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Argumentos no neoliberales para la discusión de la reforma energética

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Mis primeros años de formación en economía se dieron en un momento caracterizado por la resignación, en el que se nos decía una y otra vez que vivíamos en un país capitalista dependiente. Ahora, puedo ver con más claridad que este discurso era propio de economistas neoliberales por la ambigüedad y lo estático de su interpretación. Pero también puedo ver el efecto que causaron entre muchos economistas de mi generación: la renuncia no sólo a trasformar esta condición, sino también a estudiarla con rigor y precisión. 

La falta de interés por estudiar la variedad de tipos de propiedad y otras relaciones sociales que existen al margen de la propiedad privada capitalista es algo de lo que se adolece en los programas de estudio económicos. Falta no menor si se tiene presente que la economía política moderna, con Adam Smith -reconocido como su padre fundador-, surge con la disolución de los argumentos económico-políticos en defensa de la propiedad feudal que la escuela fisiócrata planteo en su momento. La crítica de la economía política, con Carlos Marx y Federico Engels a la cabeza, se hizo de su lugar en la historia con su radical materialismo dialéctico sobre el cual se construyeron elementos sólidos para la superación de los argumentos económico-políticos basados en la propiedad privada -premisa de las relaciones sociales de tipo capitalista-, permitiendo visibilizar otras formas de propiedad. 

Estos dos momentos de la historia del pensamiento económico, nos permiten comprender el reto de la ciencia económica de nuestro tiempo: superar la ideología económica neoliberal, desarrollando los argumentos económicos-políticos de los diferentes tipos de propiedad: estatal, social, cooperativa y comunitaria. Esfuerzo intelectual que sin duda contribuirá a recuperar el origen científico de nuestra disciplina, el cual, dicho sea de paso, comenzó con el reconocimiento del trabajo como principio fundamental de las relaciones sociales. La fortuna es que, para este propósito, no sólo se cuenta con la documentación de experiencias y dinámicas que se han extendido en los años más recientes, tales como son el auge de las cooperativas y las experiencias productivas comunitarias; también aportan los debates que están surgiendo en este momento respecto a la participación del Estado en la economía, cuyo trasfondo es la propiedad estatal.

Si bien, la propiedad estatal en una sociedad capitalista no representa un cambio de fondo en el sistema, es un error menospreciarla. Más cuando se va saliendo de una fase neoliberal, en la que la propiedad privada en su versión corporativa fue el tipo de relación más beneficiada. Por eso, cualquier expresión de relaciones de propiedad distintas a la propiedad corporativa debe ser leída como expresión de una demanda democrática económica que aporta en la tarea de superar el orden económico dominante. Veámoslo de la siguiente manera: de todas las formas de gasto gubernamental que pueden tener los Estados, la inversión en empresas productivas es la única que implica una planificación económica a gran escala; la única que dota a los pueblos de la capacidad de utilizar su riqueza en beneficio propio, sin que se les imponga de fuera condiciones leoninas que muchas veces se traducen en sacrificios al interior del país; la única que hoy puede dar las bases para la construcción de una nación verdaderamente soberana, ya que los conceptos de soberanía política y soberanía nacional son ficticios, sino existe soberanía económica. Si no se tiene el derecho a elegir la forma en la que el pueblo convenga más adecuada para la administración de la reproducción de su vida material. Por supuesto, comenzando con la forma de producir un bien tan estratégico como es la energía. Esto es algo que me gustaría que mis colegas profesores de economía reflexionaran. Esto es algo que a mi me hubiera gustado aprender en mis primeros años de formación.

Cierro recordando que las luchas de los pueblos no surgen a partir propósitos abstractos o lejanos. Lo hacen ante reivindicaciones concretas, y casi siempre inmediatas. Esto es algo que durante algún tiempo se les olvidó a los movimientos de izquierda en nuestro país. Por eso pregunto: ¿Hay algo más concreto e inmediato que la reforma energética que hoy en día está en discusión, para acelerar la superación del neoliberalismo?

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