Ya no hay excusas: el ejercicio físico es un hábito contagioso

La información recogida a través de una aplicación con 1,1 millones de usuarios muestra que la presión social hace que las personas se esfuercen más cuando corren

El ejercicio físico es un hábito contagioso, según ha concluido un estudio publicado en Nature Communications. Los datos recogidos a través de dispositivos y redes sociales revelaron que la costumbre de correr de las personas puede influir en los hábitos de los amigos.

A través de una cantidad masiva de información recogida gracias a una aplicación y a las redes sociales, los investigadores Sinan Aral y Christos Nicolaides pudieron analizar los patrones diarios de ejercicio de alrededor de 1,1 millones de corredores.

Entre otras cosas, los científicos analizaron la localización geográfica, las conexiones sociales, las velocidades y las distancias recorridas: en total, todos esos aficionados fueron capaces de completar, en cinco años, un trayecto de 350 millones de kilómetros.

Anteriores investigaciones ya habían sugerido que ciertos hábitos, como el altruismo a comer demasiado, se transmiten de una persona a otra como si fueran auténticos virus. Pero este es el primer estudio que ha analizado de forma muy rigurosa el efecto del contagio social, y todo gracias al uso de datos masivos, tal como han informado en Sciencemag.com.

Hombres: los más influenciables

Los análisis mostraron que el efecto contagio tiene algunas peculiaridades. Mientras que los hombres se ven influidos muy fuertemente por hombres corredores, apenas se ven afectados por lo que hagan las mujeres. Las chicas, por su parte, solo cambian su comportamiento ligeramente y solo cuando se fijan en deportistas femeninas.

Curiosamente, los corredores menos activos influyen en los más activos, pero no al revés. Cuando los más vagos aumentan mucho su distancia recorrida, los más activos aumentan a su vez su esfuerzo en las carreras.

Descubrieron también que cuando hace buen tiempo, las personas son más propensas a correr largas distancias, y que esto influía también a las personas en otras ciudades con peor tiempo. Esto sugirió que, efectivamente, la influencia social puede empujar a otros a correr.

Los resultados no solo muestran que el ejercicio físico puede ser socialmente contagioso, sino que además hay formas más eficaces que otras de influir en el desarrollo de hábitos saludables en la sociedad. Por eso, los autores han concluido que es importante centrarse en la totalidad de una red social, y no en el individuo, para tratar de promover hábitos saludables.

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