(03 de diciembre, 2019. Revolución TRESPUNTOCERO).- En julio pasado, durante una gira por Chiapas, el director general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Zoé Robledo, aseguró que, “en materia de salud, para el Gobierno federal siempre van primero los más pobres, los más necesitados, los que requieren una mejor y mayor atención”.

Robledo aseveró que las necesidades y carencias en salud que hay en Chiapas y en todo el país, se deben a que durante muchos años se instauró una política errónea, poco sensible y envuelta de mucha corrupción. “La Cuarta Transformación tiene rumbo y en salud avanza, y avanza bien”.

Ese mismo mes, Efraín se afilió al IMSS, de Tapachula, Chiapas y solicitó sesiones de hemodiálisis, proceso que le ha funcionado para sobrevivir desde hace seis años. Aunque el Instituto tiene ese servicio, por medio de clínicas subrogadas, un paciente no llega a obtenerlo sin pasar antes por la diálisis. Y en muchos casos nunca llegan a recibirlo.

A los 35 años de edad, Efraín comenzó a padecer fiebres constantes, calambres en el cuerpo y dolor a la altura de los riñones. Tras padecer tres caídas y quedar inmóvil, decidió acudir al médico. El diagnóstico fue: insuficiencia renal crónica. Sus riñones habían dejado de funcionar.

El médico le indicó que debía tener tres sesiones de hemodiálisis a la semana, “si quería seguir viviendo”. Dedicado a la siembra de maíz y ajonjolí en una comunidad cercana a la frontera sur del país, Efraín no estaba afiliado a ninguna institución de salud pública y tampoco contaba con los casi 4 mil pesos semanales que requería para el tratamiento, sin sumar el costo de los medicamentos y la dieta especial.

De acuerdo al estudio, Gasto familiar del tratamiento con hemodiálisis en Chiapas, para población abierta y afiliada a los servicios de salud, “las enfermedades crónicas, y en particular la insuficiencia renal, tienen el potencial de desestructurar la economía de los hogares, ya que cada paciente requiere de medicamentos muy caros, frecuentes análisis de laboratorio, consultas médicas de alta especialidad, dieta apropiada y el acceso a terapias de remplazo renal que, cuando se trata de hemodiálisis, implica trasladarse a las unidades donde están los equipos, gastando en viáticos y transporte; en suma, se necesita tener suficientes recursos para acceder a la terapia”.

Con la ayuda de familiares y sin dejar de trabajar jornadas que requieren de alto grado de esfuerzo físico, Efraín consiguió costear las sesiones pero no los medicamentos y tampoco la alimentación que necesitaba. “Yo pensé que me pondrían un catéter en el cuello y ya estaría controlado. Yo no sabía que para poder vivir tenía que ir a las sesiones a una clínica particular. Es una presión muy dura porque a veces hay para pagarlas y a veces no.

“Durante seis meses acudí a las sesiones tres veces por semana, pero después lo hice una vez cada ocho días por la falta de dinero. Esto provocó que poco a poco mi salud empeorara, comencé a sentir calambres de nuevo y se me iba la respiración. Por eso volví a que me hicieran dos sesiones por semana”, contó Efraín a Revolución TRESPUNTOCERO.

Al finalizar las sesiones de hemodiálisis, el paciente queda debilitado y requiere varias horas en reposo, este no es el caso de Efraín, quien descansa una o dos para después reincorporarse a sus actividades de siembra.

“Me esfuerzo en el trabajo pero ya no siento la misma fuerza de antes. Me he ido debilitando. Con mucha dificultad se consigue el costo de las sesiones de hemodiálisis pero para comer ya no queda mucho. Lo mínimo”, comentó.

Hace tres meses, Efraín se convirtió en derechohabiente del IMSS. Comprometiéndose a pagar 500 pesos mensuales. Sin embargo, el Director del Instituto ubicado en Tapachula, Chiapas, le negó el servicio de hemodiálisis. Y a cambio le ofreció la diálisis, un tratamiento con menor grado de efectividad y con riesgos mayores para el paciente.

El IMSS se comprometió a darle una máquina que sería instalada en el domicilio de Efraín y ahí se realizarían las sesiones tres veces al día, esto pese a que el paciente explicó que cuenta con una fístula para recibir hemodiálisis.

“Yo no entiendo cómo funcionan esas máquinas, además me abrirían el estómago para colocarme unos tubos y una bolsa. Ya no podría trabajar, los cuidados son más extremos y por las condiciones en las que se vive en el campo, corro el riesgo hasta de contraer una infección.

“Pero eso en el IMSS no lo entendieron. Me dijeron que el proceso de hemodiálisis vía fístula lo había hecho por mi gusto, que ahí solamente me pondrían la diálisis”.

Efraín decidió acercarse a un Centro de Defensa de Derechos Humanos, pero le aconsejaron que desistiera, ya que el IMSS solamente le brindaría el servicio de diálisis aunque el paciente haya logrado estabilidad con la hemodiálisis.

Aunque el director del IMSS Tapachula aceptó que la mejor opción es la fístula (hemodiálisis), se negó en varias ocasiones a proporcionarle dicho servicio. “Decidí darme de baja porque estaba pagando y definitivamente no me darían el servicio que yo necesito”.  

El Químico, Felipe Cruz García, explicó a este medio que en el país y puntualmente en Chiapas, pocos son los pacientes quien tienen los recursos económicos para poder costear las sesiones de hemodiálisis.

Y en el IMSS, muy pocos tienen la suerte de ser enviados a sesiones de hemodiálisis. Se antepone la burocracia a la salud del paciente. Muchos pasan décadas en diálisis y solo los más resistentes sobreviven, comentó.

“Incluso es difícil obtener un servicio de diálisis, que ya es un sistema casi obsoleto en otros países, en regiones como Chiapas, se requiere tener un contacto en el IMSS para poder acceder fácilmente a este proceso. Le entregan una máquina al paciente y le dejan dos incisiones para conectar catéteres en el peritoneo.

“Pero este tipo de procedimiento no podría ser apropiado para un paciente que vive en una colonia marginada. Si es de escasos recursos, no posee una recámara apropiada y totalmente limpia para poder llevar a cabo el proceso. Por lo que corre un alto riesgo de contraer una infección”.

Otro de los problemas a los que se enfrentan los pacientes es el manejo de la máquina, ya que, pese a las capacitaciones algo puede fallar. Cruz García comentó que la diálisis con menores resultados positivos, es un ‘autoservicio’. “Solamente los que tienen los recursos suficientes podrán ser atendidos por personal especializado”.

El químico dio a conocer el caso de ‘Alejandro’, un joven de 34 años que estuvo internado en el IMSS durante 20 días. “Él es un muchacho de escasos recursos que trabajaba en una tienda de abarrotes. Le negaron la hemodiálisis, le ofrecieron una máquina de diálisis. Ni él ni su esposa saben cómo usarla. Tampoco viven en un domicilio adecuado para la limpieza de sus órganos. Tienen un piso de tierra y ya de ahí partimos que no se puede hacer el procedimiento.

“Esto no interesa al IMSS, no lo toman en cuenta. No escuchan y analizan que no es viable. Es lamentable que sigan con ese tipo de políticas que dañan al paciente y disminuyen sus posibilidades de sobrevivir”.

Los altos costos en medicamentos

El paciente de insuficiencia renal crónica también tiende a padecer una baja de hemoglobina. Para ello requiere inyecciones de eritropoyetina, que le ayudarán a mantener su estabilidad. El costo del medicamento, que debe aplicarse semanalmente, puede ser de poco más de los mil 100 pesos. El IMSS lo proporciona a sus derechohabientes, pero en ocasiones también ellos deben comprarlo porque no se encuentra en la farmacia del Instituto.

Pacientes como Efraín, lo adquieren ‘cuando alcanza’, lo cual complica su endeble salud al no mantener una correcta alimentación.

Hasta ahora el medicamento más eficaz para combatir la anemia en pacientes con daños renales, es la ampolleta Mircera, que se aplica mensualmente y tiene un costo que va desde los 3 mil 950 pesos en su presentación de 75 microgramos hasta los 11 mil 300 pesos, en la presentación de 250 mcg. Ese medicamento no es proporcionado por ninguna institución de salud pública.

En octubre pasado, durante su gira por diversos hospitales del país, Zoé Robledo, reiteró que “la salud en México puede convertirse en el derecho que marca la Constitución y para tener acceso sólo se debe nacer mexicana o mexicano”.

En el municipio de Motozintla, Chiapas, Zoé Robledo subrayó que el presidente López Obrador ha dicho siempre que por el bien de todos primero los pobres, “eso también es en la salud, así como no puede haber un pueblo pobre con un gobierno rico, tampoco puede haber un pueblo enfermo con un gobierno sano”.

La insuficiencia renal crónica, es un problema de salud pública a nivel mundial, tanto en niños como en adultos; cada vez es mayor la necesidad de recurrir a procedimientos de diálisis o hemodiálisis o a un trasplante de riñón, mientras esto sucede, se incrementa progresivamente el costo de la atención al paciente.

De acuerdo al estudio Mortalidad por enfermedad renal crónica y su relación con la diabetes en México, en las dos últimas décadas se han duplicado la prevalencia y las tasas de mortalidad por enfermedad renal crónica en la República Mexicana, lo que supone un elevado costo humano y financiero, además de que esta enfermedad reduce significativamente la calidad y la esperanza de vida de la población adulta mexicana.

En marzo pasado, durante el foro “Día Mundial del Riñón, tratamiento de enfermedades renales”, el secretario de la Comisión de Salud, el diputado Manuel Huerta Martínez (Morena), expresó que se debe trabajar en homologar los criterios clínicos para abordar los padecimientos renales, a fin de garantizar el adecuado tratamiento.

A su vez, la presidenta de la Fundación Mario Robles Ossio AC, Marisol Robles, dijo que en México se diagnostican cada año 40 mil nuevos casos de insuficiencia renal y “es un grave problema al que nos enfrentamos, ya que hablar de este padecimiento representa un conjunto de factores como: diabetes, hipertensión, obesidad, pero en muchas ocasiones no se sabe qué lo desencadena”.

De acuerdo con datos de Estados Unidos, nuestro país tiene la mayor incidencia de enfermedad renal crónica comparado con el mundo, con un crecimiento de 122 por ciento de 2000 a 2013. Además, es insuficiente la donación cadavérica para la lista que se incrementa cada segundo.

Sobre el tema, el columnista de opinión, Rafael Victorio Ruiz, expuso que, “muchos de los pacientes con esa enfermedad denuncian las afectaciones que sufren tanto en su salud como en su economía por esa situación. Se sienten abandonados y cada día que pasa los problemas se agudizan.

“Es una situación muy crítica que debe ser atendida por los directivos del IMSS a nivel central encabezados por el chiapaneco Zoé Robledo Aburto, quien debería ser el más interesado en que en su estado natal se mejore el servicio y sea de calidad y calidez”.

Además, señaló que, en el caso del IMSS en Chiapas, es necesario que se ponga atención en el área de atención renal, no solamente en Tapachula sino también en Tuxtla Gutiérrez, “donde se concentra el mayor número de pacientes, porque el servicio ha sido muy deficiente y ha ido de mal en peor; en detrimento de los derechohabientes”.

Para este tema, se buscó en varias ocasiones una entrevista con el Director general del IMSS, Zoé Robledo, pero el medio no obtuvo respuesta.


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Emma Martínez

Periodista e investigadora social. Especialista en Política Internacional, Historia militar y del combate siglos XX y XXI. Líneas de investigación: Conflictos bélicos de Medio y Próximo Oriente, terrorismo, ejecuciones extrajudiciales, tortura y desaparición forzada por parte de Fuerzas Armadas Mexicanas.