(09 de enero, 2019. Revolución TRESPUNTOCERO).- “En México hacer caricatura política sería lo más conducente. Yo creo que por eso no hago caricatura política”. El caricaturista Víctor Solís, atraído por el dibujo de humor desde pequeño, se especializa en sus temas predilectos: medio ambiente, sociedad, ciudad y economía; sin embargo, evade la caricatura política, razón por la que se mantiene prácticamente al margen del mainstream nacional. 
Ha publicado en casi un centenar de espacios, tanto en revistas y periódicos, como en libros y proyectos gráficos que han requerido un toque humorístico, a veces crítico, a veces reflexivo. Su más reciente libro, Sin decir ni pío (Lumen/Random House 2018), recorre las distintas interpretaciones y reacciones sociales a la vida diaria.
El trabajo de Naranjo, Elio Flores, Rius, fueron sus mayores influencias. Siendo los dos primeros quienes considera, mostraban en sus trazos cómo hacer una crítica aguda sobre actos y personas en específico. “Pero te decantas hacia donde te gustas más las cosas. En cierto modo, no nos volteábamos a ver a nosotros. Lo usual era decir lo que pensábamos a los políticos pero la sociedad de la que emanan parecía estar libre de pecado”, comenta a Revolución TRESPUNTOCERO Solís.
Sin decir ni pio es: “Un libro que no dejará ileso al lector”, se asevera en la presentación. En tanto, Héctor Aguilar Camín afirma que: “Lo que dicen sus trazos no es sólo lo que vemos, eso que de inmediato nos hace sonreír, sino lo que está sugerido atrás, algo inexpresable que debemos entender, descifrar, adivinar: una revelación”.
“El lector reflexiona y el dibujo ha logrado su propósito. Al lector inadvertido hay que decirle que no se trata de un libro de chistes. 
“Llegar a esta síntesis, decir más con menos, requiere trabajo, lecturas, capacidad de relacionar y entrar al juego que la imaginación imponga con humor, ufa”, asevera Palomo.
En cierto tipo de cartón le interesó a Solís hacer una autocrítica. Y vio una ventana de oportunidad ya que nadie hacia este tipo de trazos donde se hiciera crítica y reflexión de ese tipo. Solís asegura que desde siempre le se inclinó por el “humor situacional”, de plantear gráficamente una escena donde cualquier se puede identificar porque es lo cotidiano.
Foto: Emma Landeros/ Referente 3.0
“Cualquiera de los cartones es anecdótico lo único que hago es llevarlo un poco más al extremo para que finalmente se convierta en cartón de humor, pero son basados en la realidad, prácticamente todos los cartones tienen un vinculo con lo que vemos en la calle, con la familia, en la casa”, señala.
Víctor Solís observa el comportamiento de la naturaleza humana, qué es lo que los humanos suelen hacer. Y siempre hay un mecanismo que detecta situaciones que pueden ser dignas de ser llevadas al papel, porque la intensión inicial es compartir a los demás los trazos y provocar una sonrisa o una reacción, que nace al identificar la escena. “Te metes en los zapatos del otro y juegas con la imaginación”.
Solís comenzó a dibujar en revistas y se mantuvo durante 14 años publicando en revistas de aerolíneas. “Lo que de repente hacía, cuando había un tema que me pegaba, como el cartón ambiental -del cual ya saqué un libro-, tocaba puerta en periódicos pero me decían que el medio ambiente no era noticia a menos que hubiera un terremoto o un huracán, algún incendio forestal.
“E intentando dejar de lado el amarillismo. Creo que no es el modo de llegar a la gente. Lo que se hace es hablar del medio ambiente y se juega con una visión aparentemente ligera, no agresiva y es bastante efectivo el método”. 
Solís señala que ahora mismo hay mucha más conciencia sobre el medio ambiente. El autor  señala que en todos los medios para los que ha publicado siempre ha propuesto el cartón verde. Porque a nivel local, nacional y global siempre existe un tema e incluso llegan a agolparse. 
“A la gente realmente le llega el tema, aunque no es lo usual. No creo ser un cartonista de masas, pero no es mi búsqueda. Se trata hacer mi trabajo y hacerlo bien”, añade Solís. 
La colección de Sin decir ni pío, consta de 120 ilustraciones donde el autor se propone hacer cartones sin palabras. “Busqué todos esos trabajos sin texto se publicaran sin usar el alfabeto, muchos cartones los tuve que volver a trabajar porque son atemporales a comparación del cartón político que es coyuntural. 
“La idea era provocar una experiencia silenciosa con un hilo conductor. Se parte de un tema con dos o tres cartones y en el último hay uno que se conecta con el siguiente. Lo difícil fue buscar el vínculo en esos 120 cartones”, señala el autor.
Quien asevera que no quiere que la gente se concentre en lo chistoso sino que se fije en el concepto en la escena y en el mensaje. Aunque, comenta, es difícil plantear conceptos sin usar palabras, en algunas ocasiones. “La manera en que dices las cosas refleja un tipo de humor. A mí me gusta el humor el inglés -es más irónico-, busco dar cierto toque de intensión a los personajes, con cierta cercanía a la realidad”.
Del tema político, Solís ha hecho en diversas ocasiones, comenta, a Donald Trump ya que comenta, es un personaje muy ‘caricaturizable’, así como sus acciones durante toda su gestión. En cuanto a la política nacional, señala que es tan grande el universo de caricaturistas que ya existen que prefiere abstenerse.
Foto: Emma Landeros/ Referente 3.0
Pero cuando llega hacerlo, trata de enfocar el tema político desde la visión de los ciudadanos. “Porque al final de cuentas me gusta la posición del ciudadano de a pie que vive la vida cotidiana y trato de enfocarme en cómo se observan ciertas situaciones desde su punto de vista”.
Solís señala que el cartón no tendría que ser necesariamente una cuestión de utilidad social o de utilidad de conciencia, “se vale divertirse y jugar. El dibujo humorístico debe tener humor como elemento principal”. 
El autor estuvo entre la ilustración y el cartón y casi siempre ha hecho este último con color, esto usando acuarelas y otras herramientas tradicionales, “donde me tardo mucho menos que si lo hiciera digitalmente y tienes el plus del accidente”.
Sin decir ni pío, “es un libro de humor cotidiano, como el vinagre: balsámico para disfrutarse. Es para detenerse un poquito y atraparlo, porque algunas veces no se encuentra el detonador.
“No es una historia continúa, lo puedes empezar desde la última página o en medio es muy versátil. Si de por si somos muy visuales, estás imágenes te piden que las saborees, no es fast fud, Sin decir pío marida ver con café, mezcal o vino”.

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Emma Martínez

Periodista e investigadora social. Especialista en Política Internacional, Historia militar y del combate siglos XX y XXI. Líneas de investigación: Conflictos bélicos de Medio y Próximo Oriente, terrorismo, ejecuciones extrajudiciales, tortura y desaparición forzada por parte de Fuerzas Armadas Mexicanas.