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Todas las mañaneras del mundo

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Les propongo un breve viaje en el tiempo. Brevísimo. Diminuto. Aunque haya quienes interesadamente nos quisieran generar la percepción de que duró millones de años luz.

El pasado sábado 22 de enero, Joaquín López Dóriga publica el siguiente mensaje en su cuenta de Twitter:

“A las doce del día no hay información sobre el presidente López Obrador. Los vacíos se llenan”. 

El día anterior, a las 9:42 PM, la conductora Azucena Uresti había planteado, en su cuenta de la misma red social, estas preguntas:

Cabe señalar que, un poco más temprano, a las 4:15 PM, el vocero del presidente, Jesús Cuevas, envió este tuit: 

Retrocediendo en el tiempo unas cuantas horas más, a las 7:00 AM de ese viernes 21 de enero, AMLO, como ha sido su costumbre desde que comenzó el sexenio, se presentó frente a los reporteros de los medios y ante el pueblo de México a impartir su conferencia matutina diaria.

Regresando al día en que López Dóriga tuiteó el lapidario texto que mencionamos al principio, pero dos minutos después, a las 12:02 PM, podemos ver y escuchar al mandatario de nuestro país desde Palacio Nacional, en un video transmitido por sus redes sociales, relatar a su pueblo que los médicos le sugirieron hacerse un cateterismo luego de que hace 15 días se le practicó una prueba de esfuerzo como parte de su supervisión tras sufrir un infarto hace 8 años. El procedimiento ya estaba programado para semanas antes, pero como se enfermó de Covid-19, tuvo que esperar a recuperarse y hasta el viernes pasado fue posible acudir a que se lo realizaran. Agregó que en el cateterismo, el cual duró media hora, los médicos encontraron bien sus arterias y después de pasar la noche en el Hospital Central Militar, regresó en la mañana a Palacio Nacional. Así mismo, manifestó que tiene muchas ganas de volver a las giras y eso lo estaba deteniendo, pero los médicos ya le habían autorizado hacer su vida normal. Por lo tanto, se puede “aplicar a fondo y hay presidente para un tiempo, el necesario, el indispensable, el básico, para llevar a cabo los cambios y la transformación”.

No habían transcurrido ni 12 horas desde que AMLO respondiera en vivo a preguntas de reporteros o desde que su vocero enviara el mensaje sobre su salud, cuando ya los periodistas y locutores (tan opacos, calladitos y dóciles en los regímenes pripanistas – a menos que recibieran órdenes expresas en contrario de las altas autoridades – por más rumores y filtraciones atronadoras de todo tipo que tuvieran en vilo al país, incluyendo la salud de los presidentes) acusaran de “hermetismo” y “vacíos” al gobernante más transparente que hemos tenido en décadas.

Porque sí, ese ha sido el gran problema de la oposición y sus voceros oficiales y extraoficiales, el desfase enorme entre lo que difunden, infieren o pretenden inocular en los ciudadanos y la terca realidad.

Sólo la violación flagrante de esta realidad – que pueden aún llevar a cabo cotidiana e impunemente gracias a la fama lograda en los sexenios anteriores y al oligopolio mediático del que gozan – es lo que les ha permitido sobrevivir porque, pese a que hasta ahora no les ha servido de mucho para reducir la aprobación y el apoyo que el pueblo ha otorgado a AMLO gracias a las acciones de gobierno y políticas públicas que ha puesto en marcha, sigue siendo de los pocos recursos que aún les queda para seguir intentando detener el proyecto de la 4T.

El principal obstáculo que ha impedido esta violación flagrante de la realidad cotidiana e impune difundida por todos los medios escritos y audiovisuales tradicionales y, por supuesto, las redes sociales, lo constituye ese ejercicio democrático cotidiano conocido por la mayor parte de la gente como “las mañaneras”.

La oposición y sus voceros las odian. No las soportan. Las han tratado de desprestigiar desde el primer día. Incluso algunos – sin el menor dato, análisis o investigación seria – se han atrevido de la manera más estrambótica a responsabilizarlas de los lamentables homicidios de periodistas que no se han podido erradicar todavía. Todo esto con tal de que no se lleven a cabo, con tal de que el presidente no cuente con recurso alguno para hacer frente a todas las mentiras, medias verdades, noticias falsas, tergiversaciones, rumores maliciosos, que de lunes a domingo propagan los grandes medios de comunicación.

Sin estas conferencias, su labor de desprestigio habría tenido éxito dado el enorme poder de los medios de comunicación, es decir, de una de las armas primordiales de los grandes intereses económicos del mundo prestos siempre a socavar a cualquier gobierno que pretenda reducir, aunque sea un poco, su tasa de ganancia y sus enormes privilegios.  Muchas de las reformas y las decisiones de AMLO habrían sido más difíciles de adoptar.

Este ejercicio informativo desempeña diversas funciones. No sólo ha ayudado a desmentir noticias falsas. Ha servido también como foro de denuncia; como arena de confrontación entre voceros de las grandes empresas de comunicación (y por ende, de los poderosos intereses económicos), como Denise Dresser o Jorge Ramos, y el presidente de la República que no les gusta; como clase de historia (conozco a gente que decidió estudiar esta carrera gracias al interés suscitado por lo que relata López Obrador) y como medio donde nos enteramos de asuntos públicos de los que nunca tuvimos la menor idea.

Permitió al presidente declarar su independencia de los medios de comunicación acostumbrados a mantener como rehenes (además de cómplices) a los gobernantes pripanistas. Esta independencia política se ha traducido en independencia económica al liberar cuantiosos recursos públicos antes destinados a mantener contentos a dichos medios, para dirigirlos a las políticas sociales y los proyectos de infraestructura necesarios para el país.

Las conferencias matutinas diarias sólo pueden ser llevadas a cabo por un gobernante decidido a hacer cada vez más pública la vida pública. Consagrado a satisfacer las necesidades de la mayoría de su pueblo y no a proteger los intereses de unos cuantos cuyo poder lo mantenga atado a sus caprichos.  Sólo alguien así podrá tener el aplomo, la seguridad, la confianza y el temple necesarios para pararse todos los días ante la ciudadanía a explicar en la mayor medida posible los asuntos públicos más delicados y a rendir cuentas.

Estas conferencias representan la prueba reina de la vocación democrática y el sentido social de un presidente.

Por lo tanto, se le debe exigir a cualquier aspirante a la presidencia (y mucho más si contiende por el partido MORENA) que conserve esta práctica.

Es indispensable, es esencial. Es una manera de seguir ayudando a politizar a la población y a mantenerla interesada en los asuntos públicos, los cuales ya no pueden volver a ser sólo del conocimiento de “expertos”, de “especialistas”, de los llamados “intelectuales” ni abandonarse de nuevo a la gestión convenenciera de los grandes medios. Nos conciernen a todos.

Todas las mañaneras del mundo siempre.

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