, la obra Norberto Rivera. El pastor del poder (Grijalvo, 2017), aporta un conjunto de ensayos que conforman una sólida imputación a una fallida aventura de la iglesia que apostó por la disciplina y la regresión.  

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