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La Cumbre de Toluca

Si la 4T quiere perdurar, el proyecto debe estar por encima de la ambición, algo difícil de entender para algunos políticos ambiciosos convencionales sedientos de poder

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No se necesita ser vidente para saber que de ese evento morenista convocado para darle el banderazo de salida a Morena en el Estado de México saldrá la próxima candidata o candidata presidencial: Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México; Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores o Adán Augusto López, Secretario de Gobernación.

Si bien el presidente Andrés Manuel López Obrador ha incluido a otras «corcholatas» como aspirantes presidenciales como Tatiana Clouthier, secretaria de Economía o Esteban Moctezuma, embajador de México en Estados Unidos, está claro que el próximo abanderado o abanderada de la izquierda saldrá de entre ese mitin realizado en la capital mexiquense.

Después del contundente liderazgo de López Obrador, Sheinbaum, Ebrard y Adán Augusto son los que más pesan hoy en día dentro de la izquierda y cada quien se ha ganado su lugar debido al acompañamiento por décadas de las causas progresistas y obradoristas.

Para los simpatizantes de la 4T debe ser un alivio que Sheinbaum, Ebrard y Adán Augusto se hayan pronunciado primero por la unidad y el proyecto y después por la persona. En la esquina contraria, algunos como el senador Ricardo Monreal optan por la estrategia del «quítate porque quiero yo» , idea que el propio AMLO ha repudiado.

Y es que si la 4T quiere perdurar, el proyecto debe estar por encima de la ambición, algo difícil de entender para algunos políticos ambiciosos convencionales sedientos de poder.

En el evento del pasado domingo, el dirigente de Morena, Mario Delgado, ratificó que el método de selección será la encuesta; una primera que se hará en un año y en la que podrán participar todos los y las interesadas y una posterior y definitiva con la lista de las personas mejor posicionadas.

La encuesta es una forma de consultar al pueblo sin el desgaste de los gritos y sombrerazos que puede generar un proceso partidista interno y es impermeable a la injerencia de grupos infiltrados de opositores que quisieran llevar agua a su molino.

La competencia democrática por la nominación dentro de esta tríada debe darse con civilidad y sin violentar la ley ni utilizar recursos públicos. Ya el pueblo dirá a quién le ve madera para poder llenar los zapatos de uno de los presidentes más queridos de la historia: Andrés Manuel López Obrador. Pero sea cual fuere el resultado los tres liderazgos serán indispensables para resolver la elección de 2024 en la cual los conservadores intentarán la reconquista del poder echando mano de carretadas de dinero y con el apoyo de buena parte de los medios convencionales de comunicación dispuestos a propagar campañas sucias e infundir miedo en la población como ya lo han hecho.

Si Sheinbaum, Ebrard y Adán Augusto hacen un frente común aportarán mucho a que la izquierda retenga el poder. No deben escuchar a las voces que quisieran verlos aplicar la receta maquiavélica de «el fin justifica los medios». Y más allá de los cargos, los tres tendrán el encargo, la encomienda de estar a la altura de consolidar la transformación del país.

El 2024 en el fondo se trata de continuar un proceso histórico que ha roto los paradigmas neoliberales y que lucía imposible. No es poca cosa.

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