(30 de marzo, 2020. Revolución TRESPUNTOCERO).- Cuando caminas por la calle te sientes intimidada por los comentarios obscenos que te dirigen los hombres al pasar. Te subes al metro, un tipo se te ‘arrima’ mientras las personas alrededor fin que no darse cuenta.
En la junta de trabajo es interrumpida abruptamente por quinta vez al intentar presentar tu proyecto. Describes tus síntomas en la clínica de salud y te recomiendan que vayas a casa y te relajes al parecer ‘sólo quieres llamar a atención’, según el diagnóstico médico.
Las anteriores son tan sólo algunas de las situaciones que le ocurren a muchas mujeres. Es decir, acciones o comentarios que, de manera sutil o descarada, intencional o no, minimizan, descalifican, cosifican, silencian y agreden por el hecho de ser mujeres.
A estos dichos, conductas y actitudes basadas en la creencia de que los hombres son superiores se les denomina machistas. Se debe subrayar que el machismo es una ideología muy arraigada en nuestra cultura, que se presenta de muchas formas; abarca prácticas y discursos y comportamientos que niegan a las mujeres como personas autónomas independientes.
En ese escenario, existen los micromachismos, un término que designa a las sutiles e imperceptibles maniobras y estrategias de ejercicio del poder de dominio masculino en lo cotidiano, que atentan en diversos grados contra la autonomía femenina. Hábiles artes, trucos, tretas y manipulaciones con los que los varones intentan imponer a las mujeres sus propias razones, deseos e intereses en la vida cotidiana, esta es una definición creada por el experto Luis Bonino, quien desarrolla desde hace casi 40 años numerosas actividades en los ámbitos de la salud mental y de la promoción de la igualdad entre mujeres y varones.
Empero, para las historiadoras Claudia Garza y Eréndira Derbez, no son ‘micro’ y realmente son machismos cotidianos. 
El término, en México, ha tomado relevancia cada vez más. Aunque todavía es poco conocido. Porque seguimos dejándolo pasar. “Si bien pensamos en los micromachismos como estas acciones, gestos, conductas que ocurren tan frecuente los tomamos entonces como situaciones cotidianas. Pero no son micro. 
“Aunque ocurren con mucha frecuencia y se vuelven invisibles son todo menos situaciones pequeñas. Porque sostienen un sistema de desigualdades y discriminación, de violencia en el que vivimos”, explica Garza a Revolución TRESPUNTOCERO.
También explica que los machismos cotidianos afectan la autoestima. Y pueden ser aplicados por hombres, mujeres y por cualquier miembro de la familia y amigos. “Como ejemplo se puede mencionar el de aquel hombre que se atreve a explicarte cualquier tema, por más que tú tengas más conocimiento y experiencia que él.
“También están aquellos que te interrumpen en las juntas de trabajo. No les importa tu opinión porque piensan que lo que ellos van a decir es más importante. En la escuela también sucede, con un piropo, ese grito que nos intimida. Estos machismos están ahí siempre y es como se construye un ambiente de violencia que podría escalar”.
Ejemplos de machismos cotidianos
“Yo tengo la razón. Tengo mucha experiencia. A mí no me vas a enseñar” (Mansplaining)
“No tienes la razón. Estás haciendo un berrinche”
“Qué suerte, tu marido te ayuda en casa”
Rosa para las niñas, azul para los niños
La “friend zone”
Ser madre vs la carrera profesional
“Corres como una niña”
“Feminazi”
“Déjame que tú no sabes” 
“Quítate que yo lo acabo más rápido” 
El camarero le lleva la cuenta a él
“Así no se comporta una señorita”
“Estás loca. Estás mal. Toma terapia” (Gaslighting)
“¿No crees que deberías ser un poco más femenina?”
“¿Por qué no te arreglas más? Así nadie te va a querer” 
Las expertas, Claudia Garza y Eréndira Derbez, han creado No son micromachismos (Grijalbo, 2020), en donde se muestran 98 machismos cotidianos, que muy probablemente le han pasado a muchas mujeres. Siendo una forma de violencia que incluso el género femenino ejerce. 
Lo que lleva a concluir que este tipo de situaciones son parte de una cuestión estructural, al estar educados en una cultura donde estos dichos se han normalizado. El objetivo es que quien los lea, identifique qué es lo que ha padecido para detenerlos, y también si se han practicado, hacer conciencia y dejar de ejercerlas.
Erradicación de los machismos cotidianos 
Al parecer ‘dichos cotidianos’, este tipo de machismos se viven a diario con desagrado pero en realidad no se piensa como violencia, comenta Garza. Quien comenta que el primer paso siempre es detectarlos. Y al hacerlo, se puede hablar, denunciar y revelarnos frente a ellos. 
“Se debe poner el tema en la mesa. Discutirlo y se vaya incrementado la discusión sobre el tema, para hacer algo al respecto. En nuestro libro, remarcamos que hay una educación diferenciada para niños y niñas. A veces, nos enseñan como mujeres que hay una serie de violencias y que nosotras debemos de hacer una serie de cosas para evitarlas, como si fuera nuestra culpa que los demás ejerzan violencia sobre nosotras. 
“Es fundamental que se comiencen a educar a los niños para que no se conviertan en agresores. Ellos deben saber si están ejerciendo violencia y que eso no se hace. Porque por ahora, hay un machismo tan arraigado que se vuelve normal. Y que al mismo tiempo también afectan a los hombres”.
A los hombres, generalmente se les enseña que ‘no deben’ llorar y no pueden expresar las emociones. Existe una discapacidad emocional a la hora de educar a los hombres, puntualiza Garza. En donde ellos no pueden expresar dolor, ni debilidad y se deben de aguantar. 
“Ellos pueden expresarse igual. Esta cuestión de defender una hombría no es necesaria. La idea es voltearse a ver y darnos cuenta dónde estamos pardos y qué nos está afectando. Y así comenzar a desarmarlos. Podemos cambiar la realidad, reconstruir la sociedad patriarcal en la que se vive y ser una sociedad equitativa”. 
La actual ola feminista 
Para Garza, es fundamental que los hombres apoyen a las mujeres en esta nueva ola feminista, donde se busca por diversas vías la exigencia de justicia y de seguridad para todas aquellas mujeres que están siendo víctimas de violencia que tiene graves consecuencias, incluso la muerte. 
“Considero que el cambio tiene que venir de ambos. Pero creo que hay formas y espacios distintos de participar. El mensaje es muy importante. Y que es el de las mujeres haciendo visibles las violencias que vivimos. Está muy mal que a este movimiento se quieran montar otros grupos. Por eso se debe tener mucho cuidado porque eso va vaciando de sentido esta causa que es tan importante y que tiene que ver con una violencia que se permite en todas las instituciones y que por eso está en todos los niveles. 
“Creo que el tipo de apoyo de los hombres debe venir desde otras formas. No pueden ellos convertirse en los protagonistas de un movimiento de mujeres. Ellos deben hacerse un poco para atrás. Pueden apoyar pero de formas distintas. Deben señalar las violencias, porque mientras ellos sigan permitiendo cosas como reírse de un chiste. Aunque no lo cuenten, forman parte del incremento de los machismos cotidianos. Por ahora, en las manifestaciones creo que no les toca a los hombres”. 
Sobre machismos cotidianos, la periodista Lydia Cacho señaló que, si el trabajo de Garza y Derbez, estuviera en todas las bibliotecas escolares y en las redacciones de los medios de comunicación, el absurdo debate sobre lo que significan la igualdad, el machismo, el feminismo y la violencia de género se disolvería para transformarse en la conversación más urgente de este siglo: cómo hemos sido y cómo queremos ser, cómo educar para vivir en paz, en el amor y en la diversidad que reconoce las diferencias sin que cuestionar o rebelarse frente al pasado merezca el insulto, la descalificación o la muerte.

Compártelo con tus amigos

Emma Martínez

Periodista e investigadora social. Especialista en Política Internacional, Historia militar y del combate siglos XX y XXI. Líneas de investigación: Conflictos bélicos de Medio y Próximo Oriente, terrorismo, ejecuciones extrajudiciales, tortura y desaparición forzada por parte de Fuerzas Armadas Mexicanas.