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Triciclo rojo, el reto de divertir a los niños

Por: Adriana Morán

Fotos: Gloria Minauro

Si algo define a Triciclo Rojo es la apuesta y fusión entre la danza y el clown para los niños; iniciado en 2006 por Emiliano Cárdenas (bailarín y clown), director del proyecto; Natalia Cárdenas (bailarina y clown), productora y diseñadora de arte; y Pilar Campo, encargada de la producción e iluminación de las puestas. Es también un proyecto que busca, a través de Elefante Polar (un escenario viajero), llevar sus obras de forma gratuita a lugares de difícil acceso, donde no hay estos espectáculos y promover no sólo su trabajo sino el de otras compañías que hacen este trabajo.

Emiliano Cárdenas, quien llevaba un gorro de Tulio Treviño (personaje de la serie 31 Minutos), explicó que traía un proyecto entre clown y actor y la idea del nombre de Triciclo Rojo fue de Natalia Cárdenas, al principio “me negué pero tiene que ver con la infancia, la felicidad y que al inicio éramos tres”. Su proceso creativo siempre nace con el nombre y de ahí “partimos a un mundo de imaginación al que llamo la poética del niño, crear algo inaudito, tres personajes y se les construye una vida y un universo con escenas, hasta que siento que está muy elaborado y llegan preguntas para la invención… todo mundo aporta elementos y el movimiento cambia todo… lo que genera los gags es un proceso intenso que me exige mucha energía y hay un riesgo”.

Natalia Cárdenas dijo que este proyecto fue idea de Emiliano pues “no había una compañía en México con esas características (…) era un campo un poco olvidado porque hay compañías de danza para niños pero no había una que dedicara su trabajo exclusivamente a ellos”. Sobre lo complicado de crear un lenguaje universal en el que un payaso puede ser atractivo o no, lo que se busca es que “el niño perciba amistad, tolerancia, respeto. El niño se identifica con un ser igual y un amigo porque nosotros los tratamos como lo que son: seres inteligentes”, por ello sus contenidos siempre hablan de amistad, compañerismo, de cómo uno es responsable de hacer su propia felicidad, de convivencia… (a los que se agregan) la magia, los colores, el movimiento y la música”.

Para Emiliano otro asunto importante es que los objetos utilizados se transformen, a partir de la actuación de los personaje y de las historias, “animar los objetos, cómo pueden tomar vida y revelar una emoción a los niños, eso ha sido uno de los ejes de la creación y el objeto puede convertirse en un personaje más y que no siempre se puede provocar sino que se logra con el manejo del movimiento”. Las obras, sin diálogos, cuentan con ruidos o intenciones, “creemos que el lenguaje de los niños es más movimiento y eso nos conecta”, en donde la música es “un espíritu que provoca el movimiento… cualquier sonido genera otro ambiente y tenerla en vivo es algo vital. En Poeta de lavabo viajamos 13 pero la experiencia es otra. No puedo pensar en una escena sin pensar en la música”.

Campo refirió que Triciclo Rojo ha sido un espacio donde tuvo que aprender desde cero y entender “un lenguaje nuevo de producción y ésta es la materialización de la magia. La creación es parte de un lenguaje y no surgió de la noche a la mañana, es parte de una construcción, como un lenguaje en común”. Para ella la iluminación es parte del lenguaje, “aporta algo al personaje y al ambiente… me ha costado mucho encontrar cuál es el papel de la iluminación, cómo crear atmósferas o puede contribuir o afectar a un personaje” y debe estar muy presente “porque soy responsable de las cosas que suceden, en parte, en escena”.

Natalia, por otro lado, dijo que a partir del guión y la retroalimentación grupal nace el montaje e “iniciamos la estética, colores, formas, el vestuario y la escenografía” pero para ella la premisa es “la danza, el movimiento y el clown, es nuestra exploración y sacar lo más honesto de lo que somos”. Para Pilar no todo se centra el mantener una obra intacta sino que ésta “va creciendo y va encontrando un rumbo, lo primero que se planea, aparte de la historia y guión, es cómo se construye un personaje, qué tiene y en qué época lo imaginamos o lugar, la iluminación forma parte de las emociones, la personalidad y el humor en el niño, qué se quiere provocar, cuál es el personaje y el foco: eso se descubre cuando construyo la coreografía (y veo) dónde se concentra la atención, los ritmos, el movimiento del espacio, las emociones”.

Si Triciclo ojo tuviera una apuesta, para Emiliano ésta reside en que las historias son de autoría grupal “y eso nos puede dar una escena muy distinta, es la apuesta de la creación y la fusión de clown y danza, es una forma de vida y compartir los intereses distintos de esto, además de toda la pasión del equipo de trabajo, de cinco personas que hemos logrado generar un lenguaje, riesgos y cambiar algunos elementos”. Con un trabajo en ascenso, no sólo planean seguir haciendo giras al interior de la República Mexicana sino presentarse en más países y generar una nueva puesta en 2014.

Al preguntar cómo se da el proceso de una puesta al aire libre, Pilar respondió que la mayoría de éstas han sido así y “creo que ahí es cuando llega lo profesional, no cuando está todo sino que la calidad está en el mensaje y cómo logra transmitirlo. Nos hemos presentado incluso en bibliotecas y aunque la obra no se ve igual, porque la oscuridad te da una convención y puedes guiar al espectador y es más sencillo, los espacios libres son un reto porque no hay convención teatral, pero estamos muy acostumbrados a estos elementos como un perro, gente caminando, vendedores, anunciantes, ruidos, todos los distractores y ahí está lo real de la obra para que con todas las distracciones puedas lograrlo… el reto es enamorar al público”.

Al hablarnos de su presentación en Bellas Artes el 26 de enero de 2013, recinto que ya han pisado, Emiliano dijo que Siete giros a la Luna ha tenido un proceso y que la premisa parte del valor de la amistad. La historia se centra en Guido, un panadero viejo que hace pan a partir de un recetario de su abuela y que al final de éste se encuentra con la receta del “pan giratorio”, que debe ser realizado a cuatro manos, de ahí que contrata a Totov para que le ayude pero éste lleva consigo a su hermano Antik, quien es ciego. Finalmente, Guido decide que él sea el que haga el pan con él “porque no ve con los ojos pero ve de otra manera y también conduce el triciclo en la carrera de los Siete giros y es una enseñanza, Totov siempre lo protege y es como dejarlo crecer” y es una historia que no quiso hablar de la competencia, sino que la vida “son subidas y bajadas, algo que crees afortunado puede ser lo contrario”.

Finalmente, Natalia señaló que Triciclo Rojo busca “crear la magia y tiene que ver mucho con lo que somos como personas, nos gusta jugar mucho y divertirnos y eso es nuestro sello: somos honestos en el escenario, es el espacio sagrado, es como un ritual y cada vez que llegamos a un lugar lo que hacemos es quitarnos las máscaras como personas y todos los problemas se quedan fuera y creo que ahí reside la magia, ser honesto en el escenario”.

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