(08 de julio, 2019. Revolución TRESPUNTOCERO).- Viviana Elizabeth Garrido Ibarra tiene 32 años de edad, es ingeniera bioquímica industrial y está desaparecida desde el 30 de noviembre de 2018. La joven salió de su trabajo aproximadamente a las seis de la tarde. Tomó un pesero a la altura de la colonia Miravalle, en la Ciudad de México, bajó a 50 metros de la entrada del metro Ermita y no se le volvió a ver más, narró a Revolución TRESPUNTOCERO, Juana, su hermana.

Aquel viernes de noviembre, tenía planeado llegar a su casa un poco antes de lo habitual, saldría con su hija de nueve años, pero la pequeña se quedó esperando. Al día siguiente, aproximadamente a las cinco de la mañana, el esposo de Viviana se comunicó con la familia para avisarles que ella no volvió a su casa, la había estado intentando localizarla pero no hubo resultado positivo. 

La búsqueda por hospitales y cualquier otro sitio donde pudiera estar no se detuvo a partir de ese momento. Una amiga, que fue la última persona que la vio, confirmó que se bajó en esa estación del metro. Pero los mensajes y las llamadas ya no fueron recibidos. 

Un día después se levantó un reporte en Locatel y pasadas las tres de la tarde la familia llegó al Centro de Apoyo a Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA), donde se hizo la denuncia. A las seis de la tarde les entregaron un fotovolante para publicarlo en redes sociales, donde se pedía ayuda para la localización de Viviana.

La búsqueda también la hicieron entre sus compañeros de diplomado, en el Tec de Monterrey pero ellos tampoco aportaron información. Nadie sabía de ella. Aunque la familia pidió la revisión de cámaras, las autoridades dijeron que no podían hacerlo “porque era fin de semana y se tenía que esperar hasta el lunes a las 11 de la mañana”.

Era tres de diciembre de 2018 cuando familiares de Viviana asistieron a la revisión de cámaras pero no se realizó el procedimiento en su totalidad. El policía de investigación se negó, argumentó que “no tenía tiempo porque tenía mucho trabajo”.

Juana recuerda que también les dijo que “mejor otro día revisaban, porque seguramente mi hermana iba a regresar. Nosotros insistimos y por eso nos dejaron ver solamente algunas del C2 pero esas no apuntaban al lugar donde mi hermana bajó del pesero. También se solicitaron las de la estación Ermita, pero nos dijeron que no servían”.

Se dio paso a la revisión de cámaras de otras estaciones, sin embargo, la familia no tuvo acompañamiento de un especialista que pudiera revisar correctamente los videos. “No se obtuvo información porque se requiere de alguien que sepa cómo hacerlo, porque la gente sale muy pequeña y no se identifica nada”. 

Esa fue la única ocasión, sin éxito, que la familia pudo tener acceso a las cámaras ya que después borraron su contenido, porque, se comentó, “el material no es acumulable”. Se solicitaron videos de otras cámaras particulares, “pero no tuvimos éxito. La gente se negó a compartir el material señalando una serie de excusas y los policías de investigación tampoco hicieron presión para solicitar las secuencias”, comentó Juana. 

Ante la nula atención al caso por parte de las autoridades, la familia inició una investigación propia. El resultado fue una serie de líneas de investigación, nombres y otros elementos que servían para que las autoridades solamente se dedicaran a la búsqueda de la joven, pero no sucedió.

“Nosotros hicimos los recorridos, preguntamos a la gente, revisamos varios datos, y desde la primer semana llevamos todo eso a la Fiscalía. Después hicimos un documento donde se pedía que se cambiara el estatus de mi hermana de ‘ausente’ a ‘desaparecida’. Volvimos a exponer tres líneas de investigación (que por protección del caso no se pueden mencionar), también el análisis de contexto, con el que se puede conocer qué sucede en el entorno donde desapareció mi hermana.

“Otra más de las líneas presentadas fue la trata de personas, pero hasta la fecha nos han dicho que no existen elementos suficientes para mantener el seguimiento de la investigación por ese lado. Sobre las otras es la fecha que no nos han dado resultados. Aunque nos informan a que sitios van, no obtienen ningún tipo de resultado”, narró Juana. 

La joven también denunció que la primera vez que las autoridades de la Fiscalía realizaron la búsqueda en terreno fue 40 días después de la desaparición de Viviana y dijo que las primeras búsquedas que realizó la familia “no causaron tanto impacto como sí hubiera sucedido de haberlas hecho las autoridades. Ellos son quienes deberían hacerlo y darnos acompañamiento. Para cuando asistieron ya se habían perdido testimonios, videos y otros elementos”.

La última geolocalización también fue entregada semanas después de la desaparición de Viviana, comentó Juana. Y señaló que existe un protocolo que se debe llevar a cabo en las primeras 72 horas de la desaparición pero no se cumplió y la entrega de la sabana de llamadas del teléfono de Viridiana a penas fue obtenida en junio pasado.

“Les entregamos toda la información del caso, todo lo que recabamos pero parece que no tienen la capacidad de analizar todos esos datos. Sí hay elementos pero no hay resultados por parte de la Fiscalía”.

La familia de Viviana semana a semana acude a la dependencia con la esperanza que les puedan otorgar algún resultado positivo, algún mínimo avance del caso, pero esto no ha sucedido aún. 

El 20 de diciembre pasado, un grupo de familias hicieron una manifestación donde exigieron a la titular de la Procuraduría capitalina, Ernestina Godoy, que los atendieran y así fue. Se reunió con las víctimas indirectas de los casos de desaparición. 

“El acuerdo al que se llegó es que se realizarían mesas de trabajo mes con mes, pero no sucedió. Hasta el momento no ha habido ni una sola oportunidad de diálogo con la Procuraduría. No se cumplió. Pero a partir de esa manifestación nos conocimos algunas familias y comenzamos a reunirnos a fin de ayudarnos entre nosotros.

“Es así como iniciamos el colectivo Hasta Encontrarlos CDMX. Nosotros hemos decidido juntar los casos para exigirles de manera colectiva a la Procuraduría, que tiene el control de la Fiscalía, que nos den resultados en cuanto a las investigaciones. Nos han dicho que no hay recursos para las búsquedas o que están muy limitados, por lo que también queremos que si ese es el problema, entonces que se destinen mayores recursos. Como familias de personas desaparecidas también exigimos eso”, comentó Juana.

A su vez explicó que las mesas de trabajo podrán ayudar a que otras familias se acerquen y poco a poco se vaya visualizando el problema de la desaparición forzada en la Ciudad de México y no seguir manteniendo casos aislados. “Hay muchísimos desaparecidos en la capital pero las familias no están unidas y justo eso se requiere: unidad”, dijo la joven.

La acción más reciente del colectivo es la creación de murales con los rostros de las víctimas de desaparición forzada en las zonas donde se les vio por última vez. El primero ha sido el de Viviana. Uno de los objetivos es que el proyecto crezca y se extienda por la ciudad para visibilizar también de esta manera la problemática de la ausencia forzada en la capital. 


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Emma Martínez

Periodista e investigadora social. Especialista en Política Internacional, Historia militar y del combate siglos XX y XXI. Líneas de investigación: Conflictos bélicos de Medio y Próximo Oriente, terrorismo, ejecuciones extrajudiciales, tortura y desaparición forzada por parte de Fuerzas Armadas Mexicanas.