“Ardentía” es esa especie de reverberación fosfórica del mar especialmente en las olas agitadas por la luna.

Además de ser un portentoso hecho de la naturaleza, “Ardentía” es el nombre con el que Reyna Pérez ha bautizado una compañía de danza independiente mexicana que, así como las olas del mar, va construyéndose a sí misma desde hace 17 años.

Visitamos a quienes forman parte de este proyecto. En el salón 15 de la Escuela Nacional de Danza Folklórica, el calor del aula contrasta con la baja temperatura que el mes de enero estampa contra las paredes de cristal.

Y ahí están ellas: saltando, volteando, volando, cayendo, girando. Las zapatillas de ballet muestran los estragos de horas de ensayos. Pero sus rostros, muy al contrario, delatan el entusiasmo, la entrega y constancia en cada paso.

 

Hace unos meses, la compañía hizo eco en el país el mundo; sacó la danza a las calles. En las cebras de las avenidas más emblemáticas de la Ciudad, los tutús sorprendieron a los capitalinos con fragmentos de menos de un minuto de obras clásicas.

 

Emocionados, los citadinos veían un pedacito de este hermoso y difícil arte cerca; palpable, asequible. El evento hizo eco en todos los medios mexicanos y en el extranjero.

Ahora, ensayan incansablemente para nuevos proyectos. Pero en términos personales, también tienen una inspiradora historia.

 

Manuela Ospina nos cuenta que llegó desde Medellín, Colombia, a México. Aquí,  vio la oportunidad de explotar todo su talento. Recuerda que comenzó desde muy pequeña por este camino, gracias a su madre, a quien le encantaba ver danza folklorica.

 

Dejar su país por este sueño implica más de lo que cualquiera se imagina. Al tratarse de un grupo independiente, el tema económico es complicado. Extra a la compañía, hay que buscar actividades laborales que permitan sostener el esfuerzo por danzar e inspirar al mundo a hacerlo.

Estefanía Muñoz nos cuenta una experiencia similar; desde los 4 años comenzó con el ballet -inclinación movida por su amor por el rosa y sus incansables ganas de hacer algo-. La autoexigencia y la creatividad, hicieron que Estefanía se decantara por la danza, siendo esta disciplina, aún después de terminar su carrera en psicología.

 

Vivir de la danza, nos cuentan, no es sencillo. En realidad, hay grandes dificultades en ello. Son pocas las instituciones que lo apoyan; no existen suficientes recursos para vivir de ella sin más. Pero, cuando se ama bailar,, lo imposible deviene en realidad.

 

Así, Ardentía resiste a las dificultades. En cada función, regala a los mexicanos la oportunidad de presenciar un espectáculo de calidad, cuyo esplendoroso resultado es la culminación de horas de ensayo; de buscar espacios, gestionar eventos y, sobre todo, un montón de amor por la danza.

 

Si quieres seguir más de cerca esta compañía, síguela en Facebook. Próximamente, se presentarán en Irapuato.

 


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Carolina Romero