(24 de febrero, 2020. Revolución TRESPUNTOCERO).- La primera persona que buscó Margarita López, fue a su hija, que desapareció cuando tenía 19 años de edad. En su largo recorrido, tuvo que acudir a los Semefos a identificar cuerpos de niñas de 11 o 12 años. Algunos de ellos estaban descuartizados. 

Algunos más tenían un tiro en la cabeza. Algunos de estos cuerpos se han localizado en ríos,  barrancas y en el mar. Con una piedra amarrada al cuello. Ninguno de estos cadáveres  pertenecía a Yahaira Guadalupe Bahena López, la hija de Margarita. 

En 2009, meses después de la desaparición de Yahaira, el cuerpo de la joven fue encontrado, sin la cabeza, la cual se encontró tiempo después. Para Margarita, la tragedia solamente marcó el inicio de más de una década de búsquedas de cuerpos en fosas clandestinas. 

Ahora ella busca junto a otras madres, esposas, hijas, hermanas, los cuerpos de muchas más víctimas de desaparición forzada. “Me propuse que todos esos cuerpos debían regresar a casa.

“En Tamaulipas, recuperamos fragmentos porque quemaban los cuerpos con ácidos o diésel. En Veracruz las fosas son multitudinarias, en Michoacán, los cuerpos fueron recuperados de presas donde había infinidad de cuerpos, con el apoyo de buzos de Policía Federal, pero los autodefensas sólo nos permitían recuperar a los que ellos decidían que podían entregar a sus familias el resto se quedaba ahí”, explicó Margarita López a Revolución TRESPUNTOCERO.

Así, ella, aprendió cuál era el modo de operar de cada grupo delincuencial. “Muchas veces los colgaban de puentes con una cartulina, los sentaban en una silla con un dedo o el pene en la boca, les sacaban los ojos o les cortaban las orejas o lengua y entendía que todo tenía un significado”. 

Ha evolucionado el modus operandi de los grupos delincuenciales para desaparecen a los nuestros 

El modus operandi de los grupos delincuenciales para desaparecen a los nuestros, ha ido evolucionando. “Sin ser experta en la materia, aprendí a lo largo de los años en el campo y después les fui enseñando a los peritos expertos que debajo de una raíz podíamos recuperar cuerpos, aun cuando ellos juraban que no y se molestaban, que al varillar y topar con piedra también podíamos encontrarlos.

La delincuencia del municipio de la Unión Guerrero y Lázaro Cárdenas, Michoacán, supo que usábamos varillas y ponían capas de piedra o tabiques como una loza para que (según ellos) no salieran los olores y los perros o puercos tampoco sacaran las partes”.

Margarita recuerda que, en 2013, se sorprendió al encontrar decenas de cuerpos en una barranca de más de 1200 metros de profundidad, sin sepultar y en un estado de momificación. A los cuerpos les dejaron a un lado las carteras, la ropa y hasta alhajas.

Sin embargo, el Ministerio Público no resguardó el área y “nos quemaron más de 35 cuerpos dejando a esas 35 familias sin lograr saber nunca de los suyos, solo logré entregar un fémur a una madre”.

En esa misma barranca, lograron recuperar 31 cuerpos. Solamente pudieron bajar 500 metros, ya que las autoridades de protección civil, URAS y la policía federal no tenían mayor cantidad de cuerda.  

Dentro de sus descubrimientos, Margarita, se percató que las fosas clandestinas se usaron en diversas ocasiones. Puesto que, los cuerpos enterrados recientemente se mezclaban con los restos que ya estaban ahí desde hacía años.

También ha descubierto que familias enteras han desaparecido y han sido enterradas en fosas clandestinas, sobre las cuales se construyeron pilas de agua, escaleras de concreto e incluso pisos para edificar algún cuarto más.

“Hemos visto como en las barrancas hacen una especie de nicho en las paredes de tierra y piedra y los sepultan para después poner piedras de más de 50 kilogramos encima y nunca nos imaginaríamos que están ahí a no ser por las personas que nos venden la información, incluso recuperábamos cuerpos debajo de árboles”.

De acuerdo a la experiencia de Margarita, en el rastreo de cuerpos, una nueva forma de desaparecer cadáveres, es haciendo un pequeño hoyo de unos 40 centímetros de diámetro donde hacen pedazos los cuerpos, los sepultan y encima les queman árboles, ramas o llantas para hacer una especie de ‘barbacoa’ y desaparecer todo rastro.

“Incluso los peritos al ver los huesos a simple vista, creen que podrían tener seis o siete años de ejecutados, cuando a penas tienen uno o dos meses. Aprendimos también que los ejecutan en un lugar y los tiran o sepultan cerca de donde opera la delincuencia contraria para responsabilizarlos a ellos. Así es como las madres no saben en qué lugar encontrarlos”.

La madre, agrega que, es muchísimo más horroroso ver que las autoridades desaparecen por segunda vez los cuerpos que recuperan de una fosa clandestina, en una fosa común, que no tienen personal suficiente ni reactivos para hacer los ADN de los miles de cuerpos que tienen en fosas comunes o panteones ministeriales. 

“Les vale un pepino si nosotros corremos riesgo con poco personal operativo que salvaguarde nuestra integridad, mientras hacemos su trabajo para que ellos estén cómodamente en su oficina y solo aparecen a tomarse la foto sin tener la más mínima idea de lo que es ir a meterse a un lugar de alto riesgo como es la sierra de Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Guanajuato, Jalisco, Coahuila”.

Ante falta de recursos de FGR, familias aportan hasta los trajes de los peritos 

Durante las búsquedas, de las principales problemáticas a las que se enfrentan las familias que rastrean fosas, es la carencia de recursos por parte de la FGR. “La disminución de recursos impide las búsquedas con dignidad. Puesto que su personal carece de la herramienta necesaria para trabajar adecuadamente y tenemos que prestarles desde varillas, picos, palas, lonas, machetes, cubetas, trajes tybet, bolsas para cadáveres y cribas porque no tienen ¿Cómo puede esa gente trabajar sin recurso?”.

Aunque en algunas búsquedas la FGR se ha comprometido a enviar 40 elementos para el cuidado de quienes rastrean fosas, han llegado a ir 24 policías. “No llevaban viáticos y tuvieron que comer una lata de atún con un paquete pequeño de galletas saladas y un agua para todo el día con temperaturas en la tarde de 33 grados. 

“En Guerrero, Sedena informó que enviaría 20 elementos y solo mandó 14 porque a decir de ellos no contaban con personal en un batallón como el de Chilpancingo, sin embargo cuando tuvimos que salir de manera urgente del poblado de Chichihualco, después de recuperar el último cuerpo, nos encontramos un contingente de más de 40 elementos que creímos iban a apoyarnos. Pero solo iban de pasada a cortar sembradíos de amapola”.

La madre indica que actualmente Semar no los apoya en las búsquedas, porque “a decir de los mandos superiores, ya no pueden moverse de las costas cuando es bien sabido que solo a ellos les temen los grupos delincuenciales.

“Yo me pregunto ¿Quien hará los trabajos de seguridad? porque cada día estamos peor y ninguna autoridad federal tiene la voluntad de hacer búsquedas o recuperación de cuerpos por iniciativa propia. Ya se acostumbraron a que seamos las familias las que busquemos a los desaparecidos, aunque expongamos nuestra vida ante la indiferencia de ellos, porque el personal asignado a la CNB o buscan o brindan seguridad y los pobres sin un incentivo aunque lo hacen con toda voluntad y como dicen por ahí, o cargan la virgen o truenan los cuetes. Esto lo viven diariamente la mayoría de los grupos de madres que buscan en campo”.

Cuerpos desmembrados, calcinados y en osamenta

En enero pasado, en tan solo una semana de búsqueda, el grupo de Margarita López, encontró 11 cuerpos (unos desmembrados, otros calcinados, otros en osamenta) tres cráneos, una vértebra y varias falanges. 

Unos con tatuajes legibles, uno en el antebrazo con el nombre de MAYRA, otro con el nombre de ILSE entre la muñeca y el codo, una joven de entre 22 y 24 años al parecer de Chilpancingo, una pareja que fue sacada por la fuerza del hotel Casa Blanca del poblado de Chichihualco, otro varón que referían los lugareños era hermano de una señora que vendía puercos en Chichihualco; tres comerciantes de Iguala que vendían abarrotes y fueron “levantados” después de cobrar sus ventas en el mismo poblado de Chichihualco y despojados de su camioneta y dinero, dos jóvenes y un adulto ambos jóvenes con pantalón de mezclilla y tenis uno color rojo con negro y otros tenis negros, comentó.

“Uno más, con un pantalón claro y botas tipo tácticas de la marca Schatz color camel. De los otros no tuvimos referencias, solo sabemos que de los nueve cuerpos que recuperamos, uno era del coordinador de la policía municipal de Chilpancingo por sus tatuajes (una llave en un dedo y un pájaro en la espalda mismo que ya entregamos previos estudios de ADN) y dos taxistas de Chilpancingo, que no han sido reclamados, aunque los dos ya fueron cotejados por sus huellas dactilares y solo falta la confronta de ADN”.

Margarita es ya una experta en la búsqueda en fosas clandestinas. Sin embargo, pide que para continuar con su peligrosa y ardua labor, se necesita más que disponibilidad de las autoridades.


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