(28 de enero, 2019. Revolución TRESPUNTOCERO).- Nadia Murad fue víctima de la yihad sexual del Estado Islámico. Ahora se ha convertido en defensora de los derechos humanos, en la primera persona en ser nombrada Embajadora de Buena Voluntad por la Dignidad de los Supervivientes de la Trata de Personas de las Naciones Unidas y es ganadora del Premio Nobel de la Paz 2018.
Su historia inicia el 15 de agosto de 2014. Cuando la vida de Nadia Murad cambió para siempre. Las tropas del Estado Islámico irrumpieron en su pequeña aldea del norte de Irak, donde la minoría yazidí llevaba una vida tranquila, y cometieron una masacre.
Ejecutaron a hombres y mujeres, entre ellos a su madre y seis de sus hermanos, y los amontonaron en fosas comunes. A Nadia, que tenía veintiún años, la secuestraron, junto a otras miles de jóvenes y niñas, y la vendieron como esclava sexual. 
Los soldados la torturaron y violaron repetidamente durante meses, hasta que una noche logró huir de milagro por las calles de Mosul. Así emprendió el largo y peligroso viaje hacia la libertad.
“De pequeña, Nadia, una niña campesina, jamás hubiera imaginado que un día hablaría ante las Naciones Unidas ni que estaría nominada al Premio Nobel de la Paz. Nunca había pisado Bagdad, ni siquiera había visto un avión”, se reseña en Yo seré la última (Plaza Janés-Random House 2018).
La historia de Nadia insta al mundo a prestar atención al genocidio de su pueblo. “Es un llamamiento a la acción para detener los crímenes del Estado Islámico, un poderoso testimonio de la fuerza de voluntad humana”. 
Yo seré la última es, asimismo, una carta de amor a un país desaparecido, a una comunidad vulnerable y a una familia devastada por la guerra. El trágico testimonio de Nadie es un grito de auxilio al mundo. Para que no se olvide lo que miles de familias, niñas y niños padecen. Porque quiere ser la última que tenga que vivirla, Nadia cuenta su historia, su cautiverio y su lucha contra el Estado Islámico.
Julia Navarro de Europapress con precisión afirma que: “No, no es un libro más, no se trata de otra historia de la guerra, se trata de un testimonio desgarrador ante el que no podemos ni debemos permanecer indiferentes y por tanto debemos hacer lo imposible por hacer realidad que un día Nadia vea sentados ante el Tribunal de La Haya a todos esos hombres que llevaron a las entrañas del infierno a miles de niñas y mujeres”.
En 2016, Nadie Murad formó parte de la lista de las 100 personas más influyentes que publica Times. Y reseñó que “Nadia Murad forma parte de esa larga e invisible historia de mujeres fuertes e indomables a quienes ni siquiera la violación como táctica de guerra ha podido doblegar, que siguen en pie y están dispuestas a romper el odioso silencio impuesto y a exigir justicia y libertad para sus hermanas”.
Murad dio voz a un abuso indescriptible en Iraq cuando los extremistas violentos de ISIS atacaron brutalmente a la gente Yazidi, especialmente a mujeres y niñas. Ella ha recorrido el mundo contando su historia y pidiendo justicia para su pueblo.  
Nadia Murad pidió en la ONU que la comunidad internacional juzgue a los militantes del ISIS por el exterminio de los yazidi, una minoría religiosa en Iraq, que ha sido víctima de masacres, reclutamiento forzoso, violaciones sexuales y trata de personas.
En su libro Nadia narra cómo pese a ser su única forma de contraataque el suicidio pensó en su madre y el dolor que le hubiera causado. Sí, frente a los soldados dispuestos a convertirla en esclava sexual junto a otras niñas y jóvenes más muchas preferían la muerte. 
Sin embargo, narra la joven en el libro, desistieron de ello y pactaron seguir adelante hasta que en algún momento tuvieran frente a ellas la oportunidad de escapar del infierno en el que habían caído.
Nadia Sueña con llevar ante la justicia a todos los militares algún día, no sólo a los líderes, sino a todos los guardias y dueños de esclavas; a todos los hombres que apretaron un gatillo y lanzaron los cuerpos de sus hermanos a las fosas comunes; a todos los combatientes que intentaba lavar el cerebro de los niños para que odiarán a sus madres por ser yazidíes; a todos los iraquíes que dieron la bienvenida a los terroristas en sus ciudades y los ayudaron, mientras pensaban: “por fin podemos deshacernos de esos infieles”.
Nadia escribe que todos deberían de ser juzgados ante el mundo, como los líderes nazis tras la Segunda Guerra Mundial, sin darles la oportunidad de ocultarse. La Premio Nobel de la Paz llega a ser comprendida por el lector cuando página a página vive su narración, la acompaña de lejos en su sufrimiento, paso a paso descubre los momentos de tragedia de ella y de las otras chicas. 
En Yo seré la última, la joven vuelve a desgarrar la herida al describir aquellos meses en los que fue convertida en esclava sexual, transgrediendo su ser, su cuerpo, su persona. 

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Emma Martínez

Periodista e investigadora social. Especialista en Política Internacional, Historia militar y del combate siglos XX y XXI. Líneas de investigación: Conflictos bélicos de Medio y Próximo Oriente, terrorismo, ejecuciones extrajudiciales, tortura y desaparición forzada por parte de Fuerzas Armadas Mexicanas.