(03 de febrero, 2019. Revolución TRESPUNTOCERO).- A dos años y siete meses de la tragedia en Nochixtlán, Oaxaca, los sobrevivientes y las familias de los caídos permanecen sin justicia y sin verdad. Al saldo de más de un centenar de heridos por arma de fuego y ocho muertos se suman diez menores de edad, “a quien el gobierno y las fuerzas de seguridad los dejaron huérfanos”, reclaman las viudas. 

A los niños no se les menciona, permanecen en el anonimato pese a ser los más afectados. Todos ellos con daños psicológicos, además de afectaciones económicas. “Su crecimiento ya no será el mismo. Sus padres no los abandonaron. A sus padres el gobierno se los asesinó”, aseguran las madres. 

Uno de ellos es Ángel. Tenía seis años cuando a su padre, Silvano Sosa le estalló un artefacto en el estómago aquel domingo 19 de junio de 2016.  

Silvano fue un campesino dedicado a la siembra de hortalizas y jitomates para la manutención de su esposa y sus cinco hijos. El menor de sus hijos, Ángel fue quien resintió su muerte, aseguran sus hermanas. El niño se despertaba por la madrugada, un poco antes que su padre para poder acompañarlo a sus actividades en el invernadero que construyó luego de obtener un préstamo. “Eran inseparables”, comentan.

Aquel domingo, Silvano Sosa al igual que un grupo de vecinos salieron de la comunidad San Pedro Ñumi y se dirigieron con rumbo a Nochixtlán, para apoyar a maestros y civiles, tras correrse la voz que estaban siendo atacados por por policías municipales, estatales y elementos de la Gendarmería. Quienes se aseguró, estaban armados.

Aquel 19 de junio de 2016 se perpetró en Nochixtlán uno de los ataques más terribles de las fuerzas armadas contra maestros y la población. Con alevosía, las policías local, federal y la gendarmería tomaron por asalto la comunidad de Oaxaca. No hubo enfrentamiento. Maestros y población no tenían armas y nada impidió los balazos por aire y tierra.  El saldo fue más de un centenar de heridos de bala, una treintena de niños intoxicados por gas lacrimógeno y ocho muertos. (Fragmento extraído de Nochixtlán Un domingo negro. Radiografía de una masacre. Aguilar/Random House 2018).

Tres horas pasaron antes que Silvano pudiera llegar a la autopista. Poco tiempo después fue herido. Su muerte fue lenta, aseguran los testigos. “Desde hace casi tres años, los hijos y la esposa de Silvano hemos padecido la impunidad de la masacre. Después que el gobierno nos quitó a nuestro padre, hemos vivido en medio del dolor y el desamparo. Por más que mi madre hace todo para salir adelante cada vez es más difícil”, narró a Revolución TRESPUNTOCERO Jazmín, hija mayor del matrimonio Sosa Reyes.

De acuerdo al testimonio de la adolescente, el invernadero de su padre quedó en el abandono. “Se necesitaba conocer cómo sembrar y cosechar el jitomate, también invertir en fumigación y plaguicidas porque es un producto delicado y no teníamos las posibilidades. Por lo que ahora mi madre se ocupa de sembrar lechuga, chiles, cebolla o rábanos. 

“A veces ganamos 50 pesos a veces hasta 200 a la semana y con lo que junta de los sombreros de palma que hace intentamos sobrevivir. No es suficiente. Pero desde la muerte de mi padre quedamos en el desamparo y hemos luchado para que mis hermanos menores no tengan que dejar la escuela”, explicó.

Además de Jazmín, a Silvano le sobreviven sus otros cuatro hijos: Brenda de 16 años quien cursa el cuarto semestre de bachillerato; Silviano de 14 años que asiste al tercer grado de telesecundaria; Elizeth de 10 años que está en quinto grado de primaria y Ángel el menor de ocho años que va en tercer grado de primaria.

Horas después después de la salida de los campesino de San Pedro Ñumi, la policía recorrió las calles de la comunidad pidiendo que los vecinos se reunieran para un anuncio que les darían. “La gente se juntó muy rápido y ahí fue donde a mi mamá le dijeron que mi papá había fallecido”.

Al llegar a su casa Jazmín encontró a familia y vecinos reunidos en su casa. Mientras avanzaba la gente le decía: “lo siento mucho”. Pudo hablar primero con su hermana Brenda quien lloraba inconsolable y a penas logró decirle que su padre había muerto.

“¡No es cierto. No te creo. Mi papá no está muerto!”, expresó Jazmín. “Seguí caminando y vi a mi mamá, ella no podía parar de llorar y le pregunté por qué estaba así y me dijo que mi papá estaba muerto. A ella también le dije que no era cierto. Que mi papá estaba vivo.

“Pero al llegar a la sala vi que estaban arreglando todo para que pudieran poner el ataúd y fue cuando acepté que a mi papá lo habían matado”, recordó Jazmín. Ella comenta que un nuevo gobierno llegó al poder, pero no por ello su familia sigue ha visto algún avance en el caso. 

Jazmín mencionó que es necesario que el gobierno de Andrés Manuel López Obradro entable un diálogo con las familias de los caídos, para que conozca las carencias que han padecido desde hace más de 30 meses. 

“La muerte de mi padre debe tener justicia. Todas las familias exigimos la justicia que por derecho nos corresponde. Mi madre que no puede sola, mis hermanos que necesitan apoyos para continuar con sus estudios, necesitamos verdad y esclarecimiento de los hechos, así como todas las familias que resultaron gravemente afectadas de una u otra manera”, comentó la chica.

CEAV negó atención psicológica a menores porque “no les iba a afectar”

Dentro de los diez casos de menores de edad huérfanos producto de la masacre, se encuentran los hijos de Anselmo Cruz Aquino. Viridiana, su esposa comentó a Revolución TRESPUNTOCERO que actualmente los niños Yaretzi Ximena y Marco Antonio, tienen siete y cinco años, respectivamente.

Aquel domingo, entre las 11 y 11:30 de la mañana, un policía apuntó con un arma y fijó como objetivo a Anselmo. De inmediato la bala penetró la boca del joven, bajó por su cuello y pudo haber salido por las costillas, en vez de eso, dio vuelta en ‘U’ y llegó a los pulmones para perforarlos. 

El cuarto de siete hermanos tenía padres, una esposa y dos pequeños hijos que hoy también padecen afectaciones psicológicas y económicas. Pensar en el joven de 33 años y la forma en que murió “es sentir que en México el Estado convirtió la vida en injusta y cruel. Nos tiraron a matar porque no valíamos nada para ese Gobierno”, señaló la familia.

Un año después de la tragedia, José Luis Aquino comentó durante una entrevista: “Honestamente entra la desesperación porque yo veo a mi hermano con un pedazo de piel colgando y cómo trata de respirar, trata de mantenerse despierto. Recordar eso es do­loroso porque todavía está presente, duele mucho. Recordar es volver a sentir esa impotencia que se tiene al querer salvarlo y no poder. Todo pasó en tres minutos máximo, no más. Era Día del Padre, nosotros íbamos a visitar al nuestro, pero en vez de eso mi padre de regalo recibió a su hijo muerto”.

Viridiana asegura que emocionalmente no se ha recuperado y tampoco sus hijos. Y hasta el momento continúan padeciendo las secuelas del asesinato de Anselmo. “La situación que ahora vivimos es más complicada. Teníamos muchos planes y uno de ellos era construir una casa a nuestros hijos, darles estudios y todo lo que necesitaran.

“Pero estando sola me es complicado sostener a mi familia. Hay que pagar renta porque no tenemos una propiedad, comida, gastos de la casa, llevar a los niños al médico si lo necesitan. Debo trabajar pero también atenderlos, llevarlos a la escuela, ayudarlos en lo que requieren y estar con ellos cuando extrañan a su papá. Es Marco Antonio quien más ha sufrido y quien no ha parado de llorar por Anselmo”, comentó la viuda.

A esto se suma, señaló, que cada es más difícil responder a la constante pregunta de sus hijos: ¿Por qué murió mi papá? “Ha pasado el tiempo y aún seguimos sin justicia. Toda la situación que pasó en Nochixtlán quedó en el olvido. Nadie se acuerda y menos de nosotros. 

“Habemos familias que nos quedamos desamparadas. Niños huérfanos al que el gobierno de Peña Nieto les quitó a sus padres. Y luego hizo invisible la tragedia. Hay mucho dolor en los hijos de los caídos. Por qué ellos tuvieron que morir así. Por qué tanta crueldad para con el pueblo. Y también para con los niños huérfanos que padecen dolor por haber perdido a sus padres, traumas psicológicos y precariedad”, cuestionó Viridiana.

Marco Antonio, quien perdió a su padre cuando tenía tres años, recordó Viridiana, sigue preguntando por él. Además, a la madre la maestra del menor le ha informado que en varias ocasiones el pequeño interrumpe sus actividades y comienza a llorar pidiendo estar con su padre.

De acuerdo a lo informado por la joven madre, meses después de la masacre, CEAV dio atención psicológica ocasionalmente a las familias, sin embargo en el caso de Marco Antonio las terapias le fueron negadas. Bajo el argumento que “solamente tenía tres años, está muy chiquito. No le va a afectar”

A estas familias a quienes el gobierno les ha negado un diálogo donde puedan exponer sus principales problemáticas derivadas de la tragedia, solamente les queda confiar en que la Corte Interamericana de los Derechos Humanos pueda hacer justicia, comenta Viridiana.

“Tal vez así las autoridades mexicanas nos volteen a ver y comprendan que buscamos justicia para nuestros muertos y para nuestros hijos que después de dejarlos en el desamparo, el gobierno anterior no volteó a verlos”, expresó.

Cabe señalar que un grupo de sobrevivientes y las familias de cinco víctimas mortales se han independizado del Comité de Víctimas. Esto derivado de una serie de anomalías, que señalan, provocó un estancamiento del caso. “Nosotros queríamos y queremos justicia por eso fuimos a un tribunal internacional”.

Luego de ser gravemente herido con un arma de fuego, Anselmo fue trasladado al hospital comunitario donde lo atendieron en el suelo. Cuando vieron que era grave lo subieron a una camilla, ahí intentaron revivirlo. “Yo estaba preguntando qué había pasado con mi hermano mientras me cocían la herida”, narró Eloy, el hermano menor de Anselmo (quien también fue herido de bala). De pronto apareció José Luis y me dijo: “¿Sabes qué carnal? No aguantó” Yo no lo podía creer .

 En ese momento le pregunté a mi hermano José Luis: “¿Y ahora cómo le vamos a decir a su esposa? ¿Qué le va­mos a decir a papá y a mamá?” No sabíamos qué hacer, nos fuimos a la orilla de la carretera y nos quedamos en silencio pensando qué íbamos a hacer. (Fragmento extraído de Nochixtlán Un domingo negro. Radiografía de una masacre. Aguilar/Random House 2018).

“Han pasado más de dos años de la masacre y me preocupa que mi hijo todavía la sigue padeciendo al llorar constantemente en casa o en la escuela. Posiblemente necesita ayuda psicológica para poder avanzar.

“Nuestros hijos no han tenido apoyo. Pero confiamos en este Presidente. Así como informa cada mañana sus actividades pensamos que también pondrá atención a nuestros casos porque hasta ahora ni con las autoridades entrantes ni con las anteriores se pudo tener un diálogo. Yo le diría al señor Andrés Manuel López Obrador que nosotros no estamos pidiendo dinero. Queremos una investigación y justicia. Que se conozca quiénes dieron esa orden tan injusta y que paguen. Para mis hijos y los demás niños que se quedaron sin papá, esperamos pueda ayudarnos con algún apoyo para sus estudios y terapia psicológica”, pidió Viridiana. 

AMLO firmará decreto para crear Comisión de la Verdad… “si hace falta”

Sobre el tema el Presidente López Obrador respondió a Revolución TRESPUNTOCERO, que si es necesaria una Comisión de la Verdad y Justicia para el caso Nochixtlán, sí firmará un decreto para que se realice. “Si hace falta, lo hago, como lo hice en el caso de Ayotzinapa, es nuestra responsabilidad. Y ya en este caso hay avances”.

Sin embargo, las familias de los sobrevivientes señalan que hasta el momento no ha habido contacto con las autoridades del gobierno de México y mucho menos avances. Además, explicaron a este medio que, en semanas anteriores, el abogado Maurilio Santiago Reyes, representante del grupo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, coincidió con el Subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas a quien le pidió una audiencia, para explicar la problemática de los sobrevivientes y familias de fallecidos pero no se la concedió y aunque, agregaron, dijo que habría una fecha posterior, “esto no se concretó hasta el momento”. 

El Presidente Andrés Manuel, también respondió a este medio que “la atención a los niños es prioritaria. Nosotros vamos a actuar”. Por lo que las familias esperan que en esta ocasión sí se les tome en cuenta. 

“Con el Colectivo de víctimas de Nochixtlán y Tlaxiaco, no ha habido ningún avance. Ni se nos ha atendido. Viudas y niños permanecen en el desamparo. Nosotros decidimos independizarnos del Comité de Víctimas (que posiblemente es con ellos con quienes el gobierno ha mantenido diálogo) porque ahí no vemos que se esté exigiendo verdad, justicia y reparación del daño. 

“El Comité comenzó a tomar el camino de lo político y las denuncias ante PGR se iban retrasando y cuando nosotros las hicimos fue rápido. Eso puso en duda si van por el mismo camino. Nosotros que somos auténticos sobrevivientes y familias de masacrados brutalmente no somos reconocidos ante las autoridades pese a que el caso lo hemos llevado ante la CIDH. Queremos que también se nos atienda y comprueben que estamos abandonados”, explicó a Revolución TRESPUNTOCERO el familiar de una víctima mortal. 

Además, se informó a este medio que próximamente los casos de este grupo estarán siendo presentado ante la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, y cuya explicación estará a cargo del licenciado Maurilio Santiago. 

En la presentación se incluirán, además de los casos de caídos, el de Luis Bautista, un joven que pese a la negación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), a él sí le dispararon desde un helicóptero. 

El familiar de uno de los caídos en la masacre pidió al Presidente López Obrador, que los conozca. “Que sepa quienes somos las verdaderas víctimas, cuántos somos. Cuál es nuestro padecimiento y cómo fueron heridos y asesinados nuestros hermanos, padres, hijos. Cuántos huérfanos hay. ¿Está usted interesado en saber cuál es la historia que nos tocó padecer Presidente?”, comentó. 

Entre el grupo de menores en orfandad, se encuentran las hijas de Yalid. Él tenía 29 años; era Regidor de salud en la comunidad de Santa María Apazco. Estaba casado y sus peque­ñas son: Yareni Yamilet Jiménez Cruz de 10 años, Ángeles Zahory de 8 años y Dayana de 6 años. 

El joven llegó a la autopista donde se perpetraba el ataque, en busca de su padre, el maestro Juan. Yalid, como la mayoría de maestros y población en gene­ral, aventó piedras a los uniformados. Incluso avanzó varios metros al frente. 

300 metros, aproximadamente, separaron a Yalid de los policías que estaban ubicados en el puente, quienes observaron al grupo donde estaba el joven Regidor. Nada los protegió, no había árboles, ni arbustos grandes; apelaron a que “se encontraban lejos de los policías quienes no podrían dar­ les alcance con las balas de goma”.

Pero no eran balas de goma porque se vieron ráfagas. Se dieron cuenta que les estaban apuntando y se aventaron cuerpo a tierra, junto a otras 15 o 20 personas. Aproximadamente cinco federales fijaron como objetivo definitivo aquella zona . De acuerdo con videos obtenidos por Juan Antonio refirió que los elementos de la policía gritaron: “¡Al de rojo!”, seña­lando a Yalid.

Al joven le dispararon en cuatro ocasiones, la última aún cuando ya no se movía y el cuerpo permanecía inerte en la tierra. Se escuchó una voz decir: “¡Ya cayó!” A Yalid le dieron un primer balazo en la pierna, de inmediato y con las fuerzas que le quedaban se dio la vuelta para intentar correr, estaba de espaldas a los policías quienes volvieron apuntarle y le colocaron el segundo disparo, se sostuvo el es­tómago con las manos y gritó “¡ya me chingaron!”, cayó. Pero aún en el suelo le dieron un tercer balazo. Y ya sin moverse le volvieron a disparar por cuarta ocasión.

Hoy la esposa de Yalid se hace cargo de sus tres pequeñas hijas. Para solventar los gastos vende dulces y frutas afuera de una escuela primaria. “Pero no es suficiente”, se ha señalado. Ya que, las pocas ganancias que obtiene no le permiten brindarle a las niñas una alimentación adecuada y tampoco existe la seguridad de que continúen sus estudios derivado de la precariedad en la que se encuentran.  

“Sabemos que las pequeñas necesitan atención psicológica y no se les ha brindado”, señaló una fuente a este medio. 

En 2016, el maestro Juan comentó que la mayor de las niñas era quien menos había podido asimilar la muerte de su padre. “Todavía sigue preguntando cuándo regresa su papá, ‘¿por qué La Santa se lo llevó?’, ella quiere que su papá re­grese, todavía tiene esa secuela que no va a superar . Eso me duele porque lo que siente también yo lo siento”, dijo. 


Compártelo con tus amigos

Emma Martínez

Periodista e investigadora social. Especialista en Política Internacional, Historia militar y del combate siglos XX y XXI. Líneas de investigación: Conflictos bélicos de Medio y Próximo Oriente, terrorismo, ejecuciones extrajudiciales, tortura y desaparición forzada por parte de Fuerzas Armadas Mexicanas.