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La revocación y la derecha: entre el dilema y la estrategia

A la derecha sí le conviene la revocación. Por algo les llaman “golpistas”.

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La prolongación de la presidencia de AMLO se ha convertido en uno de los mantras de tres pesos de sus antagonistas para  inyectar el miedo en la población, ante lo que presentan como  una eventual “reelección”… Aunque, hay que decirlo, en la mente de muchos de los millones que lo eligieron en 2018 y siguen convencidos de su proyecto -pese a las fallas humanas de todo gobierno-  esta idea, más que alarmante, les resulta bastante sensual…

No obstante, el efecto esperado por los bloques adversos a la 4T es la preocupación por la llegada de una “dictadura como la de Bolivia, Venezuela o Cuba”; para ello cuentan con la ayuda de consorcios como la CNN, encargados de difundir impresiones a modo, usando los derechos humanos y las “libertades” en calidad de chantaje a gran escala. No es extraño encontrar a un vecino de al lado que te reprocha el apoyar al “asesino que quiere que los niños regresen a clases y nos va a convertir en Cuba o Venezuela”. Ahora bien, el detalle aquí es quiénes son estos ciudadanos tan preocupados por el desastre que les contaron y que  asumen sin la menor reflexión seria. Y es muy probable que encontremos que en su mayoría son la clase media reaccionaria de siempre (que va desde militantes partidistas hasta indiferentes que se politizaron de manera repentina y muy deficiente cuando dejó de ganar el PRIAN), la cual no representa una ganancia significativa para los brainwashers de la derecha nacional y sus aliados allende fronteras.

En realidad, son dos electorados los que les importan y que pueden hacer la diferencia en una decisión democrática trascendente:

  1. Los flotantes a quienes no les interese la discusión pública, pero pueden ser susceptibles tanto de absorber discursos que vagamente les den la sensación de amenaza a sus intereses particulares, como de comenzar a repetir consignas prefabricadas por la omnipresente presión mediática.
  2. Los arrepentidos; estos se dividen en dos:
  3. a) Los que ya existen y que merecerían una columna entera para explorar sus banales pero tóxicas motivaciones (si no es que un estudio completo).
  4. b) Los que aún no existen pero la derecha aspira a fabricar contra-reloj a través de su enorme maquinaria de manipulación.

Estos sectores son el botín al que está dirigida la artillería de distorsiones informativas en torno a los “peligros” de la reelección, que en Bolivia o Rusia es “dictadura”, pero en Alemania era un avanzado sistema democrático. La premisa a inocular es simple: la reelección es un paso a un régimen dictatorial que acabará con las libertades y –¡auch!- la propiedad privada. Pero resulta que AMLO es un maderista nivel fan, y como tal percibe en la reelección una especie de tabú, o eso muestra. El objetivo reside entonces en hacerlo quedar como un siniestro elucubrador que en el fondo está obsesionado con perpetuarse en el mando, y para ello se propone introducir sigilosa y lentamente una idea que aparenta poder operar en su contra, pero en realidad se trata de un truco pernicioso con la meta de posar indefinidamente su trasero en La Silla: la revocación de mandato.

Esta fue la primera narrativa de la Alta IP y sus líderes de opinión respecto a este mecanismo de democracia participativa que AMLO anunció como promesa desde su campaña. De hecho, aún lo es, pero no es la única. Y es que mientras Aguilar Camín -en aquél video que circula en You Tube, donde da un discurso cínico sobre las intenciones manipulativas del programa derechista- apuntaba con entusiasmo a la revocación como oportunidad para echar al Peje del Palacio, al tiempo que  en abril de este año Carlos Salazar motivaba a las cúpulas económicas a canalizar su “inconformidad” hacia dicho referéndum, por otro lado la iniciativa del ahora Presidente se utiliza para desprestigiarlo como un tirano encubierto, enemigo de la democracia que sólo espera el momento adecuado para revelarse tal cual es.

Estas tácticas encontradas parecieran indicar que nuestros billonarios  y sus comandantes mediáticos  no se ponen de acuerdo en cuanto al acertijo que Andrés Manuel les puso enfrente: ¿Cómo aprovechar el posible banquete que les tendió, e igual contradecirlo?; sin embargo, es muy plausible que no haya tanto desconcierto, tanta contradicción, tal acertijo. Más bien se trata de una difícil decisión estratégica sobre cómo aprovechar el riesgo que el mandatario tomó, esa maniobra de alto valor ético pero que puede jugarle en contra. En eso quedó el Luminol pasado: una gran cantidad de analistas orgánicos atacaron la consulta del 1 de agosto  por varios medios -desde la televisión hasta la prensa digital-, pero cuidando hábilmente su cuota de vítores a la democracia directa.

El mismo hecho de que unos  descalificaran la consulta “expresidentes” como simulación y distractor, mientras otros denotaban posiciones en el área gris como las que señalo arriba, garantiza una reserva de aparente congruencia en caso de que se decidan por impulsar la revocación. Nadie podría reprocharles cambios de postura a conveniencia, pues ellos celebraron los instrumentos de ampliación democrática en su momento; lo que criticaron con dureza era el uso faccioso con el que el cripto-dictador mancilló la democracia participativa. Dado el caso, no les importaría incluso obviar diatribas como las de Margarita Zavala y [email protected], a quienes poco les faltó para sermonear sobre orgías de democracia indecentes…

A la derecha sí le conviene la revocación. Por algo les llaman “golpistas”. Su problema es que sólo les sirve para echar al Presidente bajo circunstancias favorables que no es seguro se les den. Es un arma de doble filo que están analizando minuciosamente. Hay quienes sostienen que a nadie le haría bien que AMLO no concluya en tiempo y forma su gestión. Pienso que si los centros del poder económico escuchan esto les haría algo de gracia. La derecha, históricamente, se alimenta del caos para llegar hacerse del control, lo provoca; los vacíos de poder son parte de sus guerras contra la democracia, muchas veces usando a esta misma como falsa bandera. Si lograran que AMLO fuera depuesto por la consulta, se desharían de la persona emblemática del cambio de la 4T, su pilar hasta ahora insustituible -y eso es preocupante-  para lograr en lo posible la visión de país que 30 millones hicieron suya, en el muy corto lapso de seis años. Este debilitamiento -semejante al que provocó la ausencia de Chávez-, sería una mar de posibilidades para el establishment económico imperante, con Morena en crisis grave y las nuevas elecciones  votando a un sucedáneo que en ningún momento tendría garantizada la confianza ni de militantes ni de afines. Algunos de los detractores de la revocación -esos que se encargan de ese naipe de la derecha- arguyen que el nuevo presidente iniciaría una venganza masiva contra las grandes fuerzas que habrían logrado la deposición; la verdad, es poco creíble que el susodicho se encontrara en condiciones de realizar esa ridícula revancha, aunque quisiera, dada la fragilidad institucional de un Ejecutivo fracturado por lo que la imparable maquinaria propagandística cupular estaría diseminando, a todo vapor, como la ruptura definitiva de México con el obradorismo. Todo lo anterior sin contar con la OEA, ahora bajo la égida de Biden, interviniendo y congratulándose por la caída del “peligro para la democracia”, y el camino allanado para el retorno de los círculos políticos mexicanos predilectos del legado Obama-Clinton.

En la película de animación Megamente, el supervillano homónimo logra matar por mera casualidad  a su némesis, un superhéroe que no paraba de derrotarlo. Con la ciudad a su merced, cae en el aburrimiento terminal y se da cuenta de que aquel enemigo era su razón de existir; comienza a extrañar pelear con él y ser vencido, porque ello le daba significado e identidad. Ojalá de eso se tratara la psique colectiva de las élites dominantes; de necesitar a AMLO en el poder para mantener su brújula existencial. Pero esta hipótesis se antoja como una psicologización excesivamente optimista respecto a la psicopatía del neoliberalismo fuerte, cuya motivación básica es la codicia, no la figura de un estorbo, que menos aún lo dejaría en orfandad de sentido si llegara a sacarlo del camino -cual hizo Megamente-, antes de que consume todas las reformas que estos hiper-privilegiados consideran agravios a sus “derechos” de dominación.

Afortunadamente, saben que se llevaron una tunda el 6 de junio, y no terminan de convencerse a ellos mismos -ni a las grandes mayorías que desearían- de que el 1 de agosto en verdad les proveyó tantas ventajas políticas y propagandísticas como pretenden. Quizá sus horizontes de acción se sinteticen en tres:

  1. Confían en su potente aparato de medios hegemónicos para devaluar la imagen del Gobierno federal -y de los estatales ganados por la 4T- hasta un nivel adecuado para que AMLO pierda la consulta.

  2. Aún estudian sus chances, mientras envían mensajes cruzados que les permitan -reitero- una reserva de congruencia en caso de optar por impulsar la revocación, atentos a los sondeos de lujo de sus think tanks. Si toman el riesgo con mayores certezas, se asegurarán de iniciar la campaña a favor de la consulta y en contra del presidente, con timing calculado y en sus términos de propaganda negra.

  3. Consideran que el riesgo es demasiado y difícil de remontar. Más les convienen otros tres años de golpeteo, lo que incluiría usar la misma consulta de revocación con el relato del dictador taimado, el montaje distractor de cuantas atrocidades se les ocurra imputar a la actual administración, y la simulación democrática de hule espuma.

Desde este ángulo, no tienen nada fácil la decisión, y tanto el gobierno electo por multitudes anhelantes de un cambio genuino, como los que contribuimos con un grano de trigo a fisurar el cerco informativo de avasallantes adversarios, tenemos la misión de hacérsela todavía más difícil.

No hay de otra; no hay mañana.

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