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Disentir sin destruir

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Durante las últimas semanas se han crispado los ánimos al interior del partido más importante del país. Se ha tomado como eje la falta de institucionalidad de la organización que fundó AMLO con el apoyo de miles mujeres y hombres, la demanda no es novedosa, pero mantiene vigencia y conviene reflexionar sobre ella para prevenir distorsiones e incluso interpretaciones maniqueas. 

El movimiento social del que forma parte morena desde el inicio ha enfrentado retos que han puesto en contradicción por un lado la institucionalización del brazo electoral de la organización y por otro enfrentar exitosamente el proceso electoral que dio como resultado el triunfo de AMLO. Para enfrentar esos retos el partido del presidente durante varios años centró su estrategia en estirar al máximo el principio constitucional de auto determinación que le permite a los partidos políticos ejercer a plenitud sus decisiones en una autonomía que por momentos parece actuar en contra de sí mismos. 

La historia más reciente de dificultades para la renovación de los órganos de dirección y ejecución de morena, es decir de sus consejos y sus comités ejecutivos, es producto de una grotesca intervención del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, pero esa intervención no habría sido posible sin los defectos de la convocatoria mediante la cual morena pretendió renovarse en su momento. Es decir, hay también responsabilidad interna, se debe admitir. 

La inexistencia de órganos municipales sin embargo no es atribuible a la intromisión del TRIFE, por el contrario, fue el propio morena quien en un Congreso Nacional decidió no renovar las dirigencias municipales a propuesta del propio AMLO, para en lugar de ello implementar una estructura de trescientos treinta y dos enlaces, uno por cada distrito electoral federal y uno también por cada estado de la república. El entonces presidente del consejo nacional y hoy presidente López Obrador alertaba sobre una posible fractura por la disputa interna y prefirió priorizar la organización rumbo a la elección del 2018. El saldo organizativo es parte del desorden actual, pero el resultado de la elección, el triunfo electoral, también le da la razón a AMLO.

La falta de diálogo y la ausencia de oficio político se ha vuelto la costumbre en la organización. Quienes hablan de un desplazamiento de amplios sectores de la base militante tienen razón, pero también la tienen quienes acusan de actitudes de sabotaje o de franca provocación como las sucedidas el fin de semana en Durango donde se celebraron mítines en paralelo donde de manera subrepticia se reconoce como legítima la estrategia de apoyar al “candidato no registrado” en contra de morena.

En medio de estas discrepancias ¿se puede militar críticamente sin apostar a destruir al partido mismo? La respuesta es sí, y no hay en ello tampoco nada de novedoso. En Brasil, por ejemplo, Guiherme Boulos dirigente del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo, fue un duro crítico del gobierno de Lula y al mismo tiempo estuvo siempre apoyando al movimiento transformador de Brasil, no tomó una actitud monotemática sino se convirtió en una fuente que aportaba contenido al movimiento, sin en la discusión, pero también en la acción. 

En morena también hay ejemplos, en el Estado de México ante el secuestro de la campaña de difusión rumbo a la revocación del mandato por parte de una asociación civil, un conjunto de dirigentes lanzó la campaña #30díasporAMLO que resultó más atractiva, con mayor cobertura mediática, con mayor despliegue territorial que la “campaña oficial”, por una razón simple, tuvo el respaldo de la base militante. 

Es posible construir, avanzar y consolidar al movimiento del que forma parte morena, desde la crítica, pero se requiere, honestidad, generosidad y sobre todo trabajo en el territorio y no las vergonzosas conversaciones cada vez más cotidianas en Twitter, entre quienes rara vez pisan la calle e incluso entre quienes opinan de la organización sin ser militantes; o más aún después de haber servido de soporte de dirigentes de los que hoy se quejan. No se puede construir desde el maniqueísmo, la política se construye en conjunto, sería más legítimo que quienes pretenden formar el grupo de los “sin grupo” lo dijeran con transparencia y quienes han decidido defender a ultranza toda decisión de la dirigencia asumieran que han perdido su rol de intelectuales para actuar como burócratas de partido. Ahora que les ha dado por recordar palabras de AMLO, él nos decía con frecuencia en las reuniones del inmueble de la calle San Luis Potosí  “si en algún momento tienen dudas, vayan al territorio, hablen con la gente, regresarán con una claridad absoluta de lo que se requiere”. Y por favor cunado se dice territorio no piensen en reuniones de catarsis ni en sesiones de auto adulación disfrazadas de formación política.  Estimados tuiteros de morena, dejen de hacer el ridículo. 

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