(20 de noviembre, 2018. Revolución TRESPUNTOCERO). – Contado en tres grandes hitos, Crónica de la victoria (Planeta, 2018), es el legado escrito de la victoria democrática de un país: una narración del triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en las recientes elecciones para presidente de México. 

El escritor Fabrizio Mejía Madrid, realiza de forma magistral la crónica de un cambio de paradigma contada desde el momento en el que pueblo inunda la Plaza de la Constitución, el emotivo y esperanzador discurso del presidente electo y las millones de formas que tiene la Regeneración. 

La obra está sustentada en entrevistas, anécdotas inéditas, datos históricos y filosóficos, que dan como resultado una notable investigación, en donde Mejía Madrid construye una recreación periodística de cómo Andrés Manuel López Obrador finalmente obtendrá la banda presidencial este 1 de diciembre.

Además, lo que representa esto para todos los millones de mexicanos que confiaron y votaron el pasado 1 de julio por él, con lo cual explica porque México se encuentra frente a un momento histórico sin precedentes. 

“Esta es la historia de una voz repetida durante años, una voz que muchas veces intentaron callar, pero que fue pasando de boca en boca, hasta convertirse en un canto nacional”, se asegura en Crónica de la victoria.

El autor explica que el triunfo histórico de Andrés Manuel López Obrador tenía que plasmarse en un libro. “No hacerlo era como dejar pasar la victoria de Salvador Allende; nadie más lo está escribiendo”, explica. 

Mejía Madrid puntualiza en el comentario recurrente aquél 1 de julio por la noche: “pensé que no lo iba a ver”. Esto, explica, se replicó porque era un presidente electo de la izquierda, preciso es mencionar que la izquierda era ilegal hasta el 77, es por ello que muchas generaciones no lo creían posible.

“A esto se suma el voto de los más jóvenes -de 18 a 21 años- quienes tenían la idea de no repetir la historia y creyeron en la elección y salieron a votar. Es por esto que amerita celebrarlo. Tener una constancia de que sí pasó eso, que sí ganó la izquierda.

Ganó por mucho y ganó la mayoría, porque la gente votó en bloque. Era un ‘ya basta’ de tres cosas: Un tema muy importante fue la violencia. López Obrador propuso la amnistía, vio el problema de una forma diferente a los otros dos, que decían ‘seguimos igual, nada más que más intensificado’; una cosa que no ha dado resultado ¿por qué la vas a intensificar?”, comenta el escritor Fabrizio Mejía a Revolución TRESPUNTOCERO.

El autor señala que, Andrés Manuel también planteó el problema de la corrupción, en medio de un sexenio que había sido especialmente corrupto:

 “Para empezar, él era el único que podía encarnar la honestidad porque no le conocemos ninguna corruptela. Además, los electores se dieron cuenta muy bien que cada vez había una distancia mayor entre justicia y legalidad.

“Cuando se aplicaba la ley no se hacía justicia. Peña dijo con respecto al tema de la Casa Blanca que era legal; lo que nosotros cuestionábamos era por qué lo hizo. No es moral lo que hizo. Andrés Manuel era el único que podía posicionarse contra la corrupción; pobre José Antonio Meade tenía que cargar con el PRI y Anaya traía consigo todo el problema del lavado de dinero, por eso no pudieron con ese tema”, puntualiza.

El tercer tema podría ser más nebuloso, comenta el autor, y tiene que ver con el menosprecio de un 1 por ciento de la población que se siente más mexicano y desprecia al resto; se sienten iguales entre ellos nada más. Tiene que ver con el racismo, con la discriminación, porque no somos una sociedad donde el mérito y el talento son la vía para el reconocimiento sino solamente si eres alguien con contactos importantes, si eres corrupto o estás en complicidad con alguien más, añade. 

De todas esas maneras de ascender que no son del mérito y el talento, son de las que ya está cansada la gente y ven en Andrés Manuel a un hombre común que lucha contra los obstáculos, que es honesto, que tiene una familia normal. Se identifican y se dan cuenta que pueden hacer esa transferencia entre la sociedad de castas y una sociedad de mérito, añade, donde el esfuerzo tenga que ver con el resultado.

Para el escritor, éste es un cambio de régimen. Y como todo cambio régimen, explica, estamos viendo situaciones que nos sorprenden. “Aunque no sea armada habrá una guerra civil, esto pasa cuando existe un cambio de régimen. No queda de otra. Se arman bandos y está mal no ser parte de uno de éstos. 

“Pero el bando ganador no tiene por qué restregar en la cara al otro que es perdedor; como sí lo hicieron otros gobiernos, Fox lo hizo. Creo que todo este tema de la reconciliación tiene que ver con eso. En dos sexenios hubo mucha gente dañada, 240 mil muertos, 30 mil desaparecidos, nada más en el tema del crimen organizado, hay que sumar los agravios a los campesinos, las violaciones a derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas, el despojo del agua, de la tierra, entre otros agravios. Es por eso que la parte que dañó tiene que salir a decirlo, a pedir perdón, y a decir qué pasó y cuál es su justificación”.

En casos extremos como el de los 43 estudiantes desaparecidos, indica Fabrizio Mejía, se debe decir en dónde están, pedir disculpas públicas. Reparar el daño y sumar un compromiso institucional de que no se repetirá. 

Referente a lo anterior, el autor presenta en Crónica de la victoria un Decálogo del Dolor Nacional, que refiere a puntos precisos sobre reconciliación, daños a la vida y a la libertad de los mexicanos, la posición de la víctima frente al verdugo, y se cuestiona como se fue para una desaparición, una ejecución en las calles o la tortura”. 

Explicó que la indignación tiene una función moral: hacer justicia; “cuando tiene una demanda de reparación legítima, sirve como fuerza para iniciar un proceso de reconciliación desde la mirada de las víctimas”, escribe.

Fabrizio Mejía relaciona este tema con el intercambio verbal entre bandos y señala que debe detenerse además de dejar de decir que toda diferencia de opiniones es una división del país. “Hay que acostumbrarnos de los dos lados a aceptar que no tenemos la misma opinión. Hay que discutir las cosas que van a ser importantes, eso sí será parte de la reconciliación”.

En el tema de las consultas ciudadanas, comenta que, la mayoría de los 30 millones no es ni homogénea ni constante y no se va mantener seis años así, por lo que los puntos más importantes se van a votar. Hay que consultar -es la primera vez que escucho que los ciudadanos se quejan porque los consultan-; “creo que es una manera de gobernar en medio de la guerra civil donde, además, las primeras víctimas son los partidos: el PAN esta una crisis, el PRI en su mínima expresión, el PRD no existe y los demás perdieron los registros”.

 El escritor afirma que para conocer la opinión pública se requieren las consultas, para contabilizar y poder gobernar. En esa línea, retoma el tema del próximo presidente de México y señala que, como hombre de izquierda, será consecuente. “Los de derecha no tienen por qué, la izquierda es la que tiene que justificarse, la que tiene que explicar, la derecha simplemente se pliega a la realidad, a la injusticia. Ellos son así y no explican nada.

 “Andrés Manuel sí lo hace; hemos llegado al colmo que los que no votaron por él le piden que cumpla sus promesas y eso tiene que ver con que la izquierda está obligada a cumplir porque es parte de su naturaleza, ser honesta, hablar con la verdad. Ser izquierda es ser bueno cuando los malos son más, que es la definición de los electricistas. Es esa integridad. La cercanía de Andrés Manuel desde siempre con la gente hace mucho más personal del ejercicio del poder”.

Por lo que, agrega, los ciudadanos tendríamos que ser también consecuentes. Elegimos por una vía democrática a un presidente, por lo tanto, no todo tiene que ver con el presidente. Hay cosas que tienen que ver con el Congreso, con los gobernadores y hasta con los medios y los jueces. 

Lo que se necesita, señala, es aprender otra narrativa de las demandas. No todo tiene que ir con el presidente, también está San Lázaro, en ese sentido hay una gran cantidad de poderes que tiene que ver con las demandas de la gente, explica Mejía Madrid.

En referencia a los medios, comenta que, siguen con la misma narrativa ‘extraña’ de darse por ofendidos a la mínima provocación. “No les gusta ‘fifí’ y hablan de muchas cosas que no son ciertas, que son especulaciones; son los primeros que dicen cosas como: ‘ojalá me equivoque, pero…’, quieren que le vaya mal Andrés Manuel, en el fondo de su corazón, para tener la razón”. 

Cita a Voltaire, quien decía que “la peor idiotez es querer tener la razón” e indica que, “ellos quieren tener la razón, no me explico por qué. Les van a quitar el dinero, entonces la relación con el Estado va a estar basada en la información”.

Puntualiza que después de una votación, siempre la ‘comentocracia’ queda en outside, “con la consulta pasó lo mismo, se fueron de boca con la supuesta caída del peso, pero se recuperó el peso; es una cosa absurda, lo que dicen no tiene ningún sustento. Por eso digo que hay que recuperar la verdad porque no vamos estar debatiendo sobre opiniones”.

Con respecto a lo anterior, Mejía Madrid, pone como ejemplo a medios que pusieron en sus cabezas ‘miles de personas’, en referencia a la manifestación a favor del NAICM.

“¿Cómo esa cabeza? Cuando a la izquierda nos cuentan 1 por 1 y hasta le bajan. La prensa hace una labor que no le corresponde, no son el contrapeso. Eso lo deben ser los gobernadores, los partidos, el Congreso, los jueces. Además, confunden ser objetivos con ser neutrales. La idea es decir la verdad cuando sabes que es verdad, aunque le duela a alguien”, explica. 

Añade que la prensa se ofende con el término ‘fifí’, pero, “¿cómo le llamamos entonces? Una palabra no divide y no polariza sobre todo si es una palabra dirigida a señalar un privilegio. ‘Chairo’ es una discriminación de clase, de color de piel y ellos lo usaron y lo siguen usando; así como el término ‘populista’ que lo usan como un peyorativo. 

“Ochoa Reza llamó a los de Morena ‘prietos’, es decir, de este lado sí tenemos que aguantar todos los insultos y si ponemos un adjetivo para señalar un privilegio ‘fifí’, se ofenden, cuando nos merecemos una disculpa de parte de ellos. Pero por otro lado es incorrecto decir que polariza lo de ‘fifí’, cuando lo que polariza realmente es que se humille a cierto tipo de mexicanos, eso sí y eso no lo es para ellos. Institucionalmente se discrimina a la gente por el color de piel, su origen familiar, su nivel educativo, el puesto de trabajo que ocupa. La discriminación institucional eso sin polariza y eso es lo que nos trajo aquí, porque ellos insistieron en hacerlo a pesar de todo”, reflexiona Mejía Madrid. 

Como respaldo, trae a tema la más reciente encuesta de movilidad social y color de piel, que indica que quien tiene el color de piel más moreno ocupa los cargos más bajos. “Estamos haciendo algo como de apartheid eso sí es una polarización social porque te cambia la vida sólo por tu aspecto. El decir “fifí” eso no. No existe el racismo al revés”. 

Añade que una palabra sólo los separa, pero la estructura está hecha para favorecerlos y les desfavorece a los morenos a quienes llaman “chairos”. 

Sobre la ética en el ejercicio de la autoridad pública, señala que existen dos tipos: la de la convicción Y la de la responsabilidad. En ese sentido, escribe Fabrizio, el “no mentir, no probar, no traicionar”, no es un discurso de López Obrador, sino de Max Weber en 1919. 

“¿Debiéramos pedir, entonces, a casi un siglo del texto de Weber, un ‘código de ética’ para los políticos?”, escribe y responde que al parecer existe y se llama opinión pública, ese clima que ninguna encuesta alcanza a retratar”, escribe en su más reciente libro.

A propósito de este tema, señala que la ‘Constitución moral’, no debería llamarse así. “Debería de ser una cartilla ética. Porque hay ciertas cosas que no tienen que ver con educación, pero tienen que ver con lo que cree esa mayoría de los 30 millones sobre los demás. 

“Que los demás no son medios para tu fin, que lo que nos hace individuos valiosos no es nuestro propio interés y lograr el éxito personal, sino ayudar a los demás, colaborar con las comunidades y situaciones similares, lo que va en contra de la ideología del neoliberalismo que es individualista, que es competitivo y de ganar a toda costa y utilizar a los demás como medios para fines particulares”. 

Añade que a partir del anuncio de la ‘Constitución moral’, algunos se escandalizan algunos diciendo nos quieren moralizar el Estado. “Yo lo único que digo es que, quien nos ha paralizado es el mercado y nadie le ha pedido cuentas. Existe un sujeto neoliberal que le podemos poner nombre y apellido: Ricardo Anaya. El tipo es eso, era capaz de decir mentiras en la televisión, falsear los datos, las estadísticas, todo con tal de ganar. Él es un tipo moralizado por el mercado. 

“Lo que tenemos que valorar como sociedad es a la gente que ayuda y no a la gente que tiene mil millones de dólares. Considero que es lo que está detrás de la propuesta de la Constitución moral”, señala.

Sin embargo, advierte que de hacerse, será atacada desde dos flancos. El primero asegurar que el Estado quiere introducirse en la vida privada y por otro lado estarán quienes consideren que este tipo de preceptos tienen que ser ofrecidos en las familias. 

Sin embargo, aclara Mejía Madrid, el tema no tiene que ver con lo religioso y tampoco con la superación personal: “lo que nos da sentido como seres humanos no es la individualidad, de ahí no va salir nada más que competencia. Lo que nos hace valiosos es colaborar con los demás. Si esto no redunda en la felicidad, entonces para qué se está haciendo”.

Andrés Manuel López Obrador sigue siendo el mismo, puntualiza Fabrizio Mejía Madrid, pero los medios lo dividen en tres: el de los pozos petroleros, el jefe del Gobierno del DF y otro, el presidente electo. “Pero es el mismo, porque las mismas batallas que ha escogido son las mismas y las maneja igual. El asunto del Fobaproa es como manejó lo del aeropuerto.

“Él sí cree que debe haber una diferencia entre poder económico y poder político. Que el Estado mexicano tiene otros fines distintos a los que tenían los empresarios y eso se ve desde el Fobaproa, su enfrentamiento con los medios lo ves desde el principio. Siempre los ha manejado igual y siempre marca la agenda. Él es el mismo, pero los medios no se acuerdan cómo surge este candidato y cómo la gente le deposita a él, hasta llegar al 1 de julio, todas las expectativas, todas las aspiraciones de eso que él representa a pesar de él mismo”, puntualiza.

A la idea anterior, el escritor suma que, López Obrador es moreno, es de Tabasco, habla raro y siempre dice las mismas cosas, “por eso la gente le depositó su confianza porque lo sienten igual que ellos”.


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Emma Martínez

Periodista e investigadora social. Especialista en Política Internacional, Historia militar y del combate siglos XX y XXI. Líneas de investigación: Conflictos bélicos de Medio y Próximo Oriente, terrorismo, ejecuciones extrajudiciales, tortura y desaparición forzada por parte de Fuerzas Armadas Mexicanas.