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La Trampa del Mercado (II)

Nadando con tiburones

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En nuestra entrega anterior hablamos del mercado mundial como un juego de suma cero –principio que indica que lo que uno gana otro lo ha perdido y viceversa–, pero ahora es necesario profundizar en el significado de las relaciones que se pueden establecer entre los países desarrollados y aquellos que luchan en la llamada “vía de desarrollo”. Esto nos lleva a la consideración de dos tipos de relaciones: de dominio y subordinación (verticales), por un lado, y relaciones de soberanía y coordinación (horizontales), por el otro. 

Esta distinción es fundamental puesto que nuestro país, cuya economía alcanza actualmente una magnitud de 1.3 billones de dólares tiene una estrecha relación con la de EUA que alcanza los 25.3 billones de dólares.  De aquí que surja la pregunta ¿cómo establecer relaciones horizontales entre una economía con otra que es casi 20 veces mayor? Si lo pensamos por la noción de competencia esto sería una locura, por ello es por lo que es necesario introducir el término de simbiosis de mercado, en referencia al proceso biológico interespecie en el que se genera un beneficio mutuo, a pesar de sus diferencias, o, mejor dicho,  aprovechándolas. 

El neoliberalismo mexicano significó la aceptación de relaciones de dominio y subordinación, mismas que se expresaron en un ambiente de corrupción sistémica en la que se entregaron de forma progresiva los sectores económicos del país al control de los tiburones.

No solamente se trató de leyes hechas a modo, sino que el extremo ha llegado a la violación sistemática de las propias normativas impuestas. Es decir, el neoliberalismo es, esencialmente corrupto y criminal, pero también cínico puesto que usa la tergiversación y violación de la ley amparado en su fuerza de mercado, es decir, por su condición de tiburón. 

De aquí que la cuarta transformación parta del combate a la corrupción como un freno a las relaciones de dominio, con el objetivo de buscar activamente las ventanas de oportunidad simbiótica. Esto conlleva, además, la reindustrialización como requisito mínimo para alcanzar condiciones materiales con las cuales se puedan ofrecer beneficios económicos claros, pero sin intervencionismo o injerencia de países o capitales extranjeros. Desde esta óptica, podríamos decir que las relaciones son horizontales y soberanas en tanto el pueblo sea el primer beneficiario. 

Hablando particularmente de la relación México-EUA es necesario no olvidar que, a pesar de la gran magnitud de la economía vecina, actualmente está pasando por una crisis social interna y una crisis de hegemonía. El presidente Biden tiene una aprobación muy baja en su país, pero, además, cada vez le cuesta más trabajo mantener el control sobre Europa, ha tenido que echar a andar la maquinaria de guerra (misma que no puede ganar) para elevar su tasa de ganancia. La dependencia energética de la zona euro con respecto al gas ruso hace fundamental encontrar alternativas para encontrar fuentes sustitutas de este energético. Aquí es donde entra la relevancia de la política energética de México. 

La proyección global de esta política tiene cuatro dimensiones:

1) la de la recuperación del mercado interno, infraestructura carretera y de trenes, reactivación del trabajo en el sureste mexicano, 2) seguridad estratégica, especialmente la de la autosuficiencia energética y sembrando vida como reactivación del campo, 3) el aprovechamiento geoestratégico de la relocalización de capitales ante la ruptura del G7 con los BRICS y 4) la conformación del paso transoceánico como potencial conexión con la ruta de la seda hacia el amplio pacífico. El propio EUA tendrá que reorganizarse, México debe hacerlo también.

El Escape

Las condiciones globales nos indican que nuestro país se encuentra en la posibilidad de establecer relaciones simbióticas dada la crisis energética mundial. No es un detalle menor el anuncio de los últimos acuerdos con EUA: una inversión extranjera de 40 mil millones de dólares para infraestructura de plantas de licuefacción (importantes para poder congelar el gas y exportarlo a puertos distantes como Europa) y gasoductos que permiten fortalecer la infraestructura energética en el sur del país.  Todo esto en sincronía con la inversión pública que para 2022 ha alcanzado la cifra de 1.68 billones de pesos. En este universo se encuentra la refinería olmeca, las coquizadoras en Salina Cruz y Tula, el Tren Maya, el gasoducto y la vía interoceánica, los parques industriales, obras que en conjunto implican el mayor despliegue de recursos en los últimos tiempos para recuperar la infraestructura nacional. 

Las condiciones para plantear relaciones simbióticas (o de interés mutuo) están dadas. Por supuesto que todavía hay resistencias, los países no son entes homogéneos, pero es importante tener claro que los tiburones están en crisis y no pueden simplemente imponerse, necesitan de cooperación para su propia sobrevivencia.  

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