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Saúl Ibargoyen: La vida en el exilio

“Soy Saúl Ibargoyen, parece que soy poeta, cuentista, novelista y tengo muchos otros oficios, como diría Pablo Neruda, dentro y fuera de la ley, estoy no sé si feliz pero contento de seguir vivo en este mundo tan duro para millones de personas porque un hombre solo no es nada”, así se define el poeta y escritor, exiliado uruguayo desde 1976 y nacionalizado mexicano en 2001. Saúl nos muestra sus fotos, nos habla de sus gustos por el filmeCasablanca. “Sí uso la computadora pues tiene mejor memoria que yo, escucho a Gardel y el tango, veo el futbol, recuerdo el mate, el asado… y sí uso el Facebook”.

Nacido en Montevideo, Uruguay (26 de marzo de 1930), Ibargoyen también ha sido traductor, periodista cultural, coordinador de talleres. En Uruguay fue empleado bancario, profesor de literatura hispanoamericana, presidente de la Asociación de Escritores del Uruguay dos veces (1986 a 1989), entre otros, pero es, ante todo, un sobreviviente y un autodidacta. Entre sus publicaciones están La sangre interminable (1982), Noche de espadas, Arte y Literatura(1987), Soñar la muerte (1993), Volver, volver (2012), entre otras.

Saúl nos recibió amable y nos pidió hablar más fuerte porque “tengo sordera de familia. Me van a operar de las cataratas, soy un desastre, sobrevivo”. Preguntó, después de escuchar las pretensiones de la entrevista: “¿quieres que te hable de mi vida, no es mucho?”. Luego sirvió un café que presumió como ninguno y sabía como ninguno. Explicó que tuvo una hermana que ya falleció y que él tiene cuatro hijos, “tres del primer matrimonio y uno del segundo. Hemos poblado la tierra”. Su entrada al sindicalismo fue cuando trabajó en el banco, tenía un sindicato “bastante débil aunque poderoso en número, los trabajadores se distinguían porque trabajan con camisa y corbata, es decir, no se ensuciaban las manos, no sudaban y ellos mismos se definían como una especie de clase aristocrática y luego se hizo fuerte, ideológicamente se proletarizó y hasta ahora sigue así”.

“La universidad la pisé muy raras veces, tengo estudios académicos incompletos, en cuanto al punto de vista académico. Llegué sólo a dos exámenes de preparatoria y por cuestiones económicas empecé a trabajar a los 16 años, no he parado, aparte de chambas sueltas empecé en periodismo, enseñanza de secundaria y preparatoria daba la materia de literatura latinoamericana e hispanoamericana, también de autores mexicanos porque en el 63 hubo cambios en el programa, di a Rulfo y cuentos mexicanos”, tenía unos 35 años y su programa tenía contemplado a Alejo Carpentier y otros textos que tenían que ver con el realismo mágico, “terminología que podemos discutir si fue acertada o no en esos momentos, autores del Siglo de oro español y eso me obligaba a estudiar”.

 La política y los años decisivos

Su ingreso a la política fue por un sentido “democrático, inculcado de mis padres, aunque ellos eran conservadores” pero también le tocó ver la pobreza de las familias y la falta de recursos. “Mi padre venía de la burguesía rural, se vino de España, pasó a ser de la capa media, algunos hicieron carrera y otros no, y fueron sobreviviendo con dignidad, nunca faltó la comida por eso quizá nunca fuimos pobres del todo pero yo sólo tenía un par de zapatos y los usaba para ir al colegio y para jugar futbol, y cuando se rompía la suela le ponía cartones por dentro para aguantar, que no pasara el agua y todas esas situaciones lo llevan a uno, como se dice ahora, a indignarse. Yo veía una pobreza espantosa”.

Ibargoyen ingresó al Partido Comunista en 1968, antes había estado en el Partido Socialista y en el intermedio participó en una organización política que no duró, “era un acuerdo entre una sección democrática del Partido Nacional que fracasó. Eran intentos de unidad política que se darían en el 70 cuando se formó el frente amplio, que aún existe (…) Yo vivía en la frontera y nos enteramos de la violencia, en el 68 mataron a cuatro estudiantes en Uruguay; se había Formado la Sindical Única de Trabajadores que todavía existe, en los 60, antes que la unidad política se dio la unidad social. Yo estuve metido en todas esas circunstancias”.

Así, el golpe a Uruguay se dio en Chile, en el 73, “yo vivía en Montevideo. Salíamos a protestar contra el golpe de Chile cuando pasábamos lo mismo. La represión en Uruguay era selectiva, el golpe lo dio el presidente del Partido Colorado, aunque él venía del Partido Nacional, que era la fuerza política de la derecha, con un acuerdo con las Fuerzas Armadas y los sectores más duros de la oligarquía. Era miembro del Partido Comunista que estaba ilegalizado, todos los partidos, menos el Nacional ni el Colorado, que no fueron disueltos pero no les permitían participar. Como miembro del Partido pasé a la clandestinidad, una doble vida”.

Debió esconderse después del golpe del 27 de junio de 1973, la clase trabajadora fue a la huelga general 15 días pero la sociedad no participó, “yo estaba en Europa y cuando llegué ya había pasado, tampoco podía presentarse un enfrentamiento armado, algunos amigos ya no los volví a ver, algunos están retratados en Sangre en el Sur, y con eso se debilitó política e ideológicamente a la dictadura. Un año anterior, la guerrilla había sido derrotada (la tupamara) y con ese pretexto, algunos políticos perversos dicen, todavía, que por eso se dio el golpe de Estado, para combatir la guerrilla, y eso no es verdad: la guerrilla estaba liquidada en noviembre de 1972 y el golpe de Estado se dio el 27 de junio de 1973”.

La detención y la huida a la Embajada Mexicana

Él, que había vivido clandestinamente desde 1973, fue detenido porque lo delató un familiar lejano, “me buscaban y yo no sabía (…) Me agarraron y a mi esposa también, me vendaron, ya lo conté (evita hablar de ello, su esposa más tarde dijo que para él era difícil), ella estuvo un día y la soltaron, no llegué a tres meses, éramos cuatro y pertenecíamos al Partido Comunista. Hubo un problema de información porque uno de ellos era del Comité Central y ellos ni se enteraron, no siempre la información que maneja una dictadura es perfecta. Mi madre, que era hija de militares, hizo gestiones, por eso del maltrato, finalmente nos soltaron y luego nos metimos al Consulado del Gobierno Mexicano”.

Durante la detención le hicieron muchas preguntas pero “su visión de cómo operaba la cultura en Uruguay era un disparate, por ejemplo, nosotros teníamos el Comité de Escritores del Partido Comunista y ellos pensaban que eran como batallones o pequeños grupos armados. Eran milicos y pensaban así, creían que los escritores andábamos con las armas en las manos y nosotros no teníamos nada (…) en realidad no me atacaron como escritor sino como ciudadano: se trataba de anular al ciudadano, al ser humano. No me atacaron como poeta sino como miembro del Partido Comunista”.

Señaló que entraron a la embajada mexicana porque “era la única que daba garantías, el embajador era Vicente Muñiz Arroyo (…) se portó de una manera extraordinaria, hizo más de lo que hace un embajador, tuvo una actitud solidaria y cuando falleció se le hizo una estatua en la Rambla de Montevideo, la destruyeron y luego se repuso. Él estaba enamorado de Uruguay, era su debilidad (…) Estuvimos ahí unos tres meses, antes habían entrado dos asilados. Fue una cantidad de gente, primero a través del Consulado. La Embajada estaba vigilada por la policía y el ejército que recorrían la calle, hubo dos o tres casos de gente que entró (…) de una manera aventurera, uno entró en traje de baño y en toalla, lo perseguían, era un barrio muy elegante y era normal que la gente estuviera así y cuando estuvo cerca pues se saltó y así entró”. Narró que un médico ayudó a uno de los que se metieron a la Embajada e iba herido, “fue terrible porque estuvo todo un día gritando de dolor; también había una mujer que creo que debía dar a luz, no recuerdo bien ese caso”.

De Uruguay a México

La salida de la embajada fue dramática porque, aunque ya habían partido otros de Uruguay, salió de ésta “una caravana de más de 10 autos, y al frente de ésta iban vehículos militares y otros atrás, yo ya estaba con mi segunda esposa. El embajador se encargó de que todos subiéramos al avión e íbamos agarrados fuertemente de los funcionarios mexicanos porque te podían jalar”. La llegada a México fue azarosa, Gobernación les tomó una foto de grupo y los llevaron a varios hoteles, “así estuvimos tres meses, estábamos tratando de contactarnos con gente de Uruguay, de escribir cartas y tener cuidado de no dar información, aprender ‘mexicano’ y llegar a este monstruo porque aunque somos parecidos también somos diferentes en muchas cosas, nos unía el sufrimiento común y el de adecuarnos a una realidad”.

Daniel Astori o José Mujica

“Es una pregunta delicada, ¿esto a dónde va? (risas) Bueno, Astori es fundador del Frente Amplio y viene de la democracia cristiana que ya no existe… Sectores de los partidos Colorado y Nacional. En el ochenta y tantos, los ex guerrilleros entraron al Frente Amplio e ingresó Mujica e hizo su carrera política”. Su postura fue dar sólo su opinión: “No creo que ninguno sea hombre de izquierda, en un sentido estricto del término, pienso que el contador Daniel Astori, vicepresidente y presidente de la Cámara de Senadores, es un socialdemócrata y no deja de tener en su pensamiento matices neoliberales y no se cuestiona el sistema capitalista, que yo sepa. Astori, por ejemplo, no quiere el funcionamiento de los comités de base y eso es propio de un pensamiento pequeño burgués, le tiene horror al movimiento de masas.

“El caso de José Mújica, al cual respeto, tiene un pensamiento que viene de los partidos tradicionales, es una persona muy vinculada a la tierra (…) en su ideología hay corrientes de izquierda y no creo que lo sea. En el Tupamaro, al cual él perteneció, había muchas corrientes de pensamiento (…) creo que correspondería a ambos aplicar el programa del frente amplio; el último fue retocado, en el 2008, en ese programa se establece claramente, como un principio, evitar cualquier tipo de vínculo con las fuerzas armadas de EEUU, por el carácter que siempre tuvo el Frente Amplio como antiimperialista y anti oligárquico y lo que vemos es que Astori hace concesiones”. Así, al final, dijo estar a favor de Mujica.

 El Nacional y el Peñarol

Así como en México los clásicos de futbol se dan entre el América-Chivas, América-Cruz Azul o América-Pumas, en Uruguay los equipos del clásico son el Peñarol y el Nacional, el primero fue fundado en 1891 y se originó a partir de inmigrantes ingleses; el segundo surgió en 1899 como un equipo criollo y en respuesta hacia los equipos de futbol, que eran parte exclusiva de inmigrantes extranjeros. Ibargoyen señaló que el equipo más popular es Peñarol y el segundo el Nacional, “yo soy partidario del Nacional, se da como en todas la sociedades: liberales conservadores, blancos colorados, no había más opciones hasta que en algún momento apareció el frente amplio y se rompe (…) ese aparente conflicto entre los dos partidos fue algo que le dio una característica de identidad a la sociedad uruguaya, como entre gente de color o blanca, yo veo esos enfrentamientos como un dato de identidad nacional”.

 Evocó que de niño jugaba al futbol, “a las cascaritas y en cualquier pedazo de llano se puede jugar. En el trasfondo hay algo popular del futbol, muchos de los jugadores multimillonarios venían de las clases bajas. Recuerdo que cuando Uruguay ganó el Campeonato de Mundo, en el 50, a los jugadores les dieron medalla de plata y a los dirigentes una de oro y el gran premio para los jugadores era que una gran sastrería les regalara unos trajes a cada uno pero la mayoría no tenía ni coche, eran campeones del mundo, a algunos les dieron empleo, allá el ejercicio del deporte futbolístico eran una manifestación de heroísmo. Un país tan pequeño frente a países grandes y se les ganaba, después ya no le ganábamos a nadie”.

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