Urapicho: Ejército de la desesperanza

0

Por Zayin Daleth

Fotos Gustavo Aguado

Al sonar de guitarras que tañen sones y abajeños, entre el aroma de churipos y corundas –platillos típicos de la región– el secretario de gobierno de Michoacán, Jesús Reyna García, acude el 28 de octubre a la fiesta de San Judas Tadeo, santo patrono de Santa María Urapicho, Michoacán.

A la entrada del poblado, se agazapan sobre montones de tierra, a modo de barricadas, un grupo de comuneros con escopetas y rifles al hombro. Se trata de la policía comunitaria de Urapicho, creada semanas antes como forma de auto defensa frente al crimen organizado y a la que, pocos días antes de la fiesta, se sumaron 60 efectivos del ejército mexicano.

Reyna García asistió a la reunión con integrantes del Consejo Mayor de Urapicho, máximo órgano de autoridad formado por los propios comuneros, luego de una larga espera de dos meses de espera en que solicitaron audiencia tanto con él como con el gobernador del Michoacán, Fausto Vallejo.

Era el primer signo de atención de autoridades de nivel estatal en Urapicho. Ninguno de sus representantes asistió a los funerales de los 14 indígenas asesinados cuatro años atrás por grupos que se identificaron como integrantes del cártel de Los Caballeros Templarios, tampoco cuando el pueblo entero recibió amenazas por presuntamente haber asesinado a uno de los líderes de talamontes asociado con Los Caballeros…, “El Güero” (a quien algunos medios identifican como Mauricio Cuitláhuac Hernández).

La tala inmoderada e ilegal, el mercado negro forestal, la extorsión, el narco y la negligencia de autoridades municipales y estatales frente a la muerte en comunidades originarias, forman una sola vertiente del río actual de violencia en Michoacán, particularmente en Urapicho, población de mil 500 personas enclavada en la región de la meseta purépecha.

Con una diversificación de mercado, digna de la mejor corporación mercantil, el crimen organizado se extiende en industrias que garantizan el sustento de sus operaciones: pobladores de varias comunidades de la meseta purépecha de Michoacán, entre ellos los pueblos de Nurio, Cherán y Urapicho denuncian, a través de una campaña de videos por internet, que grupos del crimen organizado se financian a través de la compraventa de madera, extorsión a sembradores de aguacate, sembradíos o narco laboratorios clandestinos. Además, tanto habitantes de Cherán como periodistas en Urapicho han señalado la indiferencia de integrantes de la policía municipal, en el último caso habitualmente impuestos desde el municipio de Paracho, al que Urapicho pertenece en la categoría política de “tenencia”.

“La policía municipal y estatal están infiltradas, tampoco los federales no hacen nada. Es como en todos los municipios, la policía está inmiscuida o por miedo o por tratos que tienen con ellos (los criminales)”, señala Gustavo Aguado, uno de los pocos fotoperiodistas que ha ingresado a la zona.

“Ellos no quieren que la mafia esté ahí, y les imputaron el asesinato de uno de los líderes de esa mafia (‘El Güero’), por lo que los tienen amenazados a todos”.

Pero dicho crimen no era la primera señal de alarma. Desde mayo del año pasado, el entonces titular de la Secretaría de los Pueblos Indígenas, Alfonso Vargas Romero, hizo declaraciones públicas de que tenía identificados 13 focos rojos de conflicto en comunidades purépechas, derivados de la colusión entre grupos de talamontes y el crimen organizado ligado al narcotráfico. Entre ellos se encontraban, por ejemplo, Paracho y Cherán.

Pero, de acuerdo con los pobladores de la zona, aunque la colusión había sido señalada, los ataques al bosque y a los comuneros no cesaron.

Por ello, la comunidad levantó una trinchera a la entrada de Urapicho. Es inmediata la asociación con Cherán, también en Paracho, cuyos habitantes hicieron lo mismo el año pasado. Meses más tarde, Cherán se había organizado ya como una autonomía que apela a la organización comunitaria ancestral de grupos indígenas.

Pero el caso no es el mismo. Mientras el Consejo Mayor de Cherán fue reconocido como órgano legítimo de gobierno de esa comunidad, y su policía comunitaria declarada autónoma, Urapicho solicitó apoyo del ejército federal y aceptó el entrenamiento y adscripción de la policía comunitaria al municipio de Paracho, al que jurídicamente sigue perteneciendo. Es decir, serán entrenados por lo que ellos mismos identifican como parte de la colusión con el crimen organizado.

“La cosa es un movimiento mediático, dicen algunos, para que la gente vea que no es contra el gobierno, sino contra el narco”, opina Gustavo Aguado.

Los pueblos de la Meseta Purépecha son herederos de los pueblos originarios otomí, nahua, mazahua y purépecha. Aunque muchas de sus festividades, como la de San Judas Tadeo, contienen elementos indígenas, es incierto aún si Santa María Urapicho podrá celebrar en meses venideros otra fiesta: la de la “grave” (así la calificó el subsecretario de Gobierno de Michoacán, Fernando Cano Ochoa, de acuerdo con el periódico local Cambio de Michoacán) autonomía política y de seguridad de los comuneros de la localidad.

Ir a foto/video reportaje

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Loading...