(10 de febrero, 2020. Revolución TRESPUNTOCERO).- Desde hace once años, Margarita López conoce el horror de dedicarse a rastrear fosas clandestinas. Su hija, de tan solo 19 años, fue la primera persona a la que buscó, en 2009.

Su hija, Yahaira Guadalupe Bahena López, desapareció días después de mudarse a Oaxaca, entidad donde había sido cambiado su esposo, quien era militar. Antes de su desaparición, un grupo de hombres llegó a su domicilio para preguntarle de quién era la camioneta que manejaba, ella comentó que era de su esposo y aunque se retiraron, acudió al director de la policía municipal, al comandante de la policía ministerial del estado y a un Ministerio Público a denunciar los hechos. 

“Estas autoridades le pidieron el número de teléfono a mi hija; después el director de la policía municipal comenzó a buscarla insistentemente. La invitaba a salir. Un día mi yerno respondió la llamada, y le pidió que dejara de molestar a su esposa. De ahí pensamos que se pudieron tomar las represalias en contra de mi hija. Días después, un grupo armado irrumpió en su casa, la golpearon y se la llevaron desmayada”, narró a Revolución TRESPUNTOCERO, Margarita López. 

La madre señaló, que dentro de la investigación que hizo sola, se percató que “por el simple hecho de manejar una camioneta, la delincuencia de esa región pensó que ella pertenecía a la llamada ‘familia michoacana’, y asumieron que había llegado a ‘calentar’ la plaza”.

 “Su hija ya no está y creo que jamás la va volver a ver”. 

Margarita habló por teléfono con su hija una hora antes de que fuera desaparecida. Ese mismo día, el esposo de la joven le hizo saber que su hija había desparecido. “Suegra, se llevaron a Yahi. La secuestraron unos hombres”, le dijo a la madre. 

Ella le llamó a su hija, con la esperanza que le respondiera el teléfono. Pero fue una vecina, que no supo explicar por qué tenía el teléfono de la joven, la que le dijo: “señora yo no tengo a su hija. Su hija ya no está y creo que jamás la va volver a ver”. 

La madre viajó de inmediato a Oaxaca, y por la madrugada del día siguiente comenzó la búsqueda incansable. “Fui a la zona militar y exigí ver al General de la región. Después de tanto insistir se reunió conmigo. Pero me dijo que no podía hacer nada”. 

El militar le dijo a Margarita, “se ve que usted tiene el modo. Contrate unos investigadores o unos informantes”. Cuando le preguntó qué era un ‘informante’, el General de la zona, Murillo, le dijo que fuera a la calle y que ubicara a quienes viera con radios en las manos. “Esos son los halcones”, le dijo.

Después de acercarse a uno de estos hombres para pedir ayuda, recibió información sobre la posibilidad de que su hija fuera víctima de trata de personas. Con esto, ella insistió a las autoridades del estado para que buscaran a su hija, pero siempre se le negó la ayuda. Contrario a esto, la joven fue estigmatizada. “Si le pasó algo es porque tal vez andaba en malos pasos”. 

A Margarita, las autoridades del estado, en una reunión con militares, le dijeron que su hija pudo haberse ido con “algún narcotraficante” y que seguramente “algún día iba a regresar”. Única explicación que recibió la madre ante la exigencia de que buscaran a la joven. 

La búsqueda que inició la madre aquel año, provocó que meses más tarde, las autoridades le pidieran identificar un cuerpo sin cabeza que se había localizado, después se pudo encontrar la cabeza. Era su hija. A Margarita le dijeron que encontraron el cuerpo en un paso de arrollo, sin embargo, la explicación llena de inconsistencias la llevó a negarse a creerla.

Fue abusada sexualmente y después le cortaron la cabeza

La investigación en solitario que hizo Margarita, la llevó a entrevistarse con un reo que tiempo antes había estado involucrado en la desaparición de Yahaira. “Él me explicó que a mi hija se la llevaron porque pensaron que ‘había llegado a calentar la plaza’, la tuvieron como ocho o diez días secuestrada, me dijo que todos los días la violaban y no se le daba de comer. 

“Para el final, se la llevaron a un cerro, ahí en Oaxaca, tres hombres cavaron un pozo, el reo me dijo que ella estuvo viva otras tres horas, mientras veían como hacían el pozo. Ella preguntó ¿Qué me van hacer? y le decían que ya se iba a ir con su mamá. Cuando estuvo listo todo, el reo se volteó a fumar un churro de mota, para no ver lo que seguía después: le cortaron la cabeza. Todavía estuvieron jugando con la cabeza, se la aventaba como pelota y le daban besos. Después la enterraron ahí, en el pozo. Esa explicación tenía más lógica que lo que las autoridades me habían dicho”. 

A esto se sumó que, “los mismos hombres que cavaron el pozo, tiempo después, ya estando detenidos, se les permitió salir para mostrar dónde habían enterrado a mi hija. Desenterrar el cuerpo y colocarlo en otro sitio. Era más fácil explicar que lo encontraron cerca de un río que haber subido hasta un cerro, donde nadie habita y haberlo encontrado. Sabían que así yo pediría mayor información de cómo dieron con el lugar, quién les dijo. Qué había pasado”. 

Margarita acudió a Seido, donde después de gritos, revictimización, malos tratos y casi 24 horas de espera, pudo interponer la denuncia 

Con base en ese testimonio pero también en otros datos, Margarita exigió justicia y señaló que de acuerdo con declaraciones, “cuando estaban en la casa de arraigo, elementos de Siedo sacaron al ‘vampiro’ y al ‘sapo’, relacionados con el asesinato de Yahaira y se los llevaron. Duraron dos días fuera. Todo se relacionaba con la posibilidad de haber sembrado el cuerpo y la cabeza de mi hija en otro sitio”.

Margarita pidió a la entonces Procuradora Marisela Morales, que se hiciera una reconstrucción de los hechos para saber de dónde se sacó el cuerpo de su hija. “Me aseguré de ir al lugar donde me dijeron que se había cavado el pozo. En efecto, ahí estaba el pozo, había tierra por fuera, pero no estaba el cuerpo. Yo siempre dije que Siedo sacó el cuerpo de mi hija y lo sembró en otra parte”.

29 días en huelga de hambre

Has hoy, Margarita sigue exigiendo que haya una reconstrucción de hechos. En su momento se negaron bajo el argumento de que, ‘El lagarto’, el reo que le habló del pozo, era un preso de alta peligrosidad. 

Por el caso de desaparición forzada y asesinato de Yahaira Guadalupe Bahena López, está detenido el comandante de la policía Ministerial, así como el encargado de mediar en casos de secuestros, este último fue señalado como uno de los que sacó a la joven de su domicilio. También se acusó a un elemento de la AFI, que aun no ha sido detenido.

“De hacerse una verdadera reconstrucción de hechos, caería Rodrigo Archundia, entonces titular de la Unidad Especializada en Investigación de Delitos en Materia de Secuestro, así como Maricela Morales y yo creo que hasta Felipe Calderón, porque no es posible que no haya tenido conocimiento de todo lo que se hizo en el caso.   

“Maricela Morales podría ser culpable por comisión. Porque sacaron a los detenidos de la casa de arraigo para llevarlos al cerro. Y teniendo el cargo de Procuradora no podía hacerse nada sin el consentimiento de ella”. 

Margarita realizó una huelga de hambre de 29 días, después de ese tiempo, Alejandro Gertz Manero se comprometió a revisar personalmente, el caso de Yahaira. “Me dijo que le interesaba el asunto de mi hija y todo lo que ahí había pasado. Dijo que sí se iba a encargar de hacer detenciones. Pero hasta este momento nada se ha hecho.

“Yo no estoy completamente encargada del caso de mi hija. Porque cada mes estoy en un estado diferente buscando y sacando cuerpos. Para las autoridades es mejor que yo esté ocupada excavando fosas clandestinas porque así no reabren el caso”.

De 2013 a la fecha, no se ha hecho ni una sola diligencia en el caso de Yahaira. Mientras tanto, Margarita López divide su vida entre la búsqueda y entrega de cuerpos a familiares y la exigencia de justicia por la desaparición forzada y asesinato de su hija. 

Atentados y un levantón en la búsqueda de justicia 

En la búsqueda de justicia, Margarita ha padecido cuatro atentados y un levantón. Uno de estos, sucedió en Oaxaca. Antes de interponer la denuncia en Seido, le dispararon cuando transitaba por esa región en la camioneta que había sido de su hija. Una Hummer la persiguió y abrió fuego.  

“La camioneta terminó como una coladera, pero alcancé a meterme a la zona militar. La única forma que yo tuve de salir fue en la cajuela de un carro. Poco tiempo después, estando con autoridades del estado, un hombre intentó dispararme y por eso, tuve que salir en helicóptero de Oaxaca y se decide que debo tener escolta”.

Margarita comenta que “el levantón fue por parte del ejército. Sucedió afuera de mi casa. Me subieron a un carro, me taparon con una camisola encima. Me subieron después a una panga y me llevaron a un lugar, donde varias horas después llegó un hombre. Yo seguía con el rostro cubierto.

“Lo único que pude ver fueron sus zapatos, estaban muy limpios y su lenguaje era de una persona educada. Definitivamente no podía ser un sicario”, comenta Margarita. Que a su vez recuerda que le gritó: “ya le dijeron que el cuerpo que está ahí es el de su hija, recójalo y deje de estar chingando. Ahorita la vamos a dejar ir, pero a la próxima no la va contar. Nos vamos a llevar a sus hijos porque ya los tenemos ubicados.

“Y deje de estar chingando al ejército porque no tuvo nada qué ver”. Por lo que Margarita cuestiona, ¿Cuándo un sicario se va tomar la molestia de defender al ejército? En aquellos años, también fue citada por el ejército en la 21 zona militar de Morelia. Después de tres citatorios, asistió. 

“Solamente querían manchar la memoria de mi hija. Diciendo que ella subía muchos hombres a su camioneta. Una versión falsa que antes habían manejado. Esto sucedió cuando apenas Peña Nieto estaba llegando al poder. Sé que fue el ejército el que me levantó, porque cuando pude tener una reunión con Osorio Chong, él levantó el teléfono y dijo: por ordenes del señor presidente que no se le moleste a la señora Margarita. Le llamó al ejército”. 

Actualmente, uno de los sobrinos de Margarita, quien en su momento le ayudó a colocar mantas en las calles, que pedían que se le devolviera a su hija, se encuentra desaparecido. 


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