(08 de abril, 2019. Revolución TRESPUNTOCERO).- José Carmen entró al quirófano del Hospital General de Querétaro para una cirugía de vesícula. Ese fue el inicio de una negligencia médica que lo llevó a padecer 15 intervenciones en seis meses. 

En 2015, durante la extracción de la vesícula, le perforaron el páncreas, el intestino y el duodeno. “A raíz de esto, se gangrenó mi estomago lo que provocó que me amputaran en 70% del intestino. Pero ya en ese momento las venas llevaron la gangrena hacia los pies. 

“Yo permanecí seis meses en ese hospital. Cuando ellos observan lo que pasaba con mis piernas, solamente las envolvieron y les pusieron un foco iluminándolas y después de 15 días no aguanté más y me quité las vendas y descubrí que los pies ya estaban gangrenados”, narra a Revolución TRESPUNTOCERO, José Carmen Bernal García.

De los pies también fue operado pero la cirugía no funcionó en uno de ellos y se le tuvo que amputar. Los procedimientos practicados en su cuerpo también afectó uno de sus pulmones, el cual fue perforado. 

A sus 40 años, José Carmen sabía que nunca más volvería a trabajar y realizar sus actividades cotidianas. Ya que a las graves afectaciones se le sumó una parálisis de la mitad del cuerpo, la cual fue provocada por el shock emocional que vivió al padecer la amputación del intestino y del pie. 

Como secuela de la parálisis el lado izquierdo del cerebro resultó afectado por lo que José Carmen también tiene pérdida de memoria a corto plazo. “Una más de las secuelas es que llevo tres años enfermo del estómago, lo cual ha sido lo más difícil porque padezco de deshidratación, no puedo subir de pesos y de pesar 98 kilos ahora peso 40 kilos y no he conseguido subir de peso”.

José comenta que “cuando salí el jurídico del hospital nos dijo que no nos preocupáramos  que él se iba encargar de todo en cuanto atención médica y medicamentos pero como vimos que no cumplió con su parte, interpusimos una queja ante la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro y nos apoyó para que nos dieran los medicamentos”.

Así es como José consiguió los medicamentos básicos como el naproxeno y la loratadina, además de un suplemento alimenticio. “Pero el tratamiento no es el adecuado, consultando con otros doctores me dijeron que se necesita otro tipo de medicamentos y alimentación. Tengo que ir al Hospital de Nutrición en la Ciudad de México, pero esto no es posible. 

“A principio, cada mes venía por mí gente del Hospital de Querétaro y me trasladaban pero dejaron de hacerlo. Entonces solamente voy cuando tengo la fuerza para poder ir por los medicamentos. Ya van dos meses que no voy y mi esposa hace un esfuerzo para comprarlo en una farmacia”, comenta José.

La negligencia médica fue investigada por la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro (DDHQ), quienes avalaron los daños en contra del paciente. Procedió una demanda civil, pero desde hace tres años la excusa es que sigue estancada porque no se ha podido contactar a los médicos que atendieron a José, pese a que ejercen en ese mismo hospital.

También hubo una denuncia penal, y aunque le comunicaban a José que el proceso iba avanzando, finalmente le avisaron que “su carpeta ya había sido archivada. No procedió”. El siguiente paso fue recurrir a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), y se realizó todo el proceso para registrarse como una víctima. 

“Después de realizarlo, el señor Jaime Rochín (titular de la CEAV), litigó en mi contra para no darme la calidad de víctima. Los resultados fueron a mi favor, un juez dijo que la Comisión tenía que reconocerme porque se aceptaba la negligencia. 

“Pero la Comisión se negó. Por lo que se volvió a insistir con un juicio de amparo el cual salió a mi favor a finales de marzo pasado. Lo cual es un milagro porque resulta que mi caso ya había sido enviado a Acapulco, viviendo yo en Querétaro y la excusa que me dieron es que solicitaron a ese juzgado apoyo porque en la Ciudad de México estaban ‘muy saturados’, cómo es eso posible, si a penas y puedo trasladarme pequeñas distancias, cómo iba a hacerle yo (una persona amputada) para llegar a Acapulco”, declaró José.

En el ámbito familiar también hubo severas afectaciones. Una de las hijas de José tuvo que dejar la escuela a los 15 años y se encargó de salir a trabajar. Incluso hoy a sus 17 años continúa saliendo a vender gelatinas y chicharrones a las calles. 

“Toda esta negligencia provocó que yo perdiera mi trabajo, que mi esposa se endeudara. Y en parte fue porque cuando en el Hospital me perforan el pulmón me dicen que para salvarlo tengo que comprar un pleuro para drenar el pulmón. 

“Ellos tuvieron la culpa pero no hicieron nada. Poco antes de salir al colocarme un catéter lo hacen mal y perforan el pulmón. Y el pasante que lo hace no se hace responsable. Y al final, mi esposa tuvo que pedir prestado para comprar el aparato porque dijeron que ahí no lo tenían”, comentó José.

Quien puntualiza que su vida ha sido difícil de sobrellevar sin una pierna y sin estómago. Sobre todo en el plano económico. “Llevó dos semanas que no he podido levantarme. Pero cuando puedo salgo a la calle con un cajón de bolear zapatos y generalmente estoy en una iglesia de la colonia boleando zapatos. Los sábados mi hija menor (de 12 años) y yo vamos a vender chicharrones y gelatinas a la calle. Pero es difícil”.

José revela que con la situación grave de salud que padece, los daños emocionales, físicos y económicos ha llegado a pensar en el suicidio. “Porque no le veo salida a todo esto. En lugar de ayudar a mi familia solamente los estoy perjudicando. En lugar que mi hija estudie está trabajando para que se puedan comprar medicamentos, no es justo”.

Él recuerda que anteriormente, “sin pierna, sin estómago y con todas las carencias físicas”, se dedicó a jugar futbol profesional para amputados e impartía conferencias, sin embargo su salud fue debilitándose y el doctor le pidió que dejara de hacer todas esas actividades. 

Lo anterior debido a que no tenía la alimentación necesaria y los medicamentos para poder mantenerse con energía. Por ahora José trabaja en lo que puede y cuando puede. “No pido que me regalen nada solo pido justicia. Cómo es posible que esos doctores sigan trabajando y afectando a más personas.

Considero que la CEAV debería tener a funcionarios con más humanidad. No les estoy peleando dinero. Lo que pido es que se me reconozca como víctima de negligencia médica y que a partir de ahí haya un proceso para llegar a la justicia. A la reparación psicológica, un poco la física y de todo lo que se necesite y que por derecho me corresponde. Pero si desde el principio se nos niega reconocernos como víctimas y además litigan en nuestra contra es imposible que lleguemos a obtener justicia”, sentencia José.

Además, la víctima señala que su situación puede ser padecida por cualquier, incluso por la familia de los funcionarios de CEAV y por ello debería haber empatía con su caso y con otros más a los que la Comisión, pese a las pruebas, se niega a reconocer prefiriendo iniciar un juicio en su contra que apoyarlos.

“Algo está muy mal, en el caso de los médicos que me afectaron a mí, también hay otros pacientes o familiares que los acusan de graves daños y aún así siguen trabajando, las autoridades no hacen nada para erradicar este grave problema y la CEAV no da respaldo alguno”, añade José.

De acuerdo a lo declarado por José Carmen Bernal a Revolución TRESPUNTOCERO, los nombres de los médicos que cometieron negligencia médica en su contra son: Antonio Alvarado  Gonzáles; Jesús Humberto de la Concha; Arturo Herrera; Luis Rodrigo Arteaga Villalba; Ricardo Martín Lerma Alvarado; Miguel Ángel Sosa; Ángel Mario Gamboa Serdán; Fernando Rodríguez Benites. El paciente señaló a este último médico como el responsable de haberle perforado el páncreas, el intestino y el duodeno. 

José también ha mencionado que ha padecido la burla de los médicos cuando él ha llegado al Hospital. “Eres un milagro de Dios, tantas cirugías y que hayas salido de todas”, cuando señala, cada una de las intervenciones quirúrgicas fueron producto de una gran negligencia médica que le destruyó la vida a él y a su familia.

A la grave problemática, se suma que, de acuerdo con la Defensoría de los Derechos Humanos, las firmas de los médicos que le realizaron cirugías a José no corresponden con los nombres. “Es decir que también en lo administrativo hubo afectaciones”, comenta.

El agraviado recuerda que durante su proceso jurídico, poco después de acercase a la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro, dos personas que se presentaron como parte de dicho órgano lo visitaron en su domicilio y le pidieron que se desistiera de su queja ante los DH a cambio le entregarían 20 mil pesos.

Para que esto se hiciera realidad le solicitaron que firmara un documento donde aceptaba de conformidad pero José se negó y guardó el documento para entregárselo a la Defensoría. “Yo fui a reclamar a las oficinas y pregunté por qué me estaban haciendo eso. Pero estas personas ya no trabajaban ahí sino para el Gobierno de Querétaro”.

Si José hubiera firmado dicho papel, no podría haber podido exigir justicia de ningún tipo. Por lo que aunque insistió mucho, pudo quedarse con el documento. Después de levantar una queja por el hecho ante Derechos Humanos, se inició un proceso jurídico y se llevó a juicio a las personas porque sí procedió.

“Estando en silla de ruedas y con todas las afectaciones hice un esfuerzo para que la jueza me dijera que yo no era víctima que el ofendido era el Estado porque se usurpó cargos de funcionarios y que por ello a mí no se me tenía que reparar nada y hasta la fecha no sabemos qué pasó con estás personas. 

“Yo pregunté qué pasaría con los funcionarios y nada se me dijo. Lo que sí me informaron es que habría una compensación por daños y pensé que algo bueno saldría de todo ese proceso pero no era para mí. Era para el Estado porque me repitieron que el ofendido era el Estado. Corrupción por donde quiera”, comenta José.

Quien se ha acercado al DIF de Querétaro con la esperanza de que lo apoye para una beca para su hija menor pero no ha logrado obtenerla. En todas las instituciones le han negado todo tipo de apoyo. 

Mencionó que ha tramitado desde el 06 de enero de 2018 una beca para su hija pero hasta ahora no hay respuesta positiva. “Cuando tengo salud paso por la Delegación y les pregunto a las muchachas que trabajan ahí y me dicen que no han tenido respuesta e incluso ahora hasta se esconden. Cuando al conocer mi caso deberían entender que la niña está en situación vulnerable y apoyarla aunque sea con sus cuadernos o el uniforme pero no lo hacen”.

 

 


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Emma Martínez

Periodista e investigadora social. Especialista en Política Internacional, Historia militar y del combate siglos XX y XXI. Líneas de investigación: Conflictos bélicos de Medio y Próximo Oriente, terrorismo, ejecuciones extrajudiciales, tortura y desaparición forzada por parte de Fuerzas Armadas Mexicanas.